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  • Un reto de futuro.Las pensiones.

    Suponiendo, y es mucho suponer, que hubiera un solo afiliado que aportara, con su cotización, los casi 119.000 millones de euros presupuestados para cubrir las pensiones contributivas durante 2016, carecería de sentido preocuparse tanto por el número de afiliados como por las cotizaciones conseguidas. Lamentablemente no existe un cotizante así, y es la suma de muchos millones de afiliados la que logra la recaudación que finalmente se alcanza; ya se sabe que un grano no hace granero pero ayuda al compañero.

    Debido a una suma de factores como son la contratación a tiempo parcial, los bajos sueldos, los falsos autónomos y las bonificaciones a la contratación, unido a la baja tasa de empleo que existe en España, (la tasa de empleo es el porcentaje que supone la población ocupada sobre la población en edad de trabajar, es decir la comprendida entre los 16 y los 65 años), hace que tengamos una recaudación por cuotas insuficiente .Los datos de EUROSTAT, referidos a 2014, dan estos valores tomados como ejemplo de tasa de empleo:

    -Alemania………………………. 73,8%

    -Reino Unido………………….  71,9%

    -Zona Euro…………………….. 63,9%

    -Portugal………………………..  62,6%

    -Francia………………………….  61,3%

    -España………………………….  56,0%

    -Italia…………………………….   55,7%

    Salvo en el caso de Italia, que tal vez por eso del Mezzogiorno y sus características sea peculiar, nos diferenciamos de nuestros socios en la poca gente que trabaja. Tal vez sea porque no hay trabajo suficiente, por defectos estadísticos o por el colchón que supone la familia en nuestra estructura social, la tasa de empleo, con todo lo que eso supone, no es nuestro fuerte. La elevada tasa de paro, y la baja tasa de empleo, han sido, y son, nuestra peculiaridad histórica en el ámbito laboral.

    El cóctel está servido: pocos trabajadores, y bajos sueldos, no pueden sostener a muchos pensionistas con pensiones más o menos dignas. Como corregir esta situación con más y, sí se puede, mejor empleo, que es la opción a la que se apunta el Gobierno, no ha sido posible hasta ahora, con el modelo de desarrollo actual, solamente caben dos actuaciones: conseguir otros ingresos y/o reducir las pensiones.

    En estos momentos ya no parece, digamos deseable, conseguir más ingresos aumentando la recaudación vía cuotas empresariales, por eso de la competitividad, y conseguirlos subiendo las cuotas de los trabajadores significaría, nada más y nada menos, que una bajada de sueldos generalizada, con consecuencias electorales fácilmente previsibles. Por supuesto, ninguna de estas dos medidas hay que descartarlas, así como así. También es posible el aumento de recaudación a través de nuevos impuestos, o tasas, o mediante algún recargo sobre los existentes, que afectaría al conjunto de la población, que ya está muy trabajada fiscalmente.

    La Seguridad Social ha venido asumiendo, de forma tradicional, algunas prestaciones, como las de viudedad, orfandad y a favor de familiares, que podrían tener encaje entre las financiadas vía Presupuestos Generales del Estado (PGE), como ya sucede con los complementos a mínimos, que son las cantidades que perciben los pensionistas que, por aplicación de la normativa sobre pensiones, no alcanzan el importe fijado para las pensiones mínimas y que carecen de otras fuentes de ingresos, o que en caso de tenerlas no alcanzan unas cuantías preestablecidas. Estos complementos a mínimos, que permiten que sus beneficiarios lleguen a cobrar la pensión mínima que corresponda, figuran dotados, en los PGE de 2016,  con 7.410 millones de euros.                  

    El Pacto de Toledo ya trató esta cuestión, proponiendo que la financiación de las prestaciones por viudedad, orfandad y a favor de familiares, presupuestadas en 21.143 millones en 2016, se realice vía impuestos y no a través de cuotas. Naturalmente las cuentas de la Seguridad Social quedarían niqueladas, las del Estado, en sentido amplio, no podrían soportar ese incremento de gasto sin aumentar en la misma medida los ingresos, que ya son insuficientes, como demuestran tanto la deuda como el déficit. La Unión Europea está ahí, y el rigor presupuestario y el santo temor al déficit, que recomendaban los hacendistas tradicionales, también.

    Existen dos Leyes, la 27/2011 y la 23/2013, que establecen una serie de medidas como el retraso de la edad de jubilación, los años de cotización exigidos para jubilarse, la variación del periodo para determinar la cuantía inicial de la pensión, la fórmula para calcular la revalorización anual, y además el factor de sostenibilidad, previsto para entrar en vigor el 01/01/2019, y definido como “un instrumento que con carácter automático permite vincular el importe de las pensiones de jubilación del sistema de la Seguridad Social a la evolución de la esperanza de vida de los pensionistas, a través de la fórmula que se regula en esta norma, ajustando las cuantías que percibirán aquellos que se jubilen en similares condiciones en momentos temporales diferentes”. Todo lo que antecede significa, traducido a román paladino, que como se prevé que se vivirá más, se tendrá que trabajar durante más tiempo, cobrar una pensión menor y tener una revalorización anual dependiente de las circunstancias. Para hacer más digerible la norma el cambio se producirá gradualmente. Hay que señalar que nuestra Seguridad Social, desde sus inicios en 1883, ha tenido la capacidad de adaptarse a los tiempos, y de sobrevivir.

     La pregunta del millón es ¿qué hacer? El actual Gobierno se apunta en éste tiempo preelectoral, luego Dios dirá, a continuar con más de lo mismo. La cifra de afiliados actual, que creció en medio millón durante el último año, es de 17,5 millones, lejos de los 19,5 millones de julio de 2007. El Gobierno actual ve factible superar los 20 millones de cotizantes, lo que supondría, junto con la rebaja de pensiones futuras en curso, un tiempo de respiro hasta que la demografía haga su trabajo. Sí estas previsiones no se cumplen de manera más que rápida, y sí no se hace nada más, habrá un serio problema que solamente tendrá una salida: pagar más y/o tener una pensión menor, visto que la calidad del empleo será previsiblemente la misma que ahora.

    La oposición plantea más impuestos, desde ya, para mantener las prestaciones actuales y previstas, confiando lo justo en la mejoría del mercado de trabajo, tanto cualitativa como cuantitativamente. En el fondo son parecidas las dos posturas, siendo su diferencia fundamental el tiempo en que habría que aplicar aquello de pagar más, y cuanto más, y cobrar menos.En todo caso las subidas de impuestos tienen un recorrido, y no son ilimitadas.

     ¿Qué puede ocurrir visto que las pensiones serán un tema estrella después de las próximas elecciones? No es descabellado suponer que los plazos de aplicación de las disposiciones contenidas en las dos leyes de reforma serán reducidos drásticamente, y que tampoco sea descartable un nuevo tributo, o el recargo de alguno ya existente. Sí esto no bastara habría que poner sobre la mesa, como última medida, la reducción de las cuantías en algunas de las pensiones ya existentes, aunque eso ocurriría, previsiblemente, después de agotar el Fondo de Reserva.

    Las preguntas resumen son:¿sí no se aumenta el número de ocupados y sí no hay un empleo de mejor calidad,qué pensiones son posibles con este modelo, pensado para una sociedad y una demografía distintas?,¿hay un modelo alternativo público pensado?. No hay que perder de vista el milmillonario negocio que puede abrirse sí no se consigue que haya una respuesta, aceptable socialmente,para estas, o para parecidas preguntas.La falta de respuestas son también una respuesta.

     

     

     

     

     

     

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