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  • 10
    Junio
    2015

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    Libertad responsabilidad farmacéuticas

    Vacunas.Algo sobre ellas

    En esta sociedad plural y variopinta que nos ha tocado vivir no faltan ni los grupos conspiranoícos, ni los negacionistas -Elvis vive y el hombre no pisó la luna entre otras lindezas- ni tampoco los científicos del todo a cien que avisan de los males de las vacunas, sin caer en la cuenta de que han sido, junto con la potabilización y el saneamiento de las aguas, el mayor avance en términos de salud pública, que han salvado y mejorado la vida de millones de personas.

    En épocas ya pasadas no eran infrecuentes los niños inválidos a consecuencia de la poliomielitis, por ausencia de una vacuna eficaz. Afortunadamente esta, y otras dolencias han desaparecido como consecuencia del calendario vacunal implantado en nuestro país. Algunos padres irresponsables, y/o manipulables, están poniendo en riesgo la salud, o la vida, de sus hijos, y de los compañeros de sus hijos, por un seguidismo acrítico de teorías sin base científica seria, que pretenden convencer de la maldad intrínsica de las grandes multinacionales farmacéuticas que se dedican a fabrican vacunas para ganar dinero, sin pensar en las consecuencias de las mismas.

    Los expertos en comunicación dicen que para que una teoría peregrina tenga éxito tiene que tener un fondo, o basarse, en algo verosímil. Las grandes corporaciones farmacéuticas han dado tantas muestras de egoísmo, de manipulación y de falta de ética que no es difícil hilar cualquier teoría acerca de su capacidad manipuladora, y revestirla con una apariencia de verdad, para que piquen los incautos, o los tontos útiles de turno.

    No cabe más que considerar a las grandes farmacéuticas como necesarias, o incluso imprescindibles, ya que sin ellas tanto el mantenimiento de lo que hay, como el desarrollo y la puesta en el mercado de productos innovadores sería muy difícil. Se cuentan por millones las personas que viven, o que mejoran su calidad de vida, gracias a los fármacos; la cuestión es cómo los poderes públicos pueden controlar la enorme capacidad de influencia de estas grandes, y no tan grandes corporaciones, y transmitir que lo hacen, y que lo consiguen, para que la opinión pública perciba que está segura en esta materia.

    Además de la posible falta de credibilidad de las grandes farmacéuticas, que ayuda lo suyo, está también el apoyo de algunos pseudocientíficos que amenazan con todos los males a quienes tienen la osadía de proteger a los suyos con vacunas. Esta mezcla, junto con la indolencia que también ayuda, conduce a que una parte muy minoritaria de la población deje de vacunar a sus hijos con las consecuencias que todos conocemos.

    La cuestión es ¿qué pueden hacer los poderes públicos para que se cumpla el calendario de vacunas aprobado? .Como al parecer no es posible establecer la obligatoriedad de cumplir el calendario vacunal en vigor, resta el hacer que los incumplidores carguen con las consecuencias de sus actos, en vez de que sea la sociedad en su conjunto quien los soporte.

    Por ello, y se trata de una propuesta matizable, podría excluirse del catalogo de prestaciones sanitarias aquellas que fueran consecuencia de la ausencia de vacunación. Es decir que los padres, o tutores, de los niños atendidos por dolencias evitables, con las vacunas establecidas en el calendario, paguen tanto su asistencia como todos los gastos derivados de la totalidad de la atención requerida por los demás afectados por el posible contagio, y que también respondan por el producido por las medidas profilácticas que fuese necesario llevar a cabo. Es decir libertad sí, pero responsabilidad también; se trata de conceptos no separables.

    Otra cuestión, mucho más polémica si cabe, es la falta de respuesta de determinados colectivos- mayores de 65 años, enfermos con problemas respiratorios o cardíacos y otras personas de riesgo- a la campaña de vacunación antigripal. Esta vacuna no es obligatoria, pero es una falta de responsabilidad que las personas de riesgo no se protejan ante esa eventualidad, y que esta falta de protección se traduzca en cuidados, o ingresos hospitalarios, evitables. Estamos también ante un caso de libertad que no lleva aparejada ninguna responsabilidad.

    Estudiar estos temas es una tarea pendiente que, más pronto que tarde, será abordada.

     

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