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Olaya Begara (Corvera) y Alejandro Bascoy (Avilés), psicólogos.

Sobre este blog de Salud

Una mirada a la vida cotidiana desde el apasionante mundo de la psicología.


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  • 14
    Mayo
    2016

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    Oviedo salud psicología infancia Conductismo

    La trampa del reforzamiento

    Imaginemos la siguiente situación:

    Pasamos con nuestro hijo/prima/sobrino/nieta por delante de un kiosco y, a pesar de que ya comió unas cuantas gomis hoy, insiste en que quiere más. Y ya sabemos que el "insistir" a determinadas edades, si reciben un "no" como primera respuesta, puede convertirse enseguida en lloros, gritos, aspavientos, etc.; es decir, una pataleta.

    Como además solemos ir con prisa a todas partes y como es natural a nadie le agrada ver a un niño llorar, muchos de nosotros optaremos por ceder y comprarle las chuches.

    Ya está.

    La trampa del reforzamiento

     

    Ya hemos caído en lo que Patterson llamó  "trampa del reforzamiento". Porque, como veremos a continuación, es muy probable que la siguiente vez que este pequeño quiera  gominolas, la rabieta que se pilla hasta que se las demos sea mayor.

    Cabe señalar, por si alguien quisiera buscar más sobre Patterson, que este autor, con su teoría de la coacción, estudió niños pertenecientes a poblaciones clínicas (esto es, con un diagnóstico de trastorno de conducta o de trastorno negativista desafiante, por ejemplo) y de forma más extensa, lo cual escapa a lo que quiero contaros hoy.

    No obstante, dentro de esta teoría, la "trampa del reforzamiento" es un concepto sencillo que explica muy bien por qué en muchas ocasiones, los más pequeños de la casa parecen usar la rabieta como modo de conseguir lo que quieren, en vez de otras formas de comportamiento más adecuadas.

    2 conceptos clave: refuerzo positivo y refuerzo negativo

    Para comprender esta trampa, necesitamos entender estos dos conceptos básicos de la psicología del aprendizaje. Para empezar,  saber que ambos tipos de reforzamiento lo que hacen es aumentar  la probabilidad de que una conducta se lleve a cabo, aunque de maneras distintas.

    -Refuerzo positivo.

    Aumenta la probabilidad de una conducta porque a su realización le siguen consecuencias positivas (algo que nos resulta agradable, apetecible).

    En nuestra situación imaginada, el niño que con la pataleta (conducta) consigue las chuches que quería (consecuencia apetecible), es muy probable que en la próxima ocasión en la que quiera algo y de primeras le digan que no, emplee la conducta que ya le ha funcionado en otras ocasiones (la pataleta) para conseguirlo.

    -Refuerzo negativo.

    Aumenta la probabilidad de una conducta porque el realizarla conlleva la eliminación de algo negativo (algo que nos disgusta, nos desagrada).

    En nuestro ejemplo, el adulto que al final compra las gominolas (conducta), lo hace para acabar con una situación desagradable para él (la pataleta). Así, es también muy probable que en la próxima situación en la que el menor comience con su enfado, el adulto ceda para acabar con el malestar.

    ¿Veis por qué Patterson hablaba de trampa?

    Este juego de refuerzo positivo en el niño y negativo en el adulto puede llevar a un círculo vicioso donde lo que conseguimos con nuestra cesión es el aumento de las rabietas en una próxima ocasión.

    Es decir, aunque a corto plazo adultos y niños ganamos (los primeros porque acabamos con la rabieta y los segundos porque van a disfrutar de unas deliciosas gominolas), a largo plazo esto puede acabar afectando a las relaciones entre ambos, ya que pasar una y otra vez por el ciclo negación-pataleta-cesión no es algo agradable.

    ¿Qué hacer entonces para disminuir este tipo de interacciones?

    Aquí entra en juego otro concepto básico: la extinción, que en psicología se refiere a no reforzar una conducta. En este caso,  no prestar atención a la pataleta y  por tanto no ceder y comprarle las chucherías.

    Y además, para no tirar la toalla al primer intento, es clave entender un fenómeno conocido como "estallido de extinción": si el menor con sus enfados consigue lo que quiere, es normal que la primera vez que esta estrategia no le funcione, su enfado aumente considerablemente antes de  empezar a disminuir, cuando comprenda que su conducta no va a ser reforzada (no hay gomis).

    Combinar la extinción con el refuerzo positivo de una conducta alternativa (por ejemplo, felicitarle pasado un tiempo del final de la rabieta por su buen comportamiento) es la mejor manera de instaurar conductas más adecuadas en los más pequeños.

     

    Olaya Begara

     

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