Blog 
Sociedad Anónima
RSS - Blog de Eduardo Lagar

El autor

Blog Sociedad Anónima - Eduardo Lagar

Eduardo Lagar

Soy periodista de LA NUEVA ESPAÑA. Si quieres ponerte en contacto conmigo: llagar@epi.es

Sobre este blog de Asturias

Historias encontradas entre la avalancha de la actualidad


Archivo

  • 10
    Septiembre
    2015

    Comenta

    Comparte

    Twitea

    Oviedo asturias

    Amancio Ortega en el Vaticano

    Hasta ayer pensaba que lo único que realmente diferenciaba a un pobre español de un rico español -ambos católicos, se supone-, era que el rico siempre podía obtener la nulidad matrimonial y volver a contraer (ojo, se usa el mismo verbo que con las enfermedades) ante los ojos de Dios. La nulidad se me hacía algo que había que pagar con muchísimo dinero y moviendo más influencias aún. La mayoría pobre española teníamos que contar con que en la vida matrimonial sólo teníamos un tiro disponible. Lo demás era pólvora mojada a los ojos de Dios. Gatillazos, que se dice. A los niños que aún fuimos a la catequesis, era lo que nos decían: hay que acertar a la primera. No se puede repetir. Y era una angustia existencial, la verdad.

    Luego ya vimos que no. Que mayormente no sólo Dios, sino que también Cupido escribe con renglones torcidos. Y que siempre cabía un borrón y cuenta nueva. Y que las reescrituras del asunto amoroso, además, pueden resultar mucho mejor que las primeras versiones.

    Pero en el fondo de mi conciencia queda el resquemor de aquella segunda oportunidad que daba el Tribunal de la Rota y a la que no teníamos acceso el común de los mortales. Como la nulidad era tan cara y había que tener tantos amigos influyentes para que hicieran el milagro de disolver lo indisoluble, yo imaginaba el logro de esa carta canónica de libertad como el producto más inalcanzable que podía haber en el mercado de las cosas morales. Era algo a lo que sólo podían aspirar las clases más altas de este país. O las folklóricas y alguna que otra hembra del papel cuché, -y alguna real hembra ahora que caigo- que pasaban por el tribunal eclesiástico como la que va al cirujano plástico. Y así podían volver a pasar por el altar con el himen legalmente reconstruido por un doctor en Derecho Canónico. Los pobres, en tanto, tras fracasar en el matrimonio, estábamos condenados a vivir en pecado, en un revuelto de deseos ilegales.

    Todo ese infierno vivíamos y en él nos abrasábamos hasta que llegó el Papa Francisco, responsable en el Vaticano del círculo de Podemos. Llegó Francisco y mandó abaratar y simplificar el proceso de nulidad matrimonial. Ahora todos podemos acceder de una manera exprés a ese imposible que se desata cuando los hombres logran deshacer lo que Dios ha unido. Bergoglio es un figura. Bergoglio es el mejor. Este Papa es al catolicismo lo que Amancio Ortega a la religión de la moda. Catolicismo de bajo coste para todos. Y eso está muy bien porque todo el mundo sabe que las tiendas de Zara han hecho más que nadie en este mundo por acabar con las diferencias de clases. Gracias a ellas, sí que todos los hombres y mujeres somos iguales. O, al menos, lo parecemos. Igual Bergoglio, en una de éstas, consigue que lleguemos a creer en Dios.

     

    Compartir en Twitter
    Compartir en Facebook