Blog 
PsicoactivaMente
RSS - Blog de Olaya y Alejandro

El autor

Blog PsicoactivaMente - Olaya y Alejandro

Olaya y Alejandro

Olaya Begara (Corvera) y Alejandro Bascoy (Avilés), psicólogos.

Sobre este blog de Salud

Una mirada a la vida cotidiana desde el apasionante mundo de la psicología.


Archivo

  • 14
    Agosto
    2016

    Comenta

    Comparte

    Twitea

    Oviedo salud psicología Esquizofrenia

    El enigma de la esquizofrenia

    ‘Cuando me estoy disolviendo, no tengo manos. Me meto en un pasillo para no ser pisoteado. Todo se va volando lejos de mí. En el pasillo puedo reunir los pedazos de mi cuerpo. Es como si algo se arrojara dentro de mí, y me reventara, ¿Por qué me divido a mí mismo en diferentes partes? Siento que carezco de estabilidad, que mi personalidad se funde, que mi yo desaparece y deja de existir. Todo me desgarra…La piel es el único medio posible para mantener unidos los diferentes pedazos. No existe conexión entre las diferentes partes de mi cuerpo’. Relato de un paciente esquizofrénico (The Image and Appearance of the Human Body’, P. Schilder).

    Delirios, alucinaciones, experiencias extrañas, desconexión de la realidad, comportamiento extravagante…son algunas de las características asociadas popularmente al trastorno mental por excelencia, a la quintaesencia de la psiquiatría moderna. La esquizofrenia, desde su aparición como categoría diagnóstica a finales del Siglo XIX, ha sido el centro de todo en lo que a salud mental se refiere. Los grandes avances en el conocimiento de otros trastornos no han estado acompañados de una mejor comprensión de la esquizofrenia, sobre la cual sabemos más o menos lo mismo que hace 120 años: nada en la versión más pesimista y muy poco en el extremo optimista.

    La locura ha sido uno de los campos que más atracción ha generado a lo largo de la historia del ser humano. Compitiendo desde los inicios con temas de especial relevancia como el origen del mundo, el universo o la razón de la existencia. Si bien alguna de estas cuestiones goza de mayor comprensión que antes, en parte gracias a esa maravillosa herramienta llamada ciencia, no ocurre lo mismo con eso a lo que denominamos ‘locura’, sobre la cual seguimos teorizando desde diferentes perspectivas -según la época- a ver si por casualidad apretamos el botón adecuado. Aunque la locura ha existido desde que el ser humano tiene conciencia, lo cual somos capaces de situarlo temporalmente entre la desaparición de los dinosaurios y la posible elección de Donald Trump como presidente de los EEUU (lo cual nos señalaría el fin de la conciencia humana), el conocimiento sobre la misma no ha avanzado mucho. Si acaso sabemos que ahora a la locura la denominamos, así a grandes rasgos, esquizofrenia, resultado de la aplicación del molde de la enfermedad mental de la que hablamos hace unas semanas.

    Si tuviéramos que elaborar una pirámide de trastornos mentales en base a su gravedad e importancia, no hay duda alguna de que en la cúspide se situaría la esquizofrenia. Conceptualizada como trastorno mental en la década de 1890, ha sido objeto de múltiples teorías explicativas y pruebas empíricas que no han triunfado a la hora de elaborar una explicación del trastorno. No resulta extraño el hecho de no encontrar causas a algo que aún hoy no sabemos muy bien qué es. Tanto la psiquiatría como la psicología clínica continúan, 120 años después, dando palos de ciego y re-elaborando la esquizofrenia en cada nueva edición de la Biblia de la salud mental: el DSM.

     ¿Qué es esquizofrenia?

    Enfrentarse a esta pregunta es enfrentarse a uno de los mayores enigmas de la psiquiatría moderna, y por ende a una de las mayores incógnitas que afectan al ser humano. Así de modestos somos. Como venimos diciendo, aún hoy no sabemos realmente qué es la esquizofrenia, no es una pregunta que en 2016 se pueda responder. Lo más que nos podemos acercar a la respuesta es una descripción de lo que en pleno Siglo XXI entendemos por esquizofrenia. Podríamos definirla como una sucesión de experiencias alucinatorias, delirantes y de desconexión del mundo y la realidad, con alteraciones en el discurso y una conducta extravagante o desorganizada. El problema es que la esquizofrenia no es sólo este conjunto de síntomas, y estos no son por sí solos esquizofrenia, ya que pueden aparecer en diversos trastornos y enfermedades de índole mental.

    Uno de los avances más provechosos en lo que a sintomatología esquizofrénica se refiere, ha sido el dividir los síntomas en dos: positivos y negativos. En contra de lo que la lógica nos ha hecho deducir ya, positivos aquí no se refiere a que ello sea provechoso para el sujeto, ni negativo a que sea perjudicial. Cuando hablamos de ‘sintomatología positiva’ nos referimos a aquellos fenómenos ‘añadidos’ a una experiencia normal, y que son generalmente los más llamativos (alucinaciones, delirios). Por 'sintomatología negativa' entendemos aquellos que deberían estar, y no están (anhedonia, apatía, aislamiento social). Por contraintuitivo que parezca, no es la sintomatología positiva la más preocupante, si no que es la negativa la que condicionará una mejor o peor recuperación y adaptación del sujeto.

    El enigma de la esquizofrenia

    Foto: Distribution d'Effluves avec Machine Centrale at Tableau Métrique, Robert Gie, 1916 (Distribución de Efluvios con máquina central y Tabla Métrica). Dibujo realizado por un esquizofrénico de su delirio de un aparato de influir. Con esta máquina los extraños eran capaces de inducirle ideas en su cabeza. 

    Sólo sabemos que sabemos muy poco

    Si bien en otros trastornos, aún aceptando la gran variabilidad, somos ligeramente capaces de encontrar patrones comportamentales más o menos universales (véase anhedonia, apatía o tristeza en depresión; activación fisiológica, catastrofismo en el espectro de la ansiedad, o un patrón de relaciones inestables y excesiva emocionabilidad en el trastorno de personalidad límite), no ocurre lo mismo con la esquizofrenia, que representa más bien un cajón de sastre. Han sido muchos los intentos por clasificar o encontrar diversos tipos de esquizofrenia: paranoide, catatónica, hebefrénica y desorganizada ha sido la última intentona (correspondiente al DSM IV), si bien en el DSM V es una clasificación ya sin validez.

    Al club VIP de disciplinas que tratan de dar explicación al complejo trastorno se ha unido -como a casi todo últimamente- el mundo neuro, con un éxito similar al de sus compañeros de viaje. Pese a que todos los años se re-descubran las claves de genéticas de la esquizofrenia (de hecho, todos los años se re-descubren las bases genéticas de muchos trastornos mentales) esto ha servido para más bien poco, reconociendo el enorme mérito y trabajo que existe tras los hallazgos, en un desconocido camino para lograr una mejor comprensión de eso que llamamos "esquizofrenia". Es cierto que el descubrir algunas relaciones cerebro-experiencia, como puede ser el exceso de dopamina con las alucinaciones ha permitido elaborar fármacos que anulen los perturbadores asaltos alucinatorios (obviando los enormes efectos secundarios).

    Explicaciones para todos los gustos

    Si ya nos es difícil el responder qué es esquizofrenia, no hablemos ya de intentar encontrar sus causas. Las explicaciones acerca del por qué del trastorno son casi infinitas, sin que ninguna de ellas haya sido aceptada como la explicación definitiva. Lo más correcto sería decir que no tenemos ni idea de por qué se da la esquizofrenia, si bien hay ciertas hipótesis que parecen marcarnos una línea a seguir, la mayoría provenientes del ámbito médico y psicológico. En una época de biologización del ser humano como la actual, en la que todo parece explicarse por el funcionamiento del cerebro y las neuronas, no podía faltar la hipótesis dopaminérgica. Siendo justos, esta supone una de las líneas de investigación más exitosas en esquizofrenia, aunque por sí misma no es capaz de pasar de una mera correlación, y ya hemos aprendido en posts anteriores que correlación no implica causalidad. Sin profundizar excesivamente en tal hipótesis, lo cual nos daría para otro par de artículos, esta postula que los pacientes esquizofrénicos tienen unos niveles anormalmente altos de dopamina en el cerebro.

    Podríamos seguir citando diversas hipótesis con diferente apoyo empírico hasta que nos cansásemos, pero acabaríamos llegando a la misma conclusión con la que empezaba el artículo. Tras más de 100 años de estudio sobre la esquizofrenia, los avances son especialmente preocupantes. No se ha logrado en absoluto una mayor comprensión de la experiencia esquizofrénica, lo cual nos tendría que hacer plantearnos si el modelo médico es el adecuado para la explicación de las experiencias humanas. No se trata de una crítica a un modelo que es en gran parte artífice de la gran calidad de vida de la que gozamos hoy día, sino una consideración de que quizá las experiencias psicológicas pertenezcan al mundo de la psicología, al mundo de lo social y relacional, y no al mundo de la enfermedad y lo biológico. Explorar otras vías podría llevarnos por fin a desvelar ese enigma que hoy día sigue siendo la esquizofrenia.

     

    Alejandro Bascoy

     

    Compartir en Twitter
    Compartir en Facebook