Blog 
Mirar y ver
RSS - Blog de Manuel

El autor

Blog Mirar y ver - Manuel

Manuel


Archivo

  • Un poco sobre pensiones.

    Durante estos días la gente mayor, considerándose injustamente tratada, ha salido a la calle para protestar por la revalorización de las pensiones que reciben. Varios años con la subida del 0,25%, mientras que se extiende entre la población la percepción de que el dinero de todos se emplea mal, y que el saqueo, el latrocinio, el abuso y el mal uso del dinero público es moneda común, han dado como resultado lo visto en los últimos días. Es muy probable, por no decir seguro, que el Gobierno haya perdido la batalla de la opinión pública, con todo lo que esto comporta, y las muestras de freno y marcha atrás son evidentes. La subida de las pensiones mínimas y de las de viudedad ya se han abierto paso, y las demás, que son muchas y también de Dios, están a la cola esperando que lo dicho por el Presidente del Gobierno, en el sentido de que sí la economía sigue como hasta ahora, creando empleo y riqueza, también tendrán su hora feliz. Se ablanda de muchas maneras el corazoncito de los responsables, que lo tienen y muy sensible, por cierto, a las encuestas y a las tendencias del voto; pintan bastos y se sabe y se nota.

    Por cierto parece abrirse camino la eliminación del impuesto sobre la renta de las personas físicas (IRPF) a las pensiones inferiores a 17.000 euros anuales. Con esto y con la subida de las pensiones mínimas y las de viudedad se intentan frenar las movilizaciones de los últimos días; ya se sabe, divide y vencerás. Por intentarlo que no quede.

    Pero hay algo más y se trata del modelo que tenemos y del modelo hacia al que, al parecer, vamos. Hay un modelo contributivo, como en teoría es el nuestro, en donde se recibe en función de lo que se ha aportado, con un mínimo y con un máximo por cuestiones de solidaridad. Sí se estrecha el margen entre ambas, subiendo las más bajas y congelando las demás, y por supuesto las máximas, podemos estar ante un cambio de modelo, con tendencia a perder la contributividad (quien más aporta más recibe), y pasar, a medio plazo, a un sistema de subsidios. Es evidente que las pensiones mínimas, y de viudedad, deben de mejorarse pero, sí se quiere mantener un sistema basado en la contributividad (vaya palabreja) no puede olvidarse el principio de recibir en función de lo pagado, con la cuota de solidaridad que se estime adecuada o soportable. Las pensiones llamadas altas son también de Dios, y no deben de quedar ni maltratadas en su cuantía, ni postergadas en cuanto a revalorizaciones.

    Con frecuencia se escuchan quejas sobre los muchos años trabajados y lo poco que se recibe, pero no se dice nada sobre cuanto se ha aportado a la caja común, y hay que decirlo todo. En estos momentos el sistema se basa en una cuádruple solidaridad: entre generaciones (los activos sostienen a los pensionistas), entre regímenes (los excedentarios tiran de los deficitarios), entre territorios (los que tienen superávit mantienen a los que tienen déficit) y entre afiliados (algunos reciben algo menos de lo que aportan, para que otros reciban algo más). Romper estos principios nos llevaría a un sistema diferente, que los hay. La renta de ciudadanía, la capitalización y las cuentas nocionales andan por ahí, rondando.

    Lo de estos últimos días nos hace reflexionar sobre la, entre comillas, indefensión en la que se encuentran los activos y los pensionistas en esta materia. El Gobierno de turno, de una o de otra manera y con las negociaciones de rigor, puede modificar las cuotas, bien sea topando el límite máximo de cotización o modificando los tipos, y también puede cambiar las prestaciones, subiendo, congelando o bajando algunas pensiones, o bajando, congelando o subiendo otras. Es decir puede hacer lo que le de la real gana, tanto en los ingresos cómo en los gastos, siempre que la opinión pública, y los votantes, lo asuman o toleren. Mirado así se aprecia que nuestro sistema junto a sus muchas virtudes, también genera indefensión, inseguridad e intranquilidad, tres cosas de muy difícil digestión, tanto entre los pensionistas actuales cómo entre los potenciales. En estos momentos la tan deseada certidumbre  hay que cambiarla añadiéndole la partícula in.

    La pirámide demográfica española es un desastre, pero no el único. Aquí la tasa de actividad, es decir el porcentaje que supone la gente que trabaja, sumada a la que busca empleo, sobre la población en edad de trabajar, es muy baja, y el empleo precario o mal pagado es muy alto. Estos tres elementos se lo ponen muy difícil a todos los gestores públicos, y a todos nosotros. Hay una combinación de buenas cifras, así en bruto, en cuanto a aumento del empleo, a la contención del déficit y al crecimiento del Producto Interior Bruto (PIB), pero malas en cuanto a deuda pública y recaudación, con las dificultades que esto supone para pagar.

    El Gobierno está metido en una trampa saducea, allá él, y sí los manifestantes lo están en una farisea, pues allá nosotros.

     

     

     

     

    Denunciar
    Compartir en Twitter
    Compartir en Facebook