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  • 18
    Octubre
    2015

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    Ingratitud tipos de transfugas conductas éticas

    Tránsfugas

    Hace algunos años, durante la Transición, el alcalde de una ciudad gallega, directamente afectado por la cuestión, tuvo la idea de erigir un monumento al tránsfuga político. El símbolo escogido para representarlo era un cuervo, ave carnívora de mal agüero, al parecer muy inteligente y además símbolo de la ingratitud (cría cuervos y te sacarán los ojos).Aunque el monumento no se erigió, hay que reconocer la bondad de la idea y la buena elección del símbolo.

    La palabra tránsfuga abarca un compendio de conductas no siempre iguales. No es lo mismo dejar un partido político y pasarse a otro conservando el puesto, que pasarse a otro dejando el puesto, o pasarse a otro sin ningún puesto por medio. En algunos casos puede ser una evolución lógica, en otros ideológica, y en muchos simple conveniencia personal.

    Sin ánimo de agotar las definiciones, ni de hacer un ensayo ni una tesis sobre la cuestión, y ya que el tema está de actualidad por mor de la conducta de Dña. Irene Lozano, es conveniente distinguir varios tipos, con diferente nivel moral de gravedad, en el transfuguismo personal:

     

    -          El submarino, que es una persona que perteneciendo formalmente a un partido trabaja, o pasa información, por dinero, cabreo, despecho, ideología o cualquier otra motivación, interesada o no, a otro partido rival. También pueda pasarlas a más de uno, pero esto es ya para los virtuosos del tema. Esta conducta puede pertenecer al transfuguismo sí, en algún momento, el submarino emerge, ya que de continuar en inmersión no se visibiliza la conducta desleal y estaríamos ante un caso de espionaje, que “haberlo haylo”, aunque para esto, en estado puro, no se requiere pertenecer a ningún partido rival.

    Este tipo de transfuguismo larvado es particularmente dañino por ser continuo y oculto, y la sorpresa, sí se produce la salida a la superficie y se visualiza el consiguiente cambio de chaqueta, puede ser mayúscula.

     

    -          El traidor, que es aquel, o aquella, que en un momento dado, y en medio de la sorpresa y/o la desolación del partido afectado, da la campanada y otorga al partido rival una ventaja inesperada. El “tamayazo”, y la desaparición temporal, o la ausencia, de algún concejal, o diputado, en el momento de una votación son ejemplos de esa conducta. Los motivos para esa traición pueden ser muchos; van desde los económicos hasta los personales y los ideológicos. El traidor, sí tiene la suficiente cara dura y cree, con razón, que la carne es flaca y la memoria débil, suele permanecer en su escaño, bien sea en el grupo mixto o pasándose al partido, en otrora, rival. En otros casos, cuando la recompensa, sea o no monetaria, la considera suficiente, abandona la política con la satisfacción del deber cumplido. En estos tiempo Roma si paga a traidores.

     

    -          El chaquetero, también llamado chequetero . No da la campanada con motivo de una votación más o menos importante, pero anuncia su pase a un partido rival con armas y bagajes para, en general, mejorar su situación o sus posibilidades de futuro. La sorpresa puede ser casi general, sí su conducta anterior no hacía presagiar este cambio.

     

    -          El fichado. Da la nota cuando se conoce, públicamente, que se cambia de partido, dejando su escaño original, para ocupar otro puesto, bien sea en la vida política o en la parlamentaria. Sí el cambio es para ocupar un escaño, en cualquiera de los múltiples parlamentos con que nos hemos dotado, el fichaje suele ser muy cercano a la convocatoria electoral. No se puede perder ninguna nómina sin necesidad; los tiempos son tan duros como la cara de algunos, o algunas.

     

    -          El convencido. En este caso abandona su partido, con el que está en desacuerdo, pero no su escaño, sin pasarse a ningún grupo político rival y actúa, a partir de ese momento, de acuerdo con sus convicciones. También es posible la venta de su voto, a precio de mercado, al mejor postor. En los grupos mixtos hay ejemplos, y ejemplares, de esta modalidad parlamentaria.

     

    -          Sin pertenecer al mundo parlamentario, propiamente dicho, existen también personas que se cambian de partido bien sea porque no les satisface el rumbo, la deriva o la actuación de esa formación, y piensan que sus expectativas, o sus ideales, se cumplirán mejor en otra. Esta postura no se puede considerar como un transfuguismo al uso, salvo sí por su pertenencia al partido abandonado ocupa algún cargo o canonjía que mantiene; en este supuesto tendríamos un transfuguismo extraparlamentario, que también existe, pero que tiene menos notoriedad.

     

    Como la vida es rica, y la necesidad agudiza el ingenio, no cabe duda de que existen, y existirán, otros transfuguismos distintos a los señalados que, sin ninguna duda, aumentarán nuestra capacidad de asombro.

    Como también asombran, por infrecuentes aunque deberían de ser normales, otras conductas éticas, no está de más señalar que existen parlamentarios, o cargos públicos que deben esa condición al partido que los nombró, que cuando están en desacuerdo con la línea oficialmente marcada dejan el escaño, o el cargo, para que el partido, al que deben su posición, los ocupe con otras personas más afines a sus ideas. En muchos de estos casos también se produce el abandono del partido. Estas conductas ejemplarizan la vida pública, ya que de todo tiene que haber en la viña del Señor.

     

     

     

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