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  • Va de incendios.

    Ha finalizado el verano y, es de esperar, también los incendios forestales que llevan arrasando Galicia desde hace décadas. A Su Excelencia, cuando jugaba al golf en A Coruña, concretamente en A Zapateira, allá por los años sesenta,  casi siempre solía acompañarle algún que otro hidroavión que intentaban apagar los incendios de los montes cercanos, y a pesar de que desde entonces ha llovido mucho se continúa igual.

    A las causas naturales se unen la actuación de los vengativos por lo que venga a cuenta , de los desequilibrados de diversa índole, y de los interesados por  motivaciones varias, con el resultado de la destrucción de un hábitat que tardará siglos, y usted que lo vea, en recuperarse. El problema no es tanto la pérdida de masa forestal o de los valores paisajísticos, el verdadero problema es la erosión del suelo que en Galicia es, en general, muy fino. Cuando se pierde la cubierta vegetal que lo protege y aparecen la lluvia o el viento, se pierde el suelo, y queda al descubierto la base rocosa sobre la que se apoyaba. Cualquier caminante, o viajero que mire a través de la ventanilla del coche , del tren o del avión, verá un terreno rocoso, en algún caso con una pobre vegetación y en muchos casos con ninguna, en donde antes había masas forestales que tal vez, y posiblemente sobre el tal vez, tardarán siglos en volver.

    A pesar de que esta destrucción del territorio lleva produciéndose durante décadas, no parece que se pongan en marcha remedios realmente eficaces, y a las pruebas hay que remitirse. Todos los veranos se repite la historia, de momento y hasta cuando, interminable. Los optimistas, es un decir, opinan que la plaga irá remitiendo por falta de materia prima, y los pesimistas dicen que los incendios continuarán, ya que todavía queda combustible, y además el cambio climático, y la falta de lluvias, echan una mano para ayudar a que la fiesta no decaiga.

    Es bien sabido que los incendios se apagan en invierno- haciendo cortafuegos, mejorando o construyendo pistas de acceso a las masas boscosas, eliminando maleza, etc. etc.- pero, siempre hay un pero, todo eso cuesta mucho y rinde poco a corto plazo. Confiar en la Divina Providencia, en la meteorología, en la suerte, o simplemente no hacer nada durante el invierno, y decir y hacer lo de siempre en el verano, son propuestas mucho más baratas, y sí hay suerte además resultan de provecho.

    La maleza y la ramas caídas se han utilizado tradicionalmente en las cuadras para el ganado y como combustible, pero eso pertenece a otra época felizmente superada, y ahora practicamente hay que pagar para hacer esa labor de limpieza. La pérdida de población en el campo, especialmente la activa, hace que Lugo y Ourense se unan a la España vacía que componen las dos Castillas, Extremadura, Aragón y la Rioja, en donde hay zonas con densidades de población propias del círculo polar, y además está compuesta principalmente por personas de la tercera edad. Es paradigmático en ese sentido lo que sucede en un municipio ourensano , Avión, conocido por los millonarios, residentes en Méjico, que pasan allí una parte del verano, y por votar al PP en un porcentaje próximo al 90%, que tiene un 70% de población mayor de 65 años, con lo que la actividad agraria o forestal es de suponer que debe de estar bajo mínimos.

    Cuidar la naturaleza cuesta dinero, y mucho, que rinde poco, pero hay una obligación moral, y algo más que moral, de mantener, para las generaciones presentes y para legarlo a las futuras, el patrimonio recibido de las que nos precedieron. Recorrer Galicia y ver tanto el feísmo como las consecuencias de los incendios, que han arrasado una parte del territorio, hace que el optimismo en lo referente a lo que puede pasar en el futuro pase ser una obligación. Hasta ahora ha podido con todo, pero necesita que le echen una mano, y muchos cartiños, para que no sea irreconocible dentro de algún tiempo.

     

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