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POESÍA DESBOCADA
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Blog POESÍA DESBOCADA - Lauren García

Lauren García

Letraherido ferviente de sangre y castigo.

Sobre este blog de Cultura

Este espacio aboga por la inmediatez de la poesía y la literatura. Una apuesta por la creación poética como parte inherente del mundo; la propiedad insalvable de la voz en esencia pura e incorruptible.


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  • 24
    Abril
    2016

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    Oviedo asturias

    El verso cálido de Pérez Azaústre

    "Ella estaba detrás del laberinto" es una antología del poeta cordobés Joaquín Peréz Azaústre, publicada hace escasas fechas, aderezada con siete poemas inéditos. Azaústre es todo un escritor antologado, multipremiado, traducido, y que cuenta con el beneplácito de los grandes. En el prólogo, Ismael Serrano afirma que "Hay voces que convierten en verdad casi todo lo que dicen. La de Joaquín es una de ellas". Versos que dejan el regusto del sabor de la pólvora escritos con el catalejo de la esperanza. Aire candente desde el sur. Palabras que queman los pies en la frondosa arena.

     

     

     

    QUE ME ENTIERREN EN PARÍS

     

    Que me entierren en París.

     

    Que paguen todos mis gastos

    en la capital del cielo.

     

    Me han dicho que es una tierra

    donde no se encuentra el norte,

    donde no anochece nunca,

    donde la niebla es un mar

    por el que sueñan y danzan

    los fantasmas de poetas.

     

    Que me entierren en París.

     

    Que paguen todos mis gastos.

     

    Que arrojen besos de seda

    y dolce alfombras de rosas

    al encuentro de mi féretro,

    tumba de alas que navegue

    sobre un espejo de luz

    en el que vengan a hablarse,

    como los niños curiosos,

    los pintores que allí flotan.

     

    Que me entierren en París.

     

    Que no haya llanto y no haya plañideras,

    lutos blancos y sotanas que me absorban;

    que no haya rastro de velas,

    ni una nube de lágrimas.

     

    Que allí se pague a quien goce.

     

    Que vengan a cantarme las coristas.

     

    Que ensayen su cancán descalzas

    y quemen en mi honor sus ligas;

    que parejas de muchachas

    traigan a mí su inocencia,

    que vengan a hacer el amor

    sobre mi lecho de espuma.

     

    Que no se acabe la música.

     

    Que no haya nunca más tinieblas.

     

    Que los niños se decidan

    a correr sobre mi losa.

     

    Que construyan un gran parque

    donde vengan a jugar

    de la noche a la mañana

    en torno a mí.

     

    Que no me llore nadie.

     

    Y que rieguen mi nombre con champán.

     

    Que nunca acabe esta fiesta.

     

    Que me entierren en París.

     

     

     

    EL LABERINTO

     

    Ella estaba detrás del laberinto.

    Lo supe al conocerla.

    Aunque al principio, al relumbrar su cuello

    en la puerta fugaz de aquel hotel

    (creo que podía ser el Miguel Àngel,

    y había un piano bar), jamás me habría creído

    que era posible entrar con tanta suerte

    ni en ningún otro hotel, ni en cualquier otra parte.

    Tenías que haberla visto. Tenías que habernos visto.

    Era casi imposible imaginar

    a dos seres tan frágiles,

    como un fulgor tan raramente humano.

    Y el brillo se quedó dentro del pecho,

    como un tibio dolor del corazón.

    Poco después moriste, pero ya pude ver

    que había una hebra invisible, un deseo capilar,

    en ti y en ella,

    de no tener más freno que la muerte.

    Y se lo dije entonces, quizás un poco antes:

    eres como un cachorro de león asustada.

    Tu solo tienes miedo de tener

    ese miedo más grande que la vida.

    Eres como un cacharro de león asustada,

    porque un león no se rinde,

    no cesa ni claudica,

    se encrespa en la batalla,

    apenas retrocede

    y muere de un impulso o ruge y toma aliento

    y vence a dentelladas.

    Me gustaría decirte que fue fácil.

    Me gustaría decirte que aún es fácil.

    Pero ella esta detrás del laberinto

    y no hay salida fuera de sí misma:

    es un hotel costero abandonado

    donde todas las puertas

     

     

    EVA AL DESNUDO

     

    Un rigor intacto en el perfil:

    el año de la espía, el año de Eva Green.

    Ha dicho esta mujer

    de bañeras tranquilas bajo el sol maternal

    que no se conformaba con ser la chica Bond,

    sino que ella aspiraba a conseguir

    que James dejara su apellido atrás.

    Eva lo consiguió

    después de derribar Jerusalén.

    Eva no va al gimnasio, pero miren sus piernas.

    Come con alegría y le encantan los dulces.

    Bebe litros de agua.

    En cierta imperfección de su nariz

    puede concentrarse, adormecida,

    su última postura en el harén.

    Un segundo tierno de su tacto

    puede corromper la realidad.

    El vapor se condensa en el espejo

    mercurial del aceite lumínico en la piel.

    Entendemos a James:

    en todos los abrazos vuelve a nacer un mundo.

    Amamos las narices imperfectas

    de mujeres que pasan vestidas a la ducha

    tras dejar los tacones en la puerta del baño.

     

    JOAQUÍN PÉREZ AZAÚSTRE- "ELLA ESTABA DETRÁS DEL LABERINTO" -FRIDA EDICIONES-2016

     

     

     

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