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Olaya y Alejandro

Olaya Begara (Corvera) y Alejandro Bascoy (Avilés), psicólogos.

Sobre este blog de Salud

Una mirada a la vida cotidiana desde el apasionante mundo de la psicología.


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  • 09
    Abril
    2017

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    salud psicología educación Expectativas

    Efecto Pigmalión o profecía autocumplida

    Pigmalión era un escultor que, según un mito griego, se enamoró perdidamente de una de sus creaciones: Galatea. Su pasión era tal que trataba a la escultura como si fuera una mujer de carne y hueso. Afrodita (diosa del Amor), enternecida por el amor que profesaba Pigmalión a su escultura, la convirtió en una mujer real.

    Tomando como base la idea de este mito, desde la psicología y la pedagogía se habla de "Efecto Pigmalión" para hacer referencia a la idea de que las expectativas que tenemos sobre personas, cosas, situaciones e incluso sobre nosotros mismos pueden llegar a ser realidades.

    Sobre este tema, y aplicado a la escuela y a la importancia de las expectativas de los y las profes en cuanto al rendimiento que van a tener sus alumnos (qué se puede esperar de ellos), hubo un experimento clave en los años 60, conducido por dos psicólogos, Robert Rosenthal y Leonore Jacobson.

    El experimento.

    Estos psicólogos escogieron al azar (sacando papelines de un sombrero) a unos cuantos alumnos de una escuela y les dieron sus nombres a los profesores, "informándoles" de que eran esos niños y niñas los que habían obtenido unas puntuaciones brillantes en un test de inteligencia que les habían administrado (cuando  en realidad todos los alumnos habían obtenido una puntuación normal en inteligencia). Asimismo, se les dijo que, como era natural, era de esperar que estos niños fueran los que tuvieran mejores resultados a final de curso.

    La idea que tenían estos psicólogos era que al haberles dicho a los y las profes que unos cuantos de sus alumnos eran prácticamente superdotados y que se esperaba que fueran los que sacaran mejores notas (ya está la expectativa formada), los docentes se comportarían (sin ser conscientes de ello) de manera tal que facilitarían el éxito real de dichos estudiantes.

    Así las cosas, 8 meses después se comprobó que efectivamente, los alumnos "señalados" tenían ahora un rendimiento significativamente superior al de sus otros compañeros.

    ¿Qué había pasado? Básicamente, que Rosenthal y Jacobson tenían razón: la expectativa de los profesores de que esos alumnos eran brillantes modificó de manera sutil pero efectiva la forma en que se comportaron con dichos alumnos, estimulando su rendimiento académico. En otras palabras, las creencias de los profesores acerca de las capacidades de sus alumnos originaron las conductas que el mismo profesor esperaba.

    Efecto Pigmalión o profecía autocumplida

    ¿Cómo funciona?  Los autores hablan de 4 factores:

    1. Clima. Los profesores crearon un clima más cálido alrededor de los niños de los que se esperaba más. Se observó que eran más agradables con ellos, tanto con su comunicación verbal como no verbal (sonrisas, gestos y miradas de aprobación...)

    2. Input. Se observó que los profesores incluso llegaban a dar más materia a estos niños.

    3. Oportunidad de respuesta:  los niños tienen más  oportunidad para responder si el profesor espera algo de ellos; les preguntan más veces y les dejan contestar más ampliamente, incluso se vio que les ayudaban a dar forma a sus respuestas trabajándolas conjuntamente.

    4. Feedback. Cuanto más se espera de un niño, más se le alaba, más se le refuerza positivamente para conseguir un resultado. Y como ya hemos aprendido en entradas anteriores, el poder del refuerzo social a todas las edades (infancia incluida) es enorme.

    ¡OJO! Lo descrito hasta ahora sería el "Efecto Pigmalión positivo", pero siento tener que deciros que este efecto funciona en ambas direcciones.

    Se ha comprobado también el "Efecto Pigmalión negativo": en otros experimentos, lo que se les dijo a los profesores no fue qué alumnos eran brillantes en cuanto a su capacidad intelectual, si no qué alumnos eran los menos brillantes (y por tanto se esperaba de ellos unos resultados peores). Creo que a estas alturas no os va a sorprender el resultado: estos niños empeoraron sus resultados.

    Sobra decir que este "Efecto Pigmalión" se da en todas las esferas de la vida, no sólo en la escuela. Por eso, y dado que la labor de educar a nuestros pequeños es cosa de todos y todas, es importante saber que las expectativas que tengamos sobre nuestros menores  pueden llevarnos a comportarnos con ellos de forma tal que lleguen a convertirse en realidad.

    Así, si las expectativas y con ello los mensajes que lanzamos y las actitudes que tenemos para con ellos son positivas, todo marchará bien y daremos la bienvenida al Efecto Pigmalión; pero si nuestras expectativas son negativas, hemos de saber que van a afectar a nuestros pequeños aunque creamos que "no se nos nota".

     

    Olaya Begara

     

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