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Blog Perspectiva desde Gijón - Francisco Garcia Redondo

Francisco Garcia Redondo

Profesor de Geografía e Historia

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Crítica constructiva sobre la candente actualidad. Archivos 2008, 2009 Y 2010: http://blogs.lne.es/pacoredondo/


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  • 29
    Marzo
    2014

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    Adolfo Suárez y el CDS

     

    Entre el mérito justo y la adulación interesada
    Paco G. Redondo
    Profesor de Historia y ex militante del CDS
       El fallecimiento de Adolfo Suárez dará lugar a un aluvión de elogios, unos sentidos y otros interesados para tratar de apoderarse de su herencia política de honradez y reformas, cada vez más valoradas, aun cuando en su tiempo fue fustigado tanto por políticos rivales como por los suyos y la prensa en general. Si el gran cambio económico tuvo lugar en la España de los años 60, que aún permanecía bajo la dictadura del general Franco y el bando de derechas ganador de la guerra civil del 36, el gran cambio político tuvo lugar en España en los años 70. Con el abulense simpático como presidente del gobierno se recuperaron las libertades, se aprobaron los partidos políticos y los sindicatos,  el divorcio, la reforma fiscal progresiva, y sobre todo cuajó la democracia y la reconciliación y el espíritu de concordia, la Constitución del 78 fruto –a diferencia de las efímeras del XIX- de un amplio consenso que pretende hoy en día ser barrido por gobiernos nacionalistas cuya autoridad procede precisamente de ella.
       Hay sin embargo dos aspectos importantes en los que Adolfo Suárez erró, uno económico a la hora de abordar la crisis económica y el desempleo, y otro político a la hora de construir un partido de centro progresista en España. Bien es cierto que la crisis tenía un componente internacional importante, al haberse multiplicado los precios del petróleo desde 1973 por la guerra árabe-israelí del Yom Kippur, y desde 1979 por la revolución islámica integrista en Irán, con su correlato de aumento de los gastos energéticos para las empresas en particular y para las importaciones españolas en general, y por tanto caída de los beneficios empresariales y multiplicación del paro. Bajo los dos mandatos de Suárez (76-81) el número de parados pasó del 7 al 15%. También recuerdo que en las manifestaciones los partidos de izquierdas cantaban el pareado: “El paro es/ terrorismo de UCD”, mientras con Reagan el paro bajaba en EE.UU. de 1980 a 1984 del 10 al 6%, luego con el PSOE de Felipe González después de 13 años gobernando dejaría España en 1996 con un 25% de parados: ¿mejor política social?
       El otro gran fallo político, llegando a vicepresidente de la Internacional Liberal,  fue precisamente no acertar a consolidar un partido de centro progresista en España. Su Centro Democrático y Social (CDS) no consiguió ser alternativa propia, pecó de ser coro de otros, y el papel de bisagra quedó para los partidos nacionalistas, que han ido ejerciendo mayor chantaje y deslealtad, chantaje acaparando cada vez más competencias a los gobiernos del PP o del PSOE cuando no tenían mayoría absoluta en el parlamento de Madrid –ahora se echa en falta una tarjeta sanitaria común y un estatuto docente nacional-, y deslealtad porque a pesar de ser España de hecho actualmente un estado federal asimétrico, han decidido romper la baraja desvariando hacia la secesión unilateral. Ello nos puede llevar a extraer dos conclusiones. La primera que todas las personas tienen luces y sombras, aunque al morir hasta sus opositores les llenen de adulaciones. Y la segunda que no son buenos los partidos personalistas, porque al fallar el líder carismático se diluyen como un azucarillo. Lo que hace falta son alternativas ciudadanas, menos protestas y más propuestas, para sumar con rigor en positivo.

    (Adaptado del artículo semanal publicado en papel en La Nueva España de Gijón)

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