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Olaya Begara (Corvera) y Alejandro Bascoy (Avilés), psicólogos.

Sobre este blog de Salud

Una mirada a la vida cotidiana desde el apasionante mundo de la psicología.


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  • 02
    Abril
    2016

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    salud psicología

    No pienses en un oso polar

    Vamos a hacer un pequeño experimento; la instrucción es sencilla: "durante el próximo minuto piensa en lo que quieras salvo en un oso blanco". Veamos, ¿Fuiste capaz de no pensar en él?, ¿no? Prueba otra vez. ¿Qué? ¿Qué tal? ¿Has pensado de nuevo en el dichoso oso blanco, pudiendo incluso habértelo imaginado más nítidamente?

    Despreocúpate, le pasa a todo el mundo. Por ejemplo, en 1987 el psicólogo Daniel Wegner pidió a los participantes en su experimento pensar conscientemente en lo que quisieran, durante cinco minutos, con la condición de no pensar en un oso polar. A pesar de las instrucciones, los participantes pensaron más de una vez por minuto en nuestro blanco amigo.

    Después se les pidió pensar conscientemente en un oso polar, en comparación con otro grupo (grupo 2) , al que se le pidió lo mismo, pero que no había participado en la primera parte del experimento (es decir, este grupo 2 no recibió la instrucción inicial de "no pensar en el oso blanco"). El resultado fue también muy claro: los participantes del primer grupo pensaron muchas más veces en el oso polar que los del segundo.

    No pienses en un oso polar

    Y esto, ¿por qué ocurre?

    Se han propuesto muchas teorías, pero ya que el "experimento base" fue el del Dr. Daniel Wegner, aprovecharemos la suya para explicar este fenómeno. Este autor habla de  un "mecanismo de control mental irónico bimodal"; para entendernos, podríamos decir que una parte de nuestra mente trabaja intencionalmente, es consciente y voluntaria;  y la otra parte (la irónica) es un proceso de supervisión involuntario y no consciente.

    Pues bien, aplicado a nuestro oso blanco, la parte consciente de nuestra mente estaría cumpliendo bien con la instrucción de no pensar en el susodicho animal; pero, a la vez, la mente irónica, como buena supervisora, estaría atenta a cualquier contenido que indicara un fracaso por conseguir nuestro objetivo (no pensar en el oso): es decir, estaría atenta a cualquier pensamiento relacionado con el oso blanco y por tanto (irónicamente), haría que ese pensamiento apareciera de nuevo en nuestra mente.

    Llegados a este punto uno podría plantearse: todo esto es cuanto menos curioso, sí, pero, ¿para qué me puede servir en mi día a día?

    La respuesta parece algo más clara si cambiamos al oso blanco por "la discusión con mi pareja", "el examen que tengo la semana que viene", "el disgusto que me llevé el otro día", etc. etc.  Todos tenemos una larga lista de recuerdos dolorosos, dificultades, frustraciones y miedos en los que nos quedamos "enganchados" alguna vez, tratando de no pensar en ellos por lo mal que nos hacen sentir para descubrir sorprendidos que el efecto obtenido es el contrario: no se nos van de la cabeza.

    Saber que intentar suprimir estos pensamientos no siempre sirve, y que con bastante probabilidad nos llevará a pensar aún más en ellos, nos pone sobre la pista de qué podemos hacer (o más bien dejar de hacer) con ellos. La clave está en aprender a priorizar y a relativizar la importancia de estos pensamientos, y entender que los pensamientos son sólo eso, pensamientos; meras palabras, ideas e imágenes, no algo tangible a lo que podemos aferrarnos o que debemos (o podemos) controlar en todo momento y bajo cualquier circunstancia.

    En un mundo donde en general se considera muy positivo tener el control sobre las cosas (pensamientos incluidos) como forma de tener el control sobre nuestra vida, es bueno saber que si intentamos suprimir activamente determinados pensamientos, es bastante probable que se nos llene la cabeza de osos blancos.

     

    Olaya Begara

     

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