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Eduardo Lagar

Soy periodista de LA NUEVA ESPAÑA. Si quieres ponerte en contacto conmigo: llagar@epi.es

Sobre este blog de Asturias

Historias encontradas entre la avalancha de la actualidad


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  • 25
    Enero
    2016

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    Oviedo asturias

    Maldita política apasionante

    Comienza el segundo tiempo del partido para elegir presidente del Gobierno. Segunda semana de consultas en La Zarzuela. Nunca en la democracia española, ni siquiera en los míticos tiempos de la Transición, resultó tan difícil sentar a alguien en el despacho de La Moncloa. Tan difícil y tan apasionante. De aquí al miércoles, cuando el Rey vuelva poner el balón en el terreno de juego, cabrán mil teorías, posibilidades, preguntas sin respuesta, declaraciones, hipótesis, estrategias.

    Estamos inmersos en el desarrollo de un relato enormemente abierto, cargado con una densa intriga, propia de un best-seller. En cualquier momento podemos acabar comiendo perdices o como el rosario de la Aurora. O las dos cosas a la vez. O ninguna. Hay personajes suficientemente contrastados que se anulan y se reactivan entre sí. Entran y salen de escena políticos y politólogos, tertulianos y encuestadores, banqueros y expresidentes. Todos se cruzan sobre el escenario a un ritmo vertiginoso, cada uno va con su cachito de trama a cuestas y clava su proclama en el muro del gran guirigay nacional. El hilo argumental se retuerce y se hace nudos. Se escuchan de fondo imperiosos relojes: los plazos constitucionales, la llamada de unas nuevas elecciones… Un gran culebrón. Bravo.

    ¿Pero cuál es, en realidad, el fondo del relato? ¿Formar Gobierno, gobernar, cambiar el país? Que nadie se engañe. Esto no tiene nada que ver con nosotros, los ciudadanos. Aún no han bajado a ese nivel. La crisis y la recuperación pueden esperar. Estamos en una fase previa: es una guerra de partidos por conservar o alcanzar la hegemonía política. Esto es una pura disputa por el poder puro. Una contienda para hacerse con el balón, con el “núcleo irradiador”, como tuiteó aquel líder de Podemos una noche que iba pedo. Llevan años advirtiéndonos que estamos en uno de esos momentos históricos en los que lo viejo no ha muerto y lo nuevo no ha nacido aún. Pues bien, ya está naciendo. Y estos son los dolores del parto.

    Hay mucho ruido, mucho. Pero, en realidad, sólo hay una pregunta que responder: ¿cuánto va a durar la conspiración palaciega? Una pregunta pertinente para un único peligro: que esa entretenidísima conspiración, ese juego de tronos, se convierta en el argumento exclusivo de la obra. Apasionante política, sí. Pero maldita política apasionante. Eooo, seguimos aquí. Cuando tengan un rato, acuérdense de nosotros, los náufragos de la crisis.

     

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