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  • Un poco de Venezuela.

    Con esto de Venezuela, pobre país, aunque recordando a Churchill por aquello de que “cada pueblo tiene el gobierno que se merece”, las inquietudes por otras situaciones más cercanas, se atemperan un poco. Sabemos que la historia de ese país está más que llena de gobiernos corruptos, ineficaces, dictatoriales y todos los demás adjetivos descalificativos que puedan ocurrirse, y como sí que hay mal que cien años dure ya veremos lo que sucede con el próximo. A favor de que la regeneración es posible, y no puede perderse la esperanza, está la sociedad de la información.Estamos en una aldea global, y en las aldeas se sabe todo de todos.Nadie puede alegar ignorancia de lo que pasa, y nadie desconoce lo que sucede en otros países, salvo que quiera conscientemente desconocerlo, y también está  el aumento del nivel cultural, que es inevitable. Hay que esperar que las próximas generaciones acaben con esa especie de maldición gitana, en forma de malos gobiernos, por su ineficacia y su corrupción, ausencia de una administración pública eficiente,clase dirigente a lo suyo, carencia de clase media y conformismo social que se enseñorea de buena parte de los países de Iberoamérica. Se oye mucho eso de que “Venezuela es un país rico” y se acepta sin más esa aseveración, que confunde riqueza con recursos naturales.

    De recursos naturales, básicamente en forma de petróleo, Venezuela está muy bien dotada y eso debería de permitirle emplear ese maná para salir del subdesarrollo, bueno, algunos/muchos si que lo han aprovechado, pero pro domo sua. Todos los países necesitan capital para desarrollarse. España tuvo en el turismo y en las remesas de los emigrantes, junto con la agricultura, la industria agroalimentaria y la construcción naval las fuentes de capital que permitieron el salto de los años sesenta. Venezuela, que no es un país rico, no ha aprovechado el capital que le llovía del cielo y ahora, con precios del crudo más bajos, lo tiene más crudo.

    Un país es rico por lo que hace, no por lo que tiene. Inglaterra, Japón, Israel y Suiza, por ejemplo, tienen pocos recursos naturales, pero se han dotado de capital, alguno de manera poco ejemplar, y han sabido utilizar ese capital para desarrollarse tecnológicamente y ocupar un lugar destacado, cuando se hicieron mayores. Corea del Sur y China son ejemplos más actuales de salida del subdesarrollo, en algún caso así, de esa manera. Venezuela tiene mucho, pero hace poco, y así no se va a ningún lado.

    Por cierto, según datos que ofrece la Asamblea Legislativa, en ausencia de datos del Banco Central (BCV), la inflación, en el período de enero a mayo de 2017, alcanzó el 127,8%. Son datos propios de la república de Weimar, que ya sabemos cómo acabó.

    La inseguridad ciudadana es otro factor que impide avanzar.Según la ONG Observatorio Venezolano de la Violencia (OVV), el país registró 28.479 asesinatos en 2016, una cifra que supera los 27.875 casos documentados en 2015, y que arroja un índice de 91,8 homicidios por cada 100.000 habitantes, que son datos más propios de un conflicto bélico que de una situación de paz. La economía no puede prosperar en ese entorno, tanto la inflación como la inseguridad ciudadana no lo permiten, y además también es difícil que haya inversiones extranjeras debido a otra inseguridad añadida, la jurídica, dando todo ello argumentos a la fuga de capitales, que necesitan de muy pocos estímulos para salir pitando. Es decir la tormenta perfecta. Por cierto la profusión de bandas, medallas, medallones y otros abalorios que luce el Sr. Maduro contribuyen muy poco a la imagen de una república del siglo XXI; tiene más bien un aire valleinclanesco, que debería estar felizmente superado en estos tiempos.

    Tiene salida esto? Sí el Sr. Maduro, y demás prohombres del Régimen, toman cuanto antes ese avión que, con todo dispuesto y con la tripulación haciendo tiempo, les está esperando, la cosa puede volver a desembocar en lo que había antes del teniente coronel Hugo Chávez, que no era bueno, ni mucho menos. Cuanto más tarde el Sr. Maduro en coger la tarjeta de embarque más se enquistará la situación, y más difícil será la salida. Otra ocasión perdida y vuelta la burra al trigo. Tal vez la época de las revoluciones, que no sean de terciopelo, haya pasado al baúl de la historia, y estemos en la era de las evoluciones, que habrá que desear que no se conviertan en involuciones.

    Un último apunte: los españoles jubilados en Venezuela, que han vuelto a su país  de origen, han dejado de percibir la pensión que se habían ganado, gracias a su esfuerzo y a las oportunidades de trabajo que tuvieron en ese país. El Principado,  con la pensión no contributiva, intenta paliar el lamentable comportamiento  que la administración venezolana tiene con ellos.

     

     

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