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  • 05
    Noviembre
    2015

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    votos consultas lealtad mandatos revocación

    Una democracia de más calidad.

    Ante una propuesta, con la intención de mejorar un aspecto de la gestión de una conocida sociedad, que no coincidía con la doctrina oficial, el Presidente manifestó que su postura, en esa materia, venía avalada por el 70% de los socios, y que por tanto no había ninguna razón para cambiarla. Dicho así su postura parece muy soportada, pero sí entramos en los detalles,hay un refrán anglosajónque dice que el diablo está en los detalles, la cosa cambia. El 70% de apoyo no es hacia esa opción concreta, es una interpretación, muy sui generis, del resultado de las últimas elecciones para elegir directiva. En ellas las otras candidaturas tuvieron un 30% de votos del censo electoral, ergo quienes no votaron explícitamente en contra- es decir los votos a favor, los nulos y los abstencionistas- pasan a ser considerados votos propios de la candidatura ganadora. Sí, sí, los votos nulos, y los que por cualquier causa no votaron apoyan acríticamente, sin saberlo, al vencedor.

    Pero hay más, el apoyo del 70% de los socios, calculado de esa manera, no es una fuente de legitimidad ni un voto de confianza para llevar a cabo una gestión, esté o no contenida en el programa electoral, sino que es una patente de corso que permite, hasta las próximas elecciones, hacer de su capa un sayo a los elegidos, siempre que el Código Penal, la moral o las buenas costumbres lo permitan. El 70% de los socios avalan cualquier medida que se quiera tomar por parte de la Junta Directiva sea cual fuere, es decir estamos ante la lealtad incondicional, o el voto inquebrantable.

    Sin pretensión de hacer un tratado de ciencia política ocurre que la democracia es también el respeto a las minorías, y que cualquier actuación se ve enriquecida por el debate, las consultas, las propuestas de los ajenos, y por eso llamado opinión pública. Se suele gastar mucho tiempo y dinero en sondeos, globos sonda, demoscopia y demás para conocer de donde sopla el viento, y es que eso de la democracia no es tan fácil como parece entenderla el Presidente de referencia.

    No existe en nuestro país la costumbre de consultar a la población en temas que les afecten, y las iniciativas legislativas son complicadas de presentar y no son vinculantes. La muy conocida sobre desahucios no condujo más que a la frustración al ser ignorada por la mayoría de nuestros legisladores. En Suiza es una práctica habitual consultar a la población, en numerosos temas, siempre que un parte de la misma lo solicite, y el resultado de la consulta es vinculante en la práctica totalidad de los asuntos sometidos a ese trámite.

    Nada impide que en nuestro país las AA.PP. puedan conocer a través de ese método la opinión de la población acerca de un asunto de interés público, y actuar en consecuencia. El Ayuntamiento de nuestra ciudad sometió a consulta las alternativas para convertir la entrada por la Y en algo más urbano y más inclusivo, y es de desear que esa práctica continúe; internet facilita esta posibilidad democrática y sensata.

    Por cierto en Venezuela se celebró, hace años, un referéndum revocatorio, que es una posibilidad contenida en su Constitución, para poner fin al mandato de Hugo Chaves, que no dio el resultado querido por sus promotores. He ahí un elemento que en la próxima reforma de nuestra Constitución podría ser incorporado para los distintos niveles electos de la Administración, cuando el voto de confianza obtenido fuese puesto en cuestión por una buena parte de la ciudadanía.

     

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