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Olaya y Alejandro

Olaya Begara (Corvera) y Alejandro Bascoy (Avilés), psicólogos.

Sobre este blog de Salud

Una mirada a la vida cotidiana desde el apasionante mundo de la psicología.


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  • 05
    Febrero
    2017

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    salud psicología ACT Valores

    Orientarse a valores

    Ya ha pasado un mes desde el inicio del año..¿Cuántos propósitos de año nuevo habéis incumplido (o al menos digamos que "modificado ligeramente")  a estas alturas? Personalmente, he de reconocer mi estrepitoso fracaso con el clásico "ir al gimnasio al menos 3 veces por semana". Ahora en Febrero me pongo al día, seguro.

    Cierto es que aún es pronto para haber cambiado muchos más, pero no me cabe la menor duda que si hiciéramos un resumen del 2017 a finales de año, veríamos que hay varios "propósitos de año nuevo" que o no se han alcanzado o se han transformado tanto que son prácticamente irreconocibles.

    Las personas nos pasamos la vida haciendo planes, marcándonos objetivos  y metas de todo tipo y condición, muchas de las cuales no llegamos a cumplir. Ya os adelanto que está bien, no pasa nada. El caso es ir moviéndose en la dirección que te has marcado, aunque a veces sintamos que estamos dando un rodeo de campeonato.

    Es por esta condición intrínsecamente humana de trazar un camino (o varios) en nuestra vida, que hay un concepto  de las llamadas "terapias contextuales"  que me gusta especialmente: los valores. De una forma u otra, todas las corrientes existentes en psicología han tocado este concepto, pero es indudable que son estas terapias contextuales (sobre todo la Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT)) las que han vuelto a poner el foco en ellos, otorgándoles un papel protagonista.

    Desde esta terapia, cuando se habla de valores, no hablamos de grandes principios universales que son importantes y apreciados por todas las personas. En ACT, podríamos decir que los valores son "personales e intransferibles", pues se refieren a los aspectos que cada persona considera valiosos en su vida.

    Los valores son nuestras direcciones vitales globales, libremente elegidas, pero que no tienen fin (nunca llegan a alcanzarse). Serían algo así como el horizonte: nunca llegamos a él por mucho que caminemos en su dirección, pero nos sirve como punto de referencia para no perdernos.

    Pongamos un ejemplo.

    Un valor que alguien puede tener es el de ser una buena madre/un buen padre. De acuerdo con lo aquí expuesto, esto es algo que realmente nunca podremos alcanzar, en el sentido de que siempre quedará algo por hacer que nos hará seguir mejorando como padres y madres. Lo que sí que podemos hacer, teniendo como horizonte este valor, es ir moviéndonos en la vida con acciones que nos encaminen a ello: desde las más básicas (darles a nuestros hijos comida, techo, abrigo y afecto) a cualesquiera que se os puedan ocurrir (transmitirles amor por la literatura, el cine y el teatro, mandarles a un colegio con tal o cual característica, llevarles a este o a aquél país para que conozcan diferentes culturas, educarlos en la igualdad, inculcarles una conciencia medioambiental potente...).  Como veis, las posibilidades son infinitas.

    ¿Para qué nos puede servir esto?

    La vida da muchas vueltas. Esto es una realidad. Por eso, reflexionar sobre cuáles son nuestros valores (por ejemplouno que tengo claro es el de "ser una buena psicóloga") y poder incorporarlos de forma consciente a nuestras vidas puede servirnos de brújula para no perder el norte y saber hacia dónde queremos ir.

    Orientarse a valores

    Esto no es fácil, puesto que vivir orientado a valores implica que habrá momentos (o incluso épocas), en las que experimentaremos sufrimiento, malestar y unas ganas enormes de tirar la toalla y dedicarse a otra cosa menos costosa. Unos valores más o menos claros nos ayudarán a seguir actuando a pesar del malestar, puesto que sabremos que seguimos en la dirección elegida.

    En relación a esto último y para ir cerrando, (y también porque, para qué engañarnos, soy muy fan de las metáforas que usa la ACT) os dejo ésta de la tortuga, para haceros pensar un poquito.

    "Imaginaros una tortuga que se dirige hacia su cueva, donde están sus crías, el resto de tortugas...Pero la tortuga, cada vez que llueve, cuando sopla el viento, cuando se topa con piedras, se mete en su caparazón. A veces sale del caparazón, avanza un poco, pero en cuanto ocurre a su alrededor algo inesperado (aparece una mariposa, oye un trueno..) se mete dentro del caparazón. ¿Creéis que de esta forma puede alcanzar lo que pretende? A lo mejor la alternativa es avanzar con todo el cuerpo fuera, en pleno contacto con el suelo, abierta a todo lo que pueda surgir en ese camino, notando todo lo que surja mientras avanza en dirección a sus crías, el resto de tortugas...Probablemente no le gusten muchas de las cosas que estén en ese camino, o tal vez sí, pero eso es totalmente distinto de su compromiso de avanzar por el sendero..."

     

    Olaya Begara

     

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