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Olaya y Alejandro

Olaya Begara (Corvera) y Alejandro Bascoy (Avilés), psicólogos.

Sobre este blog de Salud

Una mirada a la vida cotidiana desde el apasionante mundo de la psicología.


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  • 28
    Mayo
    2016

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    salud psicología lenguaje ACT

    Los pensamientos son solo pensamientos

    "Pues vaya un título más absurdo", podéis pensar. "¿Qué van a ser si no los pensamientos, cosas?" Vale, probad a pensar en algo que os encante (el recibimiento de vuestra mascota cuando volvéis a casa, el recuerdo del primer beso, el ascenso a primera de vuestro equipo de fútbol, la última fiesta de cumpleaños que celebrasteis, vuestro plato favorito, el concierto al que vais a ir el mes que viene, la escapada de fin de semana que tenéis programada...). ¿No "sentís cosas"? ¿No parece que está ocurriendo ese momento ahora mismo? Se nos ilumina la cara, puede que incluso nos demos cuenta de que estamos sonriendo.

    Pues son solo palabras e imágenes. Nada más.

    Lo mismo ocurre con el pasado y el futuro.

    Si nos paramos a reflexionar, sabemos que ni el uno ni el otro existen en cuanto a que sólo hay presente. Podríamos decir que el pasado son recuerdos y el futuro predicciones. Pero no son algo tangible, físico, no los podemos vivir. Sólo vivimos el presente. Aunque esto lo sabemos, lo cierto es que muchas veces estamos centrados en cualquier momento menos en el único que existe: el presente.

    Al repasar una y otra vez una conversación dolorosa con un familiar, un encontronazo con una amiga o un examen horrorosamente complicado, estamos enganchados en palabras e imágenes que aún sin existir (físicamente), nos producen desasosiego, malestar, nerviosismo, dolor...

    Ocurre exactamente lo mismo con el futuro: "este examen lo voy a suspender", "no voy a poder encontrar el trabajo que quiero", "tengo una reunión super importante la semana que viene, seguro que algo sale mal". Nuevamente, son simples palabras, pero las sentimos como si ya lo estuviéramos viviendo.

    Los pensamientos son solo pensamientos

    El poder del lenguaje, para lo bueno y para lo malo

    Es innegable que el desarrollo del lenguaje nos ha permitido desarrollarnos como especie de una forma espectacular. La posibilidad de simbolizar mediante las palabras objetos y realidades físicas supuso una enorme ventaja adaptativa.

    En el entorno en el que vivían los primeros humanos, resultaba  vital estar "fusionado con las palabras", es decir, no distinguir entre una palabra y el objeto físico real que simboliza. Por ejemplo, cuando nuestros primeros antepasados oían a otros miembros de la tribu gritar que se acercaba un grupo de leones de las cavernas, suponía la diferencia entre vivir o morir responder a las palabras "león de las cavernas" como si estuvieran viendo a uno de carne y hueso; es decir, huyendo.

    Pero esta capacidad de relacionar palabras-objetos-eventos, tan útil antaño como hoy en día para tantas cosas, es también la que explica por qué cuando pensamos en algo que nos "hace daño", físicamente sentimos ese dolor en nuestro cuerpo. Y por qué experimentamos el pasado y el futuro como si realmente estuvieran ocurriendo, con todo lo que ello conlleva. 

    ¿Qué hacer entonces? Trabajando la desliteralización

    Antes de nada, perdón por la palabreja. Los psicólogos (como imagino ocurre en todas las profesiones) empleamos en ocasiones términos que creemos son de "dominio público" para luego darnos cuenta de que sólo existen en nuestra jerga profesional.

    Y todo parece indicar que "desliteralización" es una de ellas; me entró la sospecha y decidí buscarlo en el diccionario: no aparece. Y al googlear la palabra, los resultados que salen se refieren a las terapias contextuales, como la  "Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT)".

    Pero bueno, lo cierto es que es una buena palabra, porque indica exactamente lo que tiene que indicar: des-literalizarse, es decir, tomar distancia con las palabras. Las palabras son palabras, en nuestra mano está decidir cómo nos afectan.

    Y desde la ACT nos proponen diferentes ejercicios que podemos poner en práctica para trabajar esto de la desliteralización. Aquí os presento uno de ellos:

    La cabalgata

    "Vamos a imaginarnos una cabalgata de carnaval, donde todos los personajes que desfilan portan carteles en blanco. Y vamos a llenar esos carteles con todas las sensaciones, pensamientos y recuerdos que nos vengan mientras hacemos el ejercicio.

    Lo único que tenemos que hacer es contemplar cómo los participantes desfilan llevándose con ellos los carteles que hemos cargado con nuestros recuerdos, pensamientos y sensaciones.

    Si vemos que nos quedamos enganchados en alguno de los carteles, debemos situarnos nuevamente como espectadores de la cabalgata".

    Como podéis ver, este ejercicio se hace para practicar el hecho de darnos cuenta de que nos hemos enganchado a un pensamiento, sensación o recuerdo, y para practicar una posición de distanciamiento (de desliteralización).

    Ahora que sabemos las luces y sombras del poder de las palabras, corre de nuestra cuenta tratar de no quedarnos fusionados con ellas.

     

    Olaya Begara

     

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