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Olaya Begara (Corvera) y Alejandro Bascoy (Avilés), psicólogos.

Sobre este blog de Salud

Una mirada a la vida cotidiana desde el apasionante mundo de la psicología.


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  • 21
    Mayo
    2017

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    Oviedo salud

    ¿Somos realmente libres?

    Entendida como la capacidad de tomar nuestras propias decisiones, de ser autónomos a la hora de decidir nuestro futuro o nuestras acciones, la libertad ha sido uno de los temas estrella de la filosofía y la psicología desde sus inicios. No pretendemos dar una respuesta al si somos o no libres, básicamente porque es una cuestión irresoluble y en la que no hemos sacado muchas cosas en claro tras más de 2000 años dándole vueltas a la cuestión. Nos conformaremos con que el artículo os haga reflexionar y cuestionar vuestra propia libertad de elección, la cual podría no ser más que una ilusión.

    Si hablamos de libertad en nuestra manera de comportarnos, tenemos que analizar primero cual suele ser la justificación que damos a las cosas que hacemos. El “yo hago esto porque quiero” o “porque me gusta” no es más que una explicación circular, que no aporta nada al hecho de por qué yo hago lo que hago. Lo hago porque me gusta, y como me gusta, pues lo hago. Para empezar a realizar un análisis mínimamente profundo tendríamos que dar otro paso y pasar a preguntarnos por qué nos gusta lo que nos gusta, y si esto es una creación genuina nuestra o es producto de lo que hemos vivido a lo largo de nuestras vidas.

    Pese a que ya se han dado muchas vueltas sobre el tema, y aún a riesgo de parecer repetitivo, podríamos acudir al campo de la estética y la ropa: de la moda. Por ser este un campo donde la influencia social se concreta y materializa en un objeto bastante restringido y concreto como son las prendas de ropa, es más sencillo hacer un análisis de por qué nos gusta llevar un tipo de ropa y no otra. Además, solemos acudir con mucha rapidez al “me visto así porque me gusta”. Obviamos de esta manera la tremenda influencia social que nos hace llevar una cosa u otra. Vaya, es una tremenda casualidad que a todos nos hayan empezado a gustar de repente los pantalones de pitillo y nos hayan dejado de gustar los pantalones de campana. También hemos coincidido en que la barba está de moda, y los peinados son muy parecidos porque, bajo nuestra libertad personal, hemos coincidido azarosamente. La hipótesis que intentaremos defender aquí es que somos mucho menos libres de lo que creemos, y quizá podamos sondear la idea de que la libertad solo es una ilusión del ser humano, una metáfora que usamos para dar cuenta de aquellos aspectos o causas de nuestro comportamiento que no somos capaces de encontrar.

    ¿Somos realmente libres?

     

    Libres para elegir en un mundo que nos marca el camino

    Pese a ser uno de los pilares de la filosofía clásica, la cuestión de la libertad se ha ido perfeccionando o adquiriendo información de otros campos del saber a lo largo de los años. Es precisamente la psicología, y concretamente la escuela conductista, la que más datos nos puede aportar a la hora de analizar la cuestión de la libertad humana. Los principios del aprendizaje humano y animal postulados desde el conductismo nos abrieron un gran campo de estudio y supusieron el principal avance en el conocimiento de por qué nos comportamos como nos comportamos. La principal conclusión que podemos sacar acudiendo a las bases filosóficas del conductismo es que somos mucho menos libres de lo que pensamos, y que nuestro comportamiento (entendiendo por comportamiento nuestros pensamientos, también) está tremendamente influido por el ambiente, por las circunstancias que nos rodean, por nuestra historia de aprendizaje y por la cultura en la que estamos inmersos. Hablando claro, nos vestimos como nos vestimos porque hemos nacido en España y no en la República Democrática del Congo. Por eso mismo nos gusta el fútbol y no el criquet, por eso mismo nos gusta la tortilla de patata y no los saltamontes fritos. Por supuesto, podemos encontrar miles de excepciones a los ejemplos citados, y es que cada uno de nosotros, aun siendo hijo de una cultura general, ha estado expuesto a diferentes contingencias a lo largo de su vida: y por eso por mucho que nos parezcamos y tengamos patrones generales de comportamiento, es inevitable que cada uno de nosotros tengamos nuestras particularidades. No hay por qué asumir estas como fruto de una suerte de ‘libertad’, si no como producto de las diferentes experiencias que vivimos. Incluso dos hermanas gemelas estarán expuestas a diferentes ambientes (distintos novios/as, distintas amigas, distintas experiencias).

    ¿Somos libres, o nos sentimos libres?

    Por si quedaban algunas dudas, los principios científicos del aprendizaje apuntan a que, de existir, nuestra libertad de elección sería una parte casi insignificante de nosotros mismos. En este sentido, el psicólogo B.F. Skinner, principal representante de la escuela del conductismo y preocupado por la cuestión de la libertad humana propuso la importante distinción entre ser y sentirnos libres. De hecho, para Skinner, la libertad como tal sería una cuestión innecesaria e inabordable, en el sentido en que la ciencia de la conducta ha permitido predecir la conducta humana y animal casi en su totalidad, en un ambiente controlado, claro. La cuestión es que estamos rodeados de tan infinitos estímulos en cada momento, y todos ellos con una influencia directa en nuestro comportamiento (el maullido de nuestro gato, un fuerte ruido de un vecino, una nube que oscurece la luz, una llamada inesperada) que sería imposible predecir al 100% nuestra conducta, y es ahí de donde surge nuestra ilusión de libertad, el sentirnos libres.

    Sin embargo, ¿quiere decir que nuestro comportamiento, aun estando gobernado por determinadas reglas, no tenga un cierto componente de libertad? Esta es la cuestión actual a resolver, pero hay una cosa que sí podemos sacar en claro: si existe algo parecido a la libertad, el camino hacia ella pasa por conocer por qué nos comportamos como nos comportamos, y este ‘por qué’ se acerca mucho más a lo que la sociedad espera de nosotros y nos ha reforzado y castigado a lo largo de nuestra vida, que de una creación o apetencia genuina nuestra. Reconocer que llevamos pantalones de pitillo porque es la moda social, y no “porque nos gusten” nos hace más libres, aunque la libertad puede que solo sea aquello con lo que nombramos a lo desconocido, y lo máximo a lo que aspiremos sea a conocer las causas de nuestra conducta, y no a gobernar la misma.

     

    Alejandro Bascoy

     

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