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Blog Perspectiva desde Gijón - Francisco Garcia Redondo

Francisco Garcia Redondo

Profesor de Geografía e Historia

Sobre este blog de Gijón

Crítica constructiva sobre la candente actualidad. Archivos 2008, 2009 Y 2010: http://blogs.lne.es/pacoredondo/


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  • 21
    Septiembre
    2013

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    El mérito

     La ridiculez de quienes creen que su ombligo es el centro del mundo

     

       Este miércoles 11 de septiembre se ha celebrado la “Diada Nacional” de Cataluña, ese territorio peninsular entrañable que nunca ha sido nación ni geográfica ni históricamente, puesto que el Ebro no separa, une, y además se trata de la alto-medieval Marca Hispánica del imperio carolingio (marca, frontera). El año que viene se celebrará el tercer centenario de aquel 11 de septiembre de 1714 cuando el Consejero en Jefe de Barcelona Rafael Casanova, en su bando de las 15 horas, convocaba a resistir: “Per la llibertat de tota Espanya”, hoy convertido por los nacionalistas en símbolo del afán de fragmentar España. Muy lejos de reunir en su cadena independentista el millón y medio de manifestantes del que presumen. Ya en tiempos de Fernando VII los subvencionados proclamaban: “Vivan las cadenas”.  El tiempo corre en su contra con el previsible rechazo de Escocia en el referéndum de 2014 a abandonar el Reino Unido. ¿Realmente tiene sentido el plantear ser “independientes” en el mundo globalizado y de internet del siglo XXI, de la Europa que tiende hacia su integración y la abolición de fronteras económicas? Y encima lo lideran los que se llevan los millones de euros “en negro” a la banca suiza. ¿Acaso llaman independencia política a lo que pretenden impunidad judicial?

        Vaya nivel de 'partidocracia' disfrutamos. Si por la derecha es el lío de los de Gurtel, Bárcenas y Cascos, por la izquierda Griñán, ex presidente de Andalucía, y Chaves, presidente del PSOE, imputados por el escándalo de los falsos ERE en Andalucía. Ahí tenemos a Ana Botella, señora de Aznar y alcaldesa de Madrid, presumiendo ante los miembros del COI con una pronunciación en inglés chapucera que en España se vive mejor que en ningún sitio (eso sí, con un 27% de parados), y defendiendo la conveniencia de elegir a Madrid 2020, entre otras razones, para tomar una “relaxing cup of café con leche in Plaza Mayor”: ¿un argumento serio para conceder la organización de una olimpiada? Suele ser común a los paletos creerse que lo de su pueblo o país es lo mejor del mundo mundial de todos los tiempos. Como quienes a base de repetir su propaganda terminan por creérsela de verdad un dogma, llevan meses -¿sobrecogedores?-  adoctrinando con la monserga de la “Marca España”, que por cierto no existía como tal cuando se colonizó América, pues nuestros reyes solían titularse “De las Españas”, en plural.  La mejor manera de promocionarla, aparte de los éxitos turísticos y deportivos, es creando empleo y prosperidad, y que sus representantes no den vergüenza ajena.

        Contamos con grandes valedores, más en el ámbito deportivo que en el de la investigación (salvados Ramón y Cajal, Severo Ochoa y algún otro). Rafa Nadal, doble lección de mérito. El tenista español puso la guinda a su temporada en pista dura con el último Grand Slam del año, el US Open, su décimo título de la temporada y tercero consecutivo. Rafa Nadal ha tenido que esperar dos años y superar una grave lesión de rodilla para recuperar de nuevo el trono del Abierto de Estados Unidos, al imponerse en la final por 6-2, 3-6, 6-4 y 6-1 a Novak Djokovic. Ya casi Nº1 del mundo y todo un caballero fuera de la pista, Nadal rechazó viajar en avión privado para jugar la Copa Davis... ¿cuántos políticos habrían hecho lo mismo ante un ofrecimiento así? El asturiano Fernando Alonso va segundo, como el año pasado, en el campeonato mundial de F-1 de automovilismo. Con unos grandes deportistas de élite en su especialidad (Real Madrid, FC Barcelona, o Pau Gasol…), no implica que cualquier cosa o persona española, por serlo, sea mejor que las de otras naciones. Ahora que iniciamos un nuevo curso académico, conviene recordar que el mérito es el cimiento del éxito. Pero de necios es que los árboles no nos dejen ver el bosque, y más aún persistir en el error. 

    (Adaptado del artículo publicado los jueves en La Nueva España de Gijón en papel)

     

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