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Olaya y Alejandro

Olaya Begara (Corvera) y Alejandro Bascoy (Avilés), psicólogos.

Sobre este blog de Salud

Una mirada a la vida cotidiana desde el apasionante mundo de la psicología.


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  • 15
    Abril
    2016

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    salud psicología Apego

    ¿Comida o cariño? La importancia del contacto físico

    En los años 50-60 en EEUU, el Dr. Harry Harlow, psicólogo, llevó a cabo una serie de importantes experimentos (aunque duros y éticamente cuestionables) con crías de monos Rhesus, para estudiar la importancia del apego, es decir, el vínculo emocional que se crea entre un bebé y sus cuidadores.

    Para ello, Harlow y su equipo construyeron dos tipos de "madres", unas hechas de alambres con un biberón del que tomar leche, y otras que simplemente estaban recubiertas de felpa (sin biberón).

    En cuanto a los monitos, todos ellos separados de su madre "real" desde el nacimiento y criados en jaulas individuales, unos convivían con ambos tipos de madre (felpa y alambre), y otros sólo con la de alambre. 

    ¿Comida o cariño? La importancia del contacto físico

    Los monitos que convivían con las dos madres, ¿Con quién pasarían más tiempo?

    Así de primeras podríamos pensar con cierta lógica que, dado que la única fuente de alimentación para la cría era la madre de alambre y que la de felpa no aportaba nada más que estar recubierta de este material,  pasarían más tiempo con la primera.

    Nada más lejos de lo que ocurrió.

    Los pequeños simios no sólo pasaban más tiempo aferrados a la madre de felpa, si no que sólo visitaban a la de alambre para alimentarse. En cuanto estaban llenos, volvían corriendo a aferrarse a su madre de tela. Es más, algunos de ellos trataban de acceder al biberón sin soltarse de su reconfortante madre.

    Era tal el vínculo que habían establecido con estas madres, que cuando se introducía en la jaula un objeto extraño atemorizante (un robot que hacía un ruido espantoso), los monitos que se habían criado con una madre de felpa le plantaban cara al intruso. Eso sí, aferrados a ella.

    Por su parte, aquellos que sólo habían sido criados con una madre de alambre lo único que hacían era intentar esconderse del malvado robot, completamente aterrorizados.

     

    ¿A qué se deben estos resultados?

    Estos hallazgos contribuyeron a confirmar la idea de la importancia que un "contacto físico reconfortante" tiene para el adecuado desarrollo de los animales. Y los humanos, obviamente, no somos una excepción. Nacemos, al igual que los monitos del experimento, "pre-programados" para buscar un contacto cálido, un vínculo con algo que nos haga sentir seguros y queridos. Las sonrisas, llantos y balbuceos de los bebés, que despiertan en el adulto unas ganas enormes de "comerlos a besos" y de estar pendiente de ellos, no son, por tanto, una casualidad.

    Una relación de apego saludable, además, sirve a los más pequeños para la compleja tarea de explorar el mundo que les rodea, ya que les proporciona una base segura desde la que descubrir y afrontar su entorno (¿recordáis cómo los monitos con madre de felpa se enfrentaban al intruso?).

     

     ¿Y el resto de nuestra vida? ¿Sigue siendo importante el contacto social y físico?

    Sí. Por supuesto. La necesidad de contacto social la experimentamos toda la vida. Pero esto es una obviedad; que somos seres sociales no es algo que no sepamos ya. Que en algún momento de nuestra vida vamos a necesitar el apoyo de nuestra familia, pareja, amigas, compañeros...tampoco es ningún misterio.

    Sin embargo, podríamos decir sin temor a equivocarnos que somos la generación de seres humanos que más tiempo pasa solos estando "acompañados". No, no es una contradicción. Y sí, seguro que la mayoría sabéis por dónde voy.

    Me resulta complicado recordar la última vez que, tomando algo con las amigas, estuviéramos todo el rato hablando entre nosotras sin echar un ojo al móvil (whatsapp, twitter, facebook, instagram, snapchat, la lista puede ser interminable). Hoy en día, vivimos muchas saludables situaciones sociales reales prestando menos atención de la que debiéramos. Sobra decir, además, que esto es extensible a reuniones familiares, el día a día hogareño...

    Sabiendo como sabemos la importancia que tiene el contacto social real y físico (nuestra "madre de felpa") para nuestra vida de adultos, pero sobre todo para la futura vida de nuestros "pequeños monitos" (hijas, sobrinos, nietos...), debemos aprovechar cada ocasión que tengamos para poner en práctica la mejor medicina preventiva que existe: abrazos, abrazos y más abrazos.

     

    Olaya Begara

     

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