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Terminado, el libro empieza
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Barroso Crespo

He vivido siempre entre palabras como periodista, documentalista, escritora ocasional y eterna aspirante a bibliotecaria.

Sobre este blog de Cultura

El escritor Carlos Fuentes da título a este blog porque esa frase es certera. Tras la labor del escritor, comienza la de cada lector que reinterpreta el libro y lo hace suyo. En este espacio quiero co


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  • 21
    Abril
    2017

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    Cervantes Día del Libro Eduardo Mendoza Luis Landero Quijote

    Del amor a los libros

    “Tome vuestra merced, señor licenciado; rocíe este aposento, no esté aquí algún encantador de los muchos que tienen estos libros, y nos encanten, en pena de las que les queremos dar echándolos del mundo.” La eficiente ama de don Quijote lo tenía muy claro. Si recuerdan, en el capítulo VI, los bienintencionados cura, barbero, sobrina y ama del ingenioso hidalgo revisan el centenar de libros que guardaba Alonso Quijano para quemarlos y evitar ese “encantamiento” que nos lleva a la locura. Cervantes realizó su propio exorcismo repasando libros de caballerías, de poesía y hasta su novela “La Galatea”. Un intento frustrado, como se demuestra después, porque los que ya se han dejado “encantar” por los libros no ceden ante el fuego, sino que gustosamente arden entre sus páginas.

    Del amor a los libros sabe quien lo ha experimentado y definirlo quizá sea lo más complicado para un verdadero amante de la letra impresa. “Quién lo probó lo sabe”, escribió Lope. Y ahí está la clave. Hay que saborearlo, olerlo, tocarlo y dejarse seducir por él. La fecha obliga. Pero el 23 de abril no debería ser sólo el “Día del libro” sino más, mucho más: el día del amor a los libros.

    Y no nos podemos quejar. Nos lo van a poner fácil. Así como se olvidan impunemente el resto del año, este fin de semana tendremos multitud de opciones en todas las ciudades de España para acercarnos a los libros: actividades de fomento de la lectura, ferias de libros, firmas de autores, descuentos en librerías, bookcrossing de libros, lecturas públicas del Quijote en bibliotecas y centros culturales y la ya tradicional lectura continuada en el Círculo de Bellas Artes de Madrid que iniciará el espléndido premio Cervantes de este año, Eduardo Mendoza. Un suma y sigue de letras que parece ser efectivo sólo entre los que ya están enamorados. La avalancha de libros en las calles puede provocar algún flechazo de madurez, pero el amor a los libros se gesta en la infancia y crece después con la serenidad que da la compañía intermitente de un querido amigo o se transforma en el ansia de una pasión irrefrenable.

    “Leía como el hambriento que engulle con ansia y sin otro afán que colmar su apetito insaciable”. El gran Luis Landero describía así su sentimiento en el magnífico “El balcón en invierno”, donde repasa sus lecturas y cuestiona su oficio de escritor; todo lo que es, al fin, su vida: “En los libros leídos está la sombra, el rastro de lo que fuimos…”  

    Los amantes de los libros podemos echar la vista atrás y saber qué libro estábamos leyendo en momentos decisivos de nuestra historia, porque las vivencias de ficción se funden en muchas ocasiones con las reales. “Leer era echar a volar, aislarme del mundo, pero, al mismo tiempo, aprender a verlo y comprenderlo mejor”. Son palabras de la escritora italiana Giulia Alberico, con las que muchos nos sentimos identificados. En una deliciosa obra titulada “Los libros son tímidos”, Albarico recuerda los libros que le acompañaron desde la infancia, el placer que obtuvo de todos ellos y la importancia de los escritores que les dieron vida:

    “Es la mano que escribe, la música de la escritura, lo que hace posible que quien lee se sienta próximo a una vida y a un mundo”.

    En “Bibliotecas llenas de fantasmas”, el bibliófilo y escritor francés, Jacques Bonnet, realiza una auténtica declaración de amor a los libros. Hasta el punto de que confiesa: “A veces tengo la sensación de no haber empezado a existir realmente más que a través de la lectura…” Un sentimiento tan intenso sólo puede ser consecuencia de una intensa emoción:

     El libro es la valiosa materialización de una emoción, o la posibilidad de sentirla algún día, y separarse de él sería correr el riesgo de crear un grave vacío (…) El libro va a vivir su propia vida en nuestra memoria”.

    Al recibir el Premio Cervantes, Eduardo Mendoza relató en su discurso el hermoso vínculo que se establece entre el autor y el lector, una relación que reclama la complicidad entre ambos y que inició Cervantes gracias al humor que impregnaba su mirada sobre el mundo:

    “Es precisamente el Quijote el que crea e impone este tipo de relación secreta. Una relación que se establece por medio del libro, pero fuera del libro, y que a partir de ese momento constituirá la esencia de lo que denominamos la novela moderna. Una forma de escritura en la cual el lector no disfruta tanto de la intriga propia del relato como de la compañía de la persona que lo ha escrito.”

    Será, pues, un amor cómplice entre autores y lectores que casará vidas reales y de ficción hasta que la muerte los separe, un amor consciente y leal que todos deberíamos tener al alcance de la mano para poder elegir: “Los libros son tímidos, quieren estar sólo con quien los ha elegido”, escribió Guilia Alberico. Estamos en el momento ideal para enamorarnos… aún más.

     

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