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  • Un pazo en Meirás.

    Hace algunos años, allá por 1937, un grupo de notables coruñeses tuvo la idea de regalarle al Jefe del Estado una mansión para que disfrutase de sus vacaciones en su tierra natal. Y dicho y hecho, buscaron y cayeron en la cuenta de que un pazo situado en Meirás, en el ayuntamiento de Sada, a unos veinte kilómetros de A Coruña, reunía todas las condiciones para esa finalidad. Pero el pazo tenía dueño, los herederos de Dña. Emilia Pardo Bazán, que ante las propuestas del grupo de notables aplicaron eso de “amiguiños si, pero a vaquiña polo que vale” .Y surgió un problema, por otro lado bastante común, el dinero. Los notables, entre los que se encontraba un conocido multimillonario, que ya se sabe que no son propicios a ser generosos en demasía, cayeron en la cuenta de que una suscripción popular sería la mejor manera de demostrarle al Jefe del Estado los sentimientos de sus paisanos.

    Y dicho y hecho, y por si acaso la montaña no fuese a Mahoma, Mahoma iría a la montaña, se preguntó a los funcionarios públicos sí estaban de acuerdo en que el Jefe del Estado disfrutase del pazo de Meirás para sus vacaciones y momentos de asueto. Solamente personas con las funciones mentales un tanto desarregladas, no hay noticias de ninguna, podrían, a las alturas de 1938, dar una respuesta que no fuese un rotundo y entusiasta sí, que era seguido a continuación por la petición de una cantidad para contribuir a tan loable fin, sin que exista constancia de negativas a no apoquinar lo que estuviese establecido. Ya se sabe que las buenas obras tranquilizan el espíritu y que el que algo quiere algo le cuesta. Además de funcionarios públicos también fueron sensibilizados comerciantes, hosteleros y vecinos, en función de cómo marchaba la recaudación y de los méritos que los postulantes deseaban contraer ante la superioridad. La cuestación popular fue un rotundo éxito, del que pueden sentirse orgullosos tanto los notables que promovieron la idea como los que realizaron el siempre ingrato trabajo de campo. No conviene restarle mérito a las batallas ganadas en la retaguardia.

    Como los terrenos propiedad del pazo resultaban escasos, para el fin previsto, se expropiaron, a vecinos de Sada, las fincas precisas para que aquello tuviese las dimensiones que se consideraron apropiadas. No se discutió demasiado el precio, es decir no se dio opción a hacerlo, se aplicó el principio del sí o sí, y el pazo se rodeó del terreno que se consideró digno para su nueva función. Todo se escrituró como una propiedad personal del entonces Jefe del Estado, y hasta hoy

    El respeto a la propiedad es un principio fundamental de un Estado de derecho - lo de los okupas, aunque lo parezca, no echa por tierra este principio - en donde las cosas son de quienes las adquirieron legalmente. Poseer un bien mediante donación, y posteriormente mediante herencia, cumple todos los requisitos legales, y en ese sentido es inobjetable la posición de los actuales dueños de mantener en el ámbito familiar la propiedad del pazo. Moralmente estamos en otra onda.

    El pazo fue pagado por los ciudadanos de A Coruña y regalado al Jefe del Estado en una situación bélica, nada menos que en medio de una guerra civil. La manera de pagarlo recuerda la conocida anécdota de la mili en donde el sargento, ante la tropa formada, dice eso de “los que quieran servir a España que den un paso al frente”. naturalmente todos lo dan , y a un grupo de elegidos se les entrega una fregona o un cuchillo para limpiar el cuartel o para ayudar en la cocina. No dar un paso al frente en el caso del pazo no está nada claro que se resolviese en plan de buen rollo entre amiguetes, y se sabía.

    Hasta hace algún tiempo muchos coruñeses, al pasar delante del pazo, señalaban alguna cosa del edificio que podría pertenecerles por haberla pagado así, de aquella manera. Ya van quedando pocos, prácticamente ninguno, de aquellos que participaron en la cuestación, pero están sus descendientes que pueden hacer valer sus derechos, nada más que morales desde el punto de vista legal, para que el pazo vuelva a los herederos de quienes lo pagaron , rascándose los bolsillos, para dar ese paso al frente en busca de tranquilidad.

    Los actuales dueños del pazo no tienen nada que temer, estamos en un estado de derecho y la ley los protege. Ya han disfrutado del pazo durante muchos años y si quieren puede disfrutarlo durante muchos más, pero no tener un acto de generosidad entregando el pazo a los herederos de los que participaron en aquella cuestación no les saldrá a cuenta. Están consiguiendo unir a todas las fuerzas políticas y a todas las instituciones en una campaña que podrán resistir a duras penas. Lo del Pazo de Meirás acabará bien, solamente hay que saber cuándo, cómo y cuanto.

     

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