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Terminado, el libro empieza
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Blog Terminado, el libro empieza - María José Barroso Crespo

María José Barroso Crespo

He vivido siempre entre palabras como periodista, documentalista, escritora ocasional y eterna aspirante a bibliotecaria.

Sobre este blog de Cultura

El escritor Carlos Fuentes da título a este blog porque esa frase es certera. Tras la labor del escritor, comienza la de cada lector que reinterpreta el libro y lo hace suyo. En este espacio quiero co


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  • 03
    Febrero
    2017

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    internet Redes sociales Poesía poetas

    Batalla de poetas

     Cuando Neruda pensó “puedo escribir los versos más tristes esta noche”, no imaginaba que, si hubiera esperado unos años (93 para ser exactos), habría tenido la oportunidad de publicarlos en un blog, subirlos a Twitter o leerlos en su canal de Youtube. Podríamos echar la vista atrás e imaginar cómo se hubieran manejado Lope, Machado o Lorca construyendo poemas de 140 caracteres. Pero, sin duda, la lucha más encarnizada por “likes” y seguidores la habrían protagonizado Góngora y Quevedo, genios y enemigos acérrimos, que habrían aguzado aún más su pluma ante un auditorio dispuesto a jalearlos en tiempo real. Las batallas históricas entre poetas tienen ahora un escenario sin fronteras y miles de seguidores han encumbrado a una nueva generación de escritores que versan su vida, móvil en mano, como Elvira Sastre, Marwan, Defreds o Carlos Salem.

    Las redes sociales han forjado un movimiento poético con incontables ventanas que no paran de abrirse. Desde hace unos meses funciona la plataforma "poémame" que permite a los aspirantes a Benedetti subir poemas y exponerlos para que sean valorados públicamente. El objetivo es alcanzar la portada a través de un sistema de puntuación que cuantifica los votos obtenidos, los comentarios, el número de lecturas y, especialmente, el “karma” o “reputación” que haya logrado el poema. Con todo (y teniendo en cuenta que los designios de los algoritmos son inescrutables) podremos leer a más de cuarenta poetas registrados hasta el momento, subiendo una media de treinta poemas al día, en una suerte de promoción eurovisiva, lidiando por conseguir la benevolencia de colegas y lectores. Estresante, créanme. Llegar a ser reconocido y publicar un poemario propio es el reto final. Pero, ¿estamos ante verdaderos poetas? ¿Es auténtica poesía?

    La poesía “digital” es directa, sencilla y cercana; reescribe temas atemporales como el amor o la soledad con el lenguaje de la calle, los revive desde lo cotidiano y aprovecha la flexibilidad del verso libre (y la tecla Intro) para enlazar inmediatamente con las emociones de los lectores. Fácil y digerible. Este consumo de poesía “rápida” hace que los editores se froten las manos ante la primavera poética que vivimos, pero también provoca duras críticas por parte de autores consolidados o de otros poetas jóvenes como Unai Velasco que, en un artículo publicado en ctxt.es, denunciaba la “efusión sentimental”, la escasa “elaboración lingüística”, la “cursilería aterciopelada” y la “procacidad sexual” de estos poemas.

    Lo cierto es que si despojamos a la poesía de sus corsés clásicos y dejamos que la intención poética recaiga en sonoridad y cadencia, imágenes y emociones, seguro que todos (o casi) podríamos ser “nuevos” poetas. Podríamos publicar en Facebook los viejos versos que dedicamos al compañero de clase que nos ignoraba tras el pupitre o tuitear las sensaciones de una noche estrellada que nos atrapó en pleno arrebato de lirismo. Si es cuestión de sentir y contarlo, todos podemos. Si es cuestión de que alguien, en alguna parte, comparta nuestro sentimiento, también.

    Mi admirado José Hierro decía:

    “La palabra cotidiana, cargada de sentido, es la que prefiero. Para mí, el poema ha de ser tan liso y claro como un espejo ante el que se sitúa el lector. Del lado de allá está el poeta, al que el lector ve cuando cree que se está mirando a sí mismo. Me importa que un poema mío sea recordado por el lector no como poema, sino como un momento de su propia vida.”

    La gran poetisa Emily Dickinson aplicaba su propio método:

    “Si leo un libro y hace que mi cuerpo entero se sienta tan frío que no hay fuego que lo pueda calentar, sé que eso es poesía. Si físicamente me siento como si me levantasen la tapa de los sesos, sé que eso es poesía. Esta es la única manera que tengo de saberlo. ¿Hay alguna otra?”

    Hay tantas definiciones de poesía como gotas en el océano. Pero por si queda alguna duda, cómo no, recurramos al gran poeta romántico, al maestro, al principal referente. Claven su pupila en la pupila de Bécquer. Ahí siempre ha estado la respuesta.

     

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