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Terminado, el libro empieza
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Blog Terminado, el libro empieza - María José Barroso Crespo

María José Barroso Crespo

He vivido siempre entre palabras como periodista, documentalista, escritora ocasional y eterna aspirante a bibliotecaria. Soy lectora apasionada, ferviente y devota de todo lo escrito ante mis ojos. Los libros son y serán mi destino.

Sobre este blog de Cultura

El escritor Carlos Fuentes da título a este blog porque esa frase es certera. Tras la labor del escritor, comienza la de cada lector que reinterpreta el libro y lo hace suyo. En este espacio quiero compartir lecturas para enriquecerlas y buscar otras perspectivas del infinito mundo de las palabras.


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  • 24
    Marzo
    2017

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    Poesía Miguel Hernández Año Hernandiano efemérides

    Elogio de la ternura

    Así como la hierba no se oye cuando crece, despacio y sin ruido todavía, parece que transcurre otro de los hitos literarios previstos para este año. El rayo no cesa, pero no suena lo suficiente. Estamos oficialmente en el “Año Hernandiano”,  según acordó la Comisión de Cultura del Congreso, al cumplirse 75 años de la muerte de Miguel Hernández, un 28 de marzo de 1942. Y, de momento, a esta celebración le faltan luces, confeti y un impulso verdadero. El primer paso lo ha dado su localidad de origen, Orihuela, donde comenzaron este mes los actos programados para el aniversario, con una agenda que se extenderá a nivel internacional, gracias a la implicación del Instituto Cervantes.

    "Recordar a Miguel Hernández que desapareció en la oscuridad y recordarlo a plena luz, es un deber de España, un deber de amor", escribió Pablo Neruda.

    La Fundación Cultural Miguel Hernández difunde también la vida y obra del poeta, con noticias y documentos que se añaden a su amplia Biblioteca Virtual, además de dar a conocer actos como el homenaje que tendrá lugar este sábado por parte de poetas de toda España en el edificio del reformatorio de adultos de Alicante donde murió.

    “Me llamo barro aunque Miguel me llame.
    Barro es mi profesión y mi destino
    que mancha con su lengua cuanto lame.
    Soy un triste instrumento del camino...”

    Seguir su camino, conocer el legado de Miguel Hernández, se puede hacer ahora fácilmente, sin dar un paso, de manera virtual. Ya está digitalizada y a disposición de todos, en la web de la Diputación de Jaén, una colección de casi seis mil registros bibliográficos sobre la vida y obra del poeta: manuscritos, folletos, partituras, prensa histórica, miles de fotografías, la correspondencia con su mujer, grabaciones y hasta la lechera en la que sacaba sus poemas de la cárcel.

    Parece, por tanto, que tenemos todos los mimbres para un gran homenaje. Falta, como casi siempre, no sólo el compromiso político, sino también la inversión económica, las ganas de difundir nuestra cultura y el reconocimiento íntimo del poeta. Falta que estas conmemoraciones nos empujen a reconocer de nuevo el rostro terso y la mirada franca del joven que, con 31 años, dejó alguno de los poemas más hermosos escritos en lengua española. Falta un elogio a su ternura.

    Porque se ha destacado su compromiso político y social, su defensa de la libertad, las relaciones con los poetas de su generación, la guerra y el desgarro de su tragedia muriendo en prisión, abandonado y enfermo de tuberculosis, la dureza de su juventud como pastor. Viviendo así, sólo desde la ternura se puede ver el fondo del hombre: “En el fondo del hombre, agua removida.” Se puede describir con sencillez poética la guerra: “Tristes guerras, si no es amor la empresa.” El sabor del hambre, el amor a un hijo: “La cebolla es escarcha cerrada y pobre. Escarcha de tus días y de mis noches.” O el afecto a un amigo: “… que tenemos que hablar de muchas cosas, compañero del alma, compañero.”

    A Miguel Hernández le “sobraba” corazón. Y fue salpicando su sentir desbordante en cada uno de sus versos, desde los primeros en “Perito en lunas” hasta los últimos de “Cancionero y romancero de ausencias”. Fue el joven eterno que acarició la vida con ternura y miró cara a cara su sufrimiento para dejarlo extendido, reposando, en poemas armoniosos al son de su música interior, para tocar, oler, saborear sus palabras, para sentir y ver su universo de agua, tierra, silencio, luz y sangre. Con amor, dolor y muerte teñidos de melancolía, ese sentimiento dulce que lleva dentro una esperanza invencible:

    "No, no hay cárcel para el hombre.
    No podrán atarme, no.
    Este mundo de cadenas
    me es pequeño y exterior.
    ¿Quién encierra una sonrisa ?
    ¿Quién amuralla una voz?"

    Confío en que, a partir de esta semana, se multiplique nuestra complicidad con él, sea en actos, homenajes, o abriendo al azar una página de “El rayo que no cesa”. Somos muchos los que compartimos las palabras de Neruda en su poema “A Miguel Hernández, asesinado en los presidios de España”.

    “No estoy solo desde que has muerto. Estoy con los que te buscan.”

     

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