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Terminado, el libro empieza
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Barroso Crespo

He vivido siempre entre palabras como periodista, documentalista, escritora ocasional y eterna aspirante a bibliotecaria.

Sobre este blog de Cultura

El escritor Carlos Fuentes da título a este blog porque esa frase es certera. Tras la labor del escritor, comienza la de cada lector que reinterpreta el libro y lo hace suyo. En este espacio quiero co


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  • 09
    Febrero
    2018

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    Cultura Literatura relatos narrativa

    Cuéntame un cuento

    Hay autores que llegan a tu vida de repente y te preguntas cómo es posible que no lo hicieran antes. El pecado que confieso es aún mayor cuando se trata de una escritora reconocida y alabada, con una trayectoria profesional que inició 1980 con su primer libro de cuentos, “Mi hermana Elba” , y que acumula numerosos premios, el último de ellos el Premio Nacional de Narrativa, concedido en 2016, por “La habitación de Nona”. Y es entonces, al acabar la última página, cuando llega el momento de admirar la excelencia de Cristina Fernández Cubas y bregar con el sentimiento de culpa del lector despistado en que nos convierte el marketing que deslumbra en torno a otros autores.

    Vivimos una época donde el cuento y el relato han resurgido merced a las limitaciones de espacio, tiempo y ganas que imponen las redes sociales a blogueros, tuiteros y demás aspirantes a ser leídos. La concisión se impone, la brevedad triunfa, y el impacto debe ser inmediato. La guinda del pastel se coloca cuando, además, se logra transmitir un mensaje inédito y brillante, condensado en un puñado de palabras. Cristina Fernández Cubas tiene la maestría de conseguir contar un cuento con toda su esencia sin que lo justifique su moraleja; sabe narrar una pequeña historia que se queda prendida en la memoria y nos acompaña mientras le damos vueltas al truco de su magia, hasta que llega otro nuevo cuento que lo destrona.

    En “La habitación de Nona” se recogen seis cuentos precedidos por una cita de Albert Einstein que define el juego de imaginación que nos propone la autora: “La realidad es simplemente una ilusión, aunque muy persistente.” Y fiel a este camino, el primer cuento que da título al volumen nos cuenta la historia de una niña que siente envidia de su hermana “especial”. Su voz nos deja el eco de sus sentimientos y la percepción del mundo de su infancia, confuso y contradictorio, en busca de su identidad.
    “Me cuentan que puede tratarse de un falso recuerdo y que nuestras engañosas memorias están llenas de falsos recuerdos”.

    La soledad, el miedo, la familia, el amor posesivo, la venganza, la fantasía y los sueños, lo cotidiano y lo misterioso, conviven en los relatos de Cristina Fernández Cuevas con naturalidad, elegancia y un toque de ternura. En el juego de la historia, aparentemente, todas las cartas están sobre la mesa, pero las que ella guarda, ganan la mano.“Tienes la llave de un mundo secreto. Disfrútalo y si algún día quieres compartirlo, hazlo. Pero elige bien.” Este mensaje aparece en el último relato, una historia sobre una curiosa tribu amazónica que sirve para reivindicar el poder del amor y la vida, el poder de la imaginación y los sueños, y todo gracias a los miembros de una tribu que “poseían una hermosa musical y compleja lengua, en la que valía tanto lo que se decía como lo que se callaba.”

    El viaje que propone la autora tiene múltiples destinos y ninguno deja indiferente. Aunque sea con crueldad como en “Hablar con viejas” o con inquietud como en “Interno con figura”, los personajes que transitan por estos relatos tienen un antes y un después, un pasado y un futuro que son determinantes para el presente detenido en el relato. Y no siempre los conocemos; a veces los intuimos y otras, felizmente, nos dejamos llevar.

    Si tuviera que elegir, por bello y significativo, me quedaría con el titulado “La nueva vida”. Desde un apartamento de la Gran Vía, una mujer siente, por fin, ganas de trabajar, el impulso de salir y de volver a la vida hasta que ve por la calle “al hombre que había abandonado este mundo hacía casi ocho meses”. Era Él. Y como “no existe pasado ni presente”, decía Einstein, mientras sigue sus pasos, la luna de un espejo le devuelve su imagen de unos años atrás. Y se encuentra muy guapa.
    “Le gustó pensar que se hallaba dentro de un sueño. Un sueño ajeno. El hombre amado, estuviera donde estuviera, la estaba soñando, y ahora ella le tomaba prestada la mirada. Así debía de verla Él en los tiempos en que se conocieron”.
    También una gran historia de amor se puede sentir en pocas palabras.

    La única tragedia para curiosos y apasionados de la maestría de los relatos breves y de todos los cuentos es que siempre querremos más, todo lo que se oculta de los personajes hasta el punto y final. Pero eso ya sería otra historia. Dejemos trabajar a la imaginación.

     

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