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Olaya y Alejandro

Olaya Begara (Corvera) y Alejandro Bascoy (Avilés), psicólogos.

Sobre este blog de Salud

Una mirada a la vida cotidiana desde el apasionante mundo de la psicología.


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  • 05
    Agosto
    2017

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    salud psicología Mindfulness

    De qué hablamos cuando hablamos de Mindfulness

    No hace falta ser profesional de la psicología para haber oído la palabra Mindfulness. Es más, es probable que la hayamos oído/visto mucho más que su correspondencia en castellano "Atención plena" (de lo que nos gusta posturear con el inglés ya si eso hablamos otro día).

    Desde talleres impartidos por quién sabe qué "profesional" hasta agendas mindfulness (¿?¿?) pasando por innumerables libros de todos los tipos y colores que copan las estanterías de lo que se supone es la sección de "Psicología" (por cierto, hace un tiempo que desistí, y ahora mis visitas en las librerías en busca de material interesante se han movido a la sección de Filosofía...¿Casualidad?). Parece que el Mindfulness todo lo puede y todo lo cura.

    Así que, como defensora a ultranza del uso terapéutico de la Atención Plena (mi compañero Alejandro puede dar fe de ello), me veo en la obligación de tratar de bajar del pedestal de la omnipotencia y el postureo (sí, postureo) a esta útil herramienta, para que no se devalúe.

    Para empezar, creo que lo suyo es diferenciar entre Mindfulness como forma de ver y estar en el mundo y Mindfulness como herramienta terapéutica.

    Mindfulness como filosofía de vida.

    La palabra Mindfulness (atención plena/consciente en nuestro idioma) es una traducción de “sati”,  término del idioma original de la literatura budista (pali). Es decir, originariamente la práctica de la Atención Plena se incluye como parte de filosofías y religiones budistas.

    A pesar de ser muy interesante, no me voy a centrar más en esta vertiente del Mindfulness. Si os pica la curiosidad, ¡A Googlear!.

    Mindfulness como herramienta terapéutica.

    Aunque fundamentalmente se está usando como técnica análoga a la relajación,  la Atención Plena va más allá.

    Con la práctica de la relajación, lo que buscamos es una desactivación fisiológica; con la práctica de la Atención Plena, buscamos estar centrados en el momento presente, lo cual nos ayuda a conseguir, en la mayoría de las ocasiones, una desactivación fisiológica.

    Es decir, la experiencia de bienestar asociada a la relajación no es el objetivo del Mindfulness, si no una consecuencia.

    De qué hablamos cuando hablamos de Mindfulness

    ¿Qué aporta de más el Mindfulness?

    Aquí es donde, en mi opinión, se junta la parte existencial de esta práctica budista (sin las connotaciones religiosas) con la parte práctica necesaria para mejorar nuestra salud mental. Atención plena significa estar en el aquí y en el ahora, en el momento presente. El pasado y el futuro no existen, por lo tanto, ¿por qué preocuparnos en exceso por ellos?

    Malgastamos mucho tiempo rumiando sobre lo que ya ocurrió y preocupándonos por lo que está por venir, dejando de lado lo único que realmente podemos vivir: el presente.En palabras más llanas, muchas veces vamos por la vida como pollo sin cabeza.

    La práctica de la Atención Plena nos ayuda a encontrar ese anclaje en el presente que muchas veces perdemos. Nos ayuda a aceptar lo que nos venga, sin juzgarlo.

    Eso sí, esto de estar en el momento presente no puede ser una excusa para evitar malestares, preocupaciones, problemas…Es decir, se usa la atención plena para ayudarnos a volver al presente cuando nuestra cabeza está quién sabe dónde, pero no para quedarnos ahí, evitando la vida. Nos anclamos al presente para construir, para seguir la dirección vital que nos hayamos marcado (los valores de los que habla la Terapia de Aceptación y Compromiso)

    Como véis, la práctica del Mindfulness encaja como un guante entre las terapias de tercera generación (ya comentadas en entradas anteriores) de ahí parte del gran auge que tiene a día de hoy la atención plena.

    Entonces, ¿qué NO es el Mindfulness? No es la panacea. Así de simple.

    El único PERO que se le puede poner a esta práctica  (y ahí es donde entra nuestra honestidad y nuestro saber hacer como profesionales de la psicología) es que hay personas que van a beneficiarse de ella y otras que no, que simplemente esto del Mindfulness no les va a servir.

    Empeñarse en usar con todo el mundo y para todo tipo de problemáticas la Atención Plena es algo que, como profesionales que somos, no nos deberíamos permitir; que lo hagan otros no es excusa, vendedores de crecepelo  siempre los ha habido y siempre los habrá.

    ¿A qué se debe este boom mindfullnero?

    Hay sin duda numerosas razones, pero me da en la nariz que un factor explicativo importante de esta moda del Mindfulness fuera del ámbito terapéutico  tiene mucho que ver con que todo lo zen nos gusta lo que más.

    Igual os esperabais algo más elaborado, pero no me negareis que, como sociedad occidental, nos gusta mucho todo lo que tenga aires orientales, así como con un toque místico-profundo. Y pocas cosas hay hoy en día con un aire de misticidad tal como el Mindfulness (y con un marketing bestialmente bueno).

    Con esta entrada no quiero desanimaros a que os adentréis en el mundo de la Atención Plena (os recuerdo que a mí me parece realmente útil), pero quiero que esteis prevenidos, para que no os den gato por liebre ni falsas esperanzas.

     

    Olaya Begara

     

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