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Olaya y Alejandro

Olaya Begara (Corvera) y Alejandro Bascoy (Avilés), psicólogos.

Sobre este blog de Salud

Una mirada a la vida cotidiana desde el apasionante mundo de la psicología.


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  • 19
    Noviembre
    2016

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    Oviedo
    salud

    ¿Qué es, y qué no es, psicología?

    Una de las cosas que descubre uno a medida que profundiza en el estudio de la psicología es que las cosas son mucho más aburridas de lo que parece. La nuestra es una disciplina rodeada de mitos y estereotipos que equiparan al psicólogo a una especie de Dios de lo mental, a un juez de la conducta y la objetividad. Alguien a quien consultarle si lo que ha hecho Pepito está bien o mal hecho, o si estamos educando de la manera correcta a nuestros hijos. O qué significa que todos los sábados sueñe con un arbol que me habla de gastronomía ancestral de la isla de Madagascar. Alguien que está por encima de las emociones, que ni siente ni padece, ni mucho menos podría caer en una depresión. Siento defraudar, pero en la carrera no tenemos una asignatura que se llame "Interpretación de los sueños", ni "Como educar de manera correcta a un niño", ni "Juicios sobre si las personas hacen cosas bien o no". Tampoco teníamos como optativa "El truco para no estar triste y no tener depresión". Así que, como psicólogo, el único consejo que puedo darte es que desconfíes de quien use su título para rodearse de misterio y abordar todas estas cuestiones, que en el mejor de los casos no serán más que palabras bonitas,fantasías. Este es un artículo personal, con opiniones personales, de cómo uno descubre que la psicología no se parece en nada a la magia, y no podría estar más agradecido por ello.

    La psicología es una ciencia que estudia la conducta y los procesos mentales de los seres humanos. Que sea una ciencia quiere decir que usa procedimientos objetivos y verificables para explicar las causas y los principios que rigen la conducta de un ser humano. Es decir, un psicólogo explica por qué una persona actúa, se comporta y piensa de determinada forma, cosa que no podría llevar a cabo sin conocer una multitud de condicionantes contextuales. Estos condicionantes contextuales, que van desde a qué hora se levanta hasta la propia biología del individuo, pasando por quien gobierna el país en esos momentos; no se podrían conocer sin la colaboración del sujeto. Y ya está, esto es lo que un psicólogo, siguiendo la metodología científica, puede llegar a hacer. No se juzga sobre si el comportamiento de un sujeto es correcto o no, de eso se encarga el derecho o la filosofía, dependiendo de si nos movemos en un terreno moral o judicial. En un caso de depresión, un psicólogo ayudará a identificar las causas que han llevado a la persona a entrar en ese estado, y desarrollará, cambiará e implementará conductas que le saquen del mismo. En un caso de adicción al alcohol, un psicólogo ayudará a identificar las causas que han llevado a la persona a desarrollar una dependencia al alcohol, e implementará conductas que ayuden al sujeto a no seguir consumiendo y a evitar una recaída futura. Si estás triste y no sabes por qué, el psicólogo te ayudará a identificar las causas y a desarrollar conductas para ponerle remedio. Y así sucesivamente. Nótese que hago referencia casi exclusivamente al ámbito de la terapia individual. Otros campos como la psicología social, educativa o metodológica requerirían un análisis mucho más amplio y se centran en otras funciones.

    ¿Qué es, y qué no es, psicología?

    El problema de los psicólogos que no hacen psicología

    Es difícil resistirse a ese aura de la psicología que te ampara para opinar de todo lo relacionado con sentimientos, sueños y demás 'misticosas'. Uno de los mayores problemas de la psicología reside en los propios psicólogos, que con la intención de aumentar su cuenta bancaria, su prestigio o su propio ego utilizan y manipulan la disciplina para soltar cualquier ocurrencia personal, como que Hitler necesitaba mucho amor. ¿Cómo cambiar la imagen de la psicología, si son los propios psicólogos los que no tienen interés en ello?

    Venderse a la industria de la felicidad, del buenrollismo o de lo místico tiene muchas ventajas. Son temas que a la gente le gusta escuchar, que les descubras sus sentimientos ocultos, que les des respuesta al por qué de sus sueños, que otorgues significado a algunas de sus vivencias pasadas. El que sea verdad o no es secundario, que la realidad no te estropée una bonita historia. Asociado a esto, tu popularidad crecerá, pondrán tus frases en PowerPoint motivacionales y te invitarán a coloquios de emprendedores. Por supuesto, tu cuenta bancaria te lo agradecerá. Te puedes abrir una cuenta en Twitter y poner frases bonitas todos los días. Sin embargo eso conlleva una gran desventaja: no estás haciendo psicología. No solo eso, si no que estás prostituyendo a la psicología a base de literatura barata. Estás rebajando una ciencia a la categoría de la charlatanería, y la charlatanería siempre va a tener más seguidores que una disciplina honesta y bajo el amparo de la metodología científica. La ciencia es más aburrida que la magia, y vende menos.

    Tu popularidad crecerá exponencialmente y venderás un millón de veces más que aquel psicólogo experimental que trabaja con programas de contingencia con un ratón en su laboratorio. Este último quizás se acerque a la manera en que los jugadores patológicos desarrollan su adicción a las tragaperras. Tu frase saldrá en una taza de café, que es muy lícito y admirable. Tú tendrás un programa semanal en televisión y el psicólogo saldrá, como mucho, en un periódico local. Allá cada cual con sus objetivos vitales, pero la principal diferencia es que uno hará psicología y el otro pregonará que hace psicología cuando no es así.

    No se trata de jugar a ser el juez supremo de la psicología, ni decidir qué es psicología y qué no lo es. Se trata de defender la seriedad y el rigor de una disciplina, siguiendo la línea de objetividad que ha sido la fuente primaria de descubrimientos y beneficios a favor del ser humano. Hoy tenemos la capacidad de usar múltiples herramientas psicológicas para múltiples problemas psicológicos, y muy pocas de ellas provienen de autores 'best-seller' en su época. Situemos la admiración en quien juega a favor del ser humano y la psicología, y no a favor de su propio ego.


    Alejandro Bascoy

     

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