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  • 11
    Noviembre
    2015

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    Respondabilidad competencia punto único de fallo

    Tigres de papel

    En estos días hemos visto como dos ex responsables públicos de nuestra ciudad están afrontando sus problemas judiciales. El patrón de su conducta es ya un clásico: en un caso la responsabilidad es de los funcionarios, ya que nunca se tomó una decisión sin contar con los correspondientes informes técnicos que la avalasen, y en el otro se saca a colación a un fallecido para minimizar la trascendencia de una conducta.

    Es evidente que ambos tienen derecho a defenderse, e incluso a mentir sí son investigados, pero llama la atención que personas con talante autoritario aflojen tanto cuando ven próximo un banquillo, o cuando se sientan en él. Se nota demasiado que han sido valientes de BOE o BOPA; es decir tigres de papel.

    Tienen en su contra que ambas excusas están muy trilladas. Un antecedente de derivación de culpabilidades hacia abajo es la del entonces Ministro de Defensa, Sr. Trillo, con ocasión del accidente del Yakovlev 42 del que responsabilizó a sus subordinados militares. A pesar de esta conducta, y tal vez por los relevantes servicios jurídicos prestados para desenredar asuntos enredados, tirando del hilo pero manteniendo el ovillo, no le ha ido mal; ha asesorado, sólo o en compañía del Sr. Pujalte, a empresas constructoras que contrataban con las Administraciones Públicas, y es en la actualidad embajador en Londres.

    La Cofradía del Santo Entierro cuenta con más seguidores: El BBVA, el metro de Valencia y SPANAIR tienen a D. Pedro de Toledo y a su maquinista y a sus pilotos como cofrades muy a mano. Por los pelos se libró de ingresar en esta cofradía el conductor del ALVIA de Santiago.

    A pesar de que un muerto muy a mano lo arregla todo no estaría de más fijarse en caso de accidente sí se cumplió evitar eso que los técnicos llaman “punto único de fallo”, cuya existencia supone que un accidente se produce cuando falla una sola cosa. Con un “punto único de fallo”   el accidente es cuestión de tiempo, pero que existan dos, o tres, es más caro, y total como nunca, o casi nunca, pasa nada pues adelante con los faroles, y a buscar un culpable cuando pasa algo.

    En todo caso hay que preguntarse cuáles son los criterios de selección que permiten que determinados personajes ocupen puestos para los que, visto lo visto, no están especialmente dotados. Estando en eso que llamaríamos “tiempo ordinario”, cuando las cosas marchan solas, los defectos y las carencias pasan desapercibidas, no se percibe la falta de aptitudes, pero cuando ocurre algo fuera de lo común saltan los fusibles y se apaga la luz.

    La selección de personal y la de directivos no es tarea fácil. Hay muchos métodos que van desde la meritocracia, hasta el nepotismo en sus diversas variantes, pasando por la cooptación. Pero nada es como era cuando hasta el Vaticano, con sabiduría de siglos a sus espaldas, comete errores en esta materia.

    Tal vez esto se deba a que algunos han hecho suyo aquel estribillo, de una canción del pesimismo argentino, que recomendaba “aguardar el escalafón trabajando de felpudo, es mejor que comas tierra y no que te coman crudo”.

     

     

     

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