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Olaya y Alejandro

Olaya Begara (Corvera) y Alejandro Bascoy (Avilés), psicólogos.

Sobre este blog de Salud

Una mirada a la vida cotidiana desde el apasionante mundo de la psicología.


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  • 18
    Diciembre
    2016

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    salud psicología infancia Motivación

    El coste oculto de la recompensa

    "Un anciano vivía solo en una calle donde los niños jugaban ruidosamente todas las tardes. El alboroto le molestaba, así que un día llamó a los niños y les dijo que le encantaba el alegre sonido de sus voces, prometiéndoles a cada uno de ellos 50 centavos si regresaban al otro día. La siguiente tarde los chicos se apresuraron en volver y metieron más jaleo, y el hombre nuevamente les pagó, pero esta vez sólo 25 centavos. Al día siguiente sólo 15 centavos, explicándoles que sus escasos recursos casi se habían agotado: "Por favor,- les dijo el anciano- ¿podéis venir también mañana por 10 centavos?". Los desilusionados niños le contestaron que no volverían: no merecía la pena el esfuerzo, añadieron, de jugar toda la tarde ante su casa por sólo 10 centavos"

    Este fue el relato con el que me topé en su día al estudiar acerca del coste oculto de la recompensa. En términos técnicos, se define como el resultado que produce un premio externo sobre una conducta que ya se encuentra intrínsecamente motivada. Si se percibe que un premio externo está controlando la conducta, la motivación intrínseca tiende a disminuir, ya que se considera que dicha conducta está excesivamente justificada.

    Para entendernos, en el relato inicial, al principio los niños jugaban todas las tardes en la calle porque les gustaba hacerlo (estaban intrínsecamente motivados). Así, el sabio anciano (que calculo no conocía el concepto de coste oculto de la recompensa, pero sí debía conocer mucho acerca de la vida) empezó a darles dinero (un premio externo) por hacer algo que los niños ya hacían motu proprio (jugar al balón). ¿Y qué ocurrió? pues que para los niños esa recompensa externa hizo que su motivación para jugar y armar alboroto pasase de ser algo intrínseco (interno, algo que nos gusta porque sí, sin que dependa de si conseguimos algo de otros a cambio) a ser algo extrínseco (externo), dependiente de las monedas. Así, al ir ganando cada vez menos monedas por su juego, llegó un punto en el que decidieron que esto de jugar y armar alboroto, por 10 tristes centavos, no les salía rentable...

    Esto, que se ha explicado mediante la llamada teoría de la sobrejustificación, así como el concepto de coste oculto de la recompensa,  fue estudiado en el experimento llevado a cabo por  Lepper, Greene y Nisbett (1973, 1978)

    El coste oculto de la recompensa

    El experimento.

    Los investigadores eligieron un centro de enseñanza preescolar, donde seleccionaron a niños de entre 3 y 5 años entre cuyas actividades favoritas se encontraba el pintar (estaban intrínsecamente motivados para pintar) . Los dividieron en 3 grupos:

    -recompensa esperada.  Se les prometió una recompensa en forma de "medalla al buen pintor" y una bolsa de chuches por participar en la tarea.

    -recompensa no esperada. Lo único que se les dijo es que pintaran, aunque al final del la actividad recibieron la bonita medalla y las golosinas.

    -sin recompensa. No hubo ninguna medalla ni ninguna chuche (ningún refuerzo extrínseco), simplemente pintaron.

    Más tarde, los pequeños fueron nuevamente observados en su entorno natural, para ver a qué decidían jugar.

    Resultado: los niños que habían participado en la condición "recompensa esperada", jugaron mucho menos a pintar que los de los otros dos grupos.  El hecho de ser recompensados por algo que ya hacían porque les gustaba, hizo que disminuyera sus ganas de hacerlo.

    Implicaciones. 

    Cuando pensamos en nuestros peques (hijos, hermanas, sobrinas, nietos...) tendemos a creer que las recompensas externas (golosinas, regalos, juguetes, postres preferidos, unos eurillos para que se compren lo que quieran) es algo que va a funcionar siempre para hacer que estudien más, se porten mejor, recojan su habitación, lean por las noches...

    Y no estaríamos del todo equivocados en nuestro razonamiento. El problema es la asunción del siempre.

    Un refuerzo externo va a servir, y mucho, para conseguir que las personas empecemos a hacer tareas que así de primeras no nos apetecen demasiado (a quién le gusta estudiar cuando puede estar por ahí al aire libre).

    Pero, y siguiendo con el ejemplo del estudio, cuando nos metemos en la rutina del mismo, y vemos que  con ello sacamos buenas notas, aprendemos cosas, vemos que esas cosas nos sirven para entender otras de otros temas cuya relación nos era totalmente desconocida, con el consecuente subidón intelectual que a todos nos da de cuando en cuando (en el que nos sentimos personas más sabias, y ¡qué prestosa sensación es esa!), etc; es decir, cuando nuestra conducta de estudio pasa a estar intrínsecamente motivada, seguir siendo recompensados de manera externa va a ser contraproducente.

    Por eso, y a modo de cierre,  2 consejos:

    1. Ser cuidadosos con las recompensas externas. Abusar de ellas no es bueno.

    2. Fomentar en los demás la motivación intrínseca. En el ejemplo del estudio, una forma puede ser mostrando interés por lo que está aprendiendo el niño. Que nos cuente qué le llama la atención de lo que está estudiando, qué le gusta más, con qué lo relaciona, etc.  Sí, vale, esto conlleva bastante más tiempo  y dedicación que darle una chuche por cada tema que se estudie, pero os aseguro que la inversión merecerá la pena.

     

    Olaya Begara

     

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