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Olaya Begara (Corvera) y Alejandro Bascoy (Avilés), psicólogos.

Sobre este blog de Salud

Una mirada a la vida cotidiana desde el apasionante mundo de la psicología.


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  • 23
    Diciembre
    2016

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    Oviedo salud

    El efecto placebo (I): las pseudoterapias

    Hoy día, y gracias al método científico aplicado en las ciencias naturales, disponemos de diversos procedimientos eficaces para la mayoría de los problemas relacionados con la salud. Sin embargo, la medicina aún no ha desarrollado todos los remedios posibles para todos los problemas posibles. Este nicho, junto con la estelar contribución del efecto placebo, siguen permitiendo la existencia de terapias, a menudo absurdas, sin aval científico. Aquí defenderemos algo, a priori, polémico, y es que que su supervivencia se debe exclusivamente a una cosa: las pseudoterapias funcionan, y lo hacen gracias al efecto placebo.

     ¿Qué es pseudoterapia, qué es placebo, y cómo se relacionan?

    El matrimonio pseudoterapia – placebo supone uno de los amores más sólidos e indestructibles en las relaciones sanitarias. El placebo se puede desarrollar tal y como es en esta relación, y la pseudoterapia bebe de este para establecerse como procedimiento útil en ciertos casos.

    Entendemos por pseudoterapia cualquier práctica relacionada con la salud que no ha demostrado su eficacia, o sus postulados, en suficientes estudios científicos y de calidad. Dentro de este gran grupo encontramos disciplinas como la acupuntura, la homeopatía, las flores de Bach, el reiki o la aromaterpia, entre otras muchas más. Generalmente suelen acudir a su larga tradición y asentar en ‘filosofías’ de moda, como el budismo, el hinduismo, etc... Es decir, no han demostrado que sirvan para lo que dicen servir, pese a que en muchos de los casos es relativamente sencillo demostrar lo que defienden mediante el método científico.

    ¿A qué se debe, entonces, el éxito de estas prácticas? Se debe a que funcionan, pero este no es el tema. El quid de la cuestión es si funcionan por lo que dicen que funcionan, o simplemente se trata de un efecto placebo. Es importante señalar que este último es también una parte importante de los procedimientos que se han mostrado eficaces. Se ha calculado que alrededor de un 30% de los fármacos que se dispensan en las farmacias españolas no tienen contrastada su eficacia en ensayos clínicos.

    El efecto placebo está ligado a cualquier tipo de práctica terapéutica, sea esta eficaz o no. Además, el efecto placebo supone un alivio REAL del malestar y el dolor, e incluso de las enfermedades de algunas personas. Por tanto, es un error suponer que las terapias-placebo no provocan efecto alguno. Un ejemplo que nos ayudará a poner el contexto el poder del placebo es un estudio llevado a cabo por Taylor en 2007, donde se mostró que una cirugía simulada de rodilla podía llegar a reducir tanto el dolor como una cirugía verdadera.

    Por eso es tan importante acudir al método científico, con el fin de demostrar que la práctica en cuestión no solo genera algún efecto, que ya sabemos que sí, si no si este es superior o no al efecto placebo. Por ejemplo, en psicología, las terapias de exposición son consideradas efectivas para la agorafobia, porque su efecto supera al placebo.

    El efecto placebo (I): las pseudoterapias

    La mina de oro de las pseudociencias

    Es del efecto placebo del que todas las pseudociencias se nutren para continuar vigentes en la actualidad. Como hemos visto, cualquier práctica que creamos que nos va a funcionar, sobre todo en el terreno del dolor -por ser una percepción más subjetiva- , lo hará en mayor o menor medida. Un ejemplo claro es el de la acupuntura. Según los postulados de esta disciplina, para trabajar los dolores de espalda sería necesario localizar con cierta precisión el punto donde clavar las agujas. Este punto es llamado ‘Yinmen’ (puerta mágica). Además, estas agujas deben clavarse entre dos y cuatro centímetros de profundidad. Pues bien, un grupo de acupuntores comparó la eficacia del método tradicional con otro procedimiento donde las agujas se clavaban aleatoriamente, con el resultado de que ambos procedimientos funcionaban por igual. Es decir, daba exactamente lo mismo el punto donde clavases la aguja, a la profundidad que lo hicieras y siguiendo el patrón que quisieras.

    Conclusiones similares podrían obtenerse respecto a la homeopatía. Muchas personas encuentran en estos preparados, que incluso se venden en farmacias, la solución a sus dolencias. Dolencias que en todo caso son extremadamente susceptibles al efecto placebo (nerviosismo, insomnio, dolor). El caso de la homeopatía es aún más alarmante, ya que la concentración de su supuesto principio activo es irrisoria. Sería como una gota en un océano, insuficiente para que haga efecto alguno. Sin embargo, muchas personas se encuentran mejor tras consumirlo.

    Es la magia y el poder del efecto placebo, del que seguiremos hablando. En su lado positivo, muchas personas encuentran su solución a problemas que científicamente son casi irresolubles. Por otro lado, es el nicho perfecto para que múltiples pseudoterapias proliferen cuando, en el mejor de los casos, son mero teatro.

     

    Alejandro Bascoy

     

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