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  • 17
    Noviembre
    2015

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    programa electoral Sueldos municipales función pública

    Un poco de frivolidad.

    Una de las primeras medidas de nuestro Ayuntamiento ha sido dar un sueldo a todos los concejales, sean o no del tripartito gobernante. Esto no hubiera sido posible si no hubiera mayoría de votos, como ha habido. A eso se añade un grupo de asesores que, es de suponer, trabajan para el partido que les propuso. Hasta aquí, lamentablemente, lo habitual, a pesar de que han entrado en la Corporación partidos nuevos a los que les faltó tiempo para asimilar, o superar incluso, las prácticas a las que, en esta materia, nos tenían acostumbrados los de siempre.

    Lo que es nuevo es que se intente vender la puesta a disposición de labores sociales, o culturales, del sueldo que exceda de 1.900 euros. Lo cierto y verdad es que el sueldo de esos ediles le ha supuesto a las arcas públicas la totalidad de lo que han percibido; a partir de ahí pueden hacer lo que quieran, incluso divertirse con propuestas, chanzas y adivinanzas. Por cierto devolver al Ayuntamiento lo que exceda de 1.900 euros, sería la mejor forma de cumplir la promesa electoral de no percibir más que esa cantidad, que se supone que es equivalente, en román paladino, a no costar más que eso.

    Esta aparente, y muy vendible, solidaridad casa mal con la propuesta de contratar, ex novo, 4 Directores Generales con sueldos que, según el día, oscilan entre 40.000 y 75.000 euros año. Es decir, además de cobrar, al menos, como siempre se aumenta el gasto más que siempre, para hacer lo de siempre. Esto es así ya que la razón esgrimida para esas contrataciones, y para intentar remover de su puesto a varios funcionarios responsables de áreas de gestión municipal, es dotarse de una estructura funcionarial a la carta.

    Es de suponer que Cánovas y Sagasta se sentirían muy a gusto con esta propuesta para revivir, de forma más evolucionada, ya que el tiempo no pasa en balde, la figura del cesante. Eso de cuando llego yo pongo a los “míos”, que intentarán quedarse, pero dejo a los “suyos”, que ya están, supone quebrar el principio básico de una función pública moderna, en donde no hay ni “míos” ni “suyos”, ni “nuestros” ni “vuestros”; hay servidores públicos que actúan bajo los principios contenidos en el artículo 103 de la Constitución, y en el Estatuto Básico del Empleado Público. Lo demás es clientelismo propio de otra época y de otros países.

    Y entre tanto la casa sin barrer. Las anteriores Corporaciones llevaron eso que se llama  capitalismo de amiguetes hasta donde pudieron, incluso  a la recaudación de los tributos municipales que, aparentemente, es un pingüe negocio con un riesgo empresarial perfectamente asumible y descriptible. Pues bien, la Corporación actual se propuso revertir esta situación, aprovechando la finalización del contrato de concesión a favor de estos modernos publicanos, pero llegado el momento “requirió el chapeo, caló la espada, miró al soslayo, fuese y no hubo nada”. Aplazar un problema cuando aparecen las dificultades, que de una u otra forma van a surgir siempre, y permitir que se pudra y se enquiste no anticipa nada bueno. ¿Cómo se van a cumplir las restantes promesas cuando a las primeras de cambio se actúa así?.

    Casar los objetivos de cumplir el programa electoral, gobernar para todos e intentar revalidar el mandato, no es fácil. Pero eso no significa que haya que dedicarse al postureo y a la frivolidad, que sí lo es, salvo que se aspire a no ser más que un paréntesis.

     

     

     

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