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Perspectiva desde Gijón
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Blog Perspectiva desde Gijón - Francisco Garcia Redondo

Francisco Garcia Redondo

Profesor de Geografía e Historia

Sobre este blog de Gijón

Crítica constructiva sobre la candente actualidad. Archivos 2008, 2009 Y 2010: http://blogs.lne.es/pacoredondo/


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  • Pactando

    Pactando

    El bipartidismo rancio se bate en retroceso

       Pactando, que es gerundio. La probable disgregación tras las elecciones municipales y autonómicas del próximo mes de mayo, con el reparto de los escaños y concejalías entre 6 o 7 fuerzas, tras la aparición de las marcas locales y regionales de Podemos, así como el emergente Ciudadanos, contando con que se mantengan al menos en parte Foro, UPyD y IU, ampliará el pluralismo. Lo importante no es con quien se negocia sino qué se negocia. En Andalucía llevan 35 años pactando y gobernando las izquierdas de los ex socialistas del PSOE más los ex comunistas de IU y tienen la región con un 35% de parados, mientras dicen que a nivel nacional un 25% de desempleados les parece un fracaso. Este año 2015 vamos a asistir a una maratón de comicios: las elecciones autonómicas andaluzas en marzo, municipales y autonómicas en otras 13 comunidades en mayo, las autonómicas catalanas –con tientes plebiscitarios secesionistas- en septiembre, y las generales a finales de año. Las encuestas apuntan al fin del bipartidismo corrompido. Ello es lógico pues el sistema electoral proporcional actual se presta más al pluripartidismo, y el mayoritario (como en USA), donde se lleva todo solo el que más votos tiene, al bipartidismo. La anomalía en España es que la cuarta fuerza política no ha sido, desde la desaparición del CDS de Adolfo Suárez, una fuerza nacional, sino los nacionalistas periféricos y centrífugos en un chantaje permanente de más autonomía que ya no tiene más recorrido posible, pues ya han desbordado su autogobierno.

       La transición democrática española en los años 70 ha sido un ejemplo de evolución rápida y pacífica (excepto el terrorismo de los independentistas vascos de ETA) basada en la reconciliación y el acuerdo, superar la página nefasta de la guerra civil entre las derechas y las izquierdas, integrarnos en la Europa con economía social de libre mercado, y acordar unas reglas del juego constitucional mínimas y comunes, si bien ahora algunos de nuevas generaciones idealistas pretenden resaltar sus sombras sobre sus luces. Es cierto que el sistema denominado monarquía parlamentaria es de hecho uno gubernamental partidocrático, pero por regla general una mala democracia es mejor que una buena dictadura. En la antigua Roma la dictadura era un sistema convenido, ante una situación excepcional y por un tiempo muy limitado (de seis en seis meses). No podemos perder de vista que España, por los años 30 del siglo pasado de apasionamiento, odios y rencores, sufrió una guerra civil larga y cruel que ocasionó cientos de miles de muertos y represaliados, después de un siglo XIX con cuatro guerras civiles entre liberales (reformistas o revolucionarios) y carlistas (conservadores). La concordia no es un signo de ambigüedad o debilidad, sino de inteligencia y nobleza. Claro que para llegar a acuerdos de mínimos los participantes tienen que ceder en parte de sus máximos. No son lo mismo las metas a medio plazo que un programa a corto plazo para los próximos cuatro años. La realidad económica se impone sobre los prejuicios.

       En el caso de Asturias tenemos el reto de sumarnos al tren de la recuperación, superando la sangría del desempleo, demográfica y revitalizando su crecimiento económico, si bien estos tres aspectos pueden ser complementarios entre sí, tanto como culminar sus infraestructuras en materia de tren de alta velocidad, conexiones portuarias y vuelos asequibles. Con una administración sin corrupción. A ello se va a unir la necesidad de contar con una relativa estabilidad parlamentaria, pues de lo contrario nos veremos abocados, como pasó con el fracaso del año de gobierno regional de los de Álvarez-Cascos, a repetir las elecciones autonómicas al Principado para clarificar el escenario político –que sería la defunción de las fuerzas que los electores interpreten como sobrantes- y eliminar “michelines” de ineficacia. Para ello hay que conocer las líneas maestras de los programas para los próximos cuatro años, sus ideas fuerza y objetivos prioritarios, pues hay que pasar de las protestas a las propuestas. Va a obligar a hacer de la necesidad, virtud; plantear cuáles son los contenidos de las negociaciones, y qué utilidad tienen sus acuerdos para abordar los problemas de Asturias. Los partidos son un medio, no un fin en sí mismo, por tanto el resultado de la negociación no debería ser un reparto de cromos entre los partidos. Para mandar sirve cualquier tonto. Basta que diga: abrid la zanja, cerrad la zanja; adulad, boicotead. Para gobernar en cambio hay que informarse sobre las cuestiones y saber organizar su administración y resolución positiva. 

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