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Terminado, el libro empieza
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Barroso Crespo

He vivido siempre entre palabras como periodista, documentalista, escritora ocasional y eterna aspirante a bibliotecaria.

Sobre este blog de Cultura

El escritor Carlos Fuentes da título a este blog porque esa frase es certera. Tras la labor del escritor, comienza la de cada lector que reinterpreta el libro y lo hace suyo. En este espacio quiero co


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  • 30
    Junio
    2017

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    twitter libros Pearl S. Buck JJ Benitez Agatha Christie José Hierro

    Los que marcan una vida

    Un libro es una cosa entre las cosas, un volumen perdido entre los volúmenes que pueblan el indiferente universo; hasta que da con su lector, con el hombre destinado a sus símbolos.”  

    Esta frase de Jorge Luis Borges puede que sea la que mejor defina la relación entre un libro y un lector. Por muchas recomendaciones de lectura que recibamos (y de cara al verano serán muchas) nuestro amor por un libro se definirá en función de lo que pensamos, sentimos y vivimos en ese momento. Dependerá de lo que fuimos, lo que somos y lo que pretendemos ser. Nuestras circunstancias rodearán sus símbolos y, en cada palabra o en cada detalle de la historia,  intentaremos vernos reflejados y comprometidos. Buscaremos un libro como un espejo porque, como escribió Herman Hesse, “ninguno de los libros de este mundo te aportará la felicidad, pero secretamente te devuelven a ti mismo.”  Y en ese espejo que nos miramos podemos vernos distintos, incluso mejores, según Ernesto Sábato:

    No toda novela produce en el lector la misma cantidad ni calidad de perturbación. Las grandes novelas son aquellas que nos dejan distintos a lo que éramos antes.”

    En ese universo paralelo que es Twitter, de vez en cuando, se promueven iniciativas por puro entretenimiento que resultan reveladoras y demuestran que los “demonios tuiteros” son minoría frente a los que son capaces de compartir con mesura y buen gusto. La propuesta consistía en recordar cuatro libros que hubieran marcado nuestra vida y, por suerte, la memoria de otros nos devuelve joyas que creímos olvidadas pero siguen marcadas a fuego en nosotros.

    Uno empieza buscándose en las lecturas de la infancia y adolescencia y los referentes suelen ser las lecturas obligatorias de clase, de modo que Unamuno, Delibes, Bécquer, Lorca, Lope de Vega, Dickens, Dumas o Kafka se convierten en compañeros de viaje que no se abandonan nunca. Pero los que nos tatúan sus letras traen como equipaje otros condicionantes, no sólo la calidad literaria o su condición de clásicos. Esos condicionantes son tan personales como un perfume que se impregna en la piel y el aroma depende de la influencia que dejaron en nuestra vida:

      “Viento del este, viento del oeste” de Pearl S. Buck. Una de las pocas mujeres que han alcanzado el premio Nobel de Literatura fue ella, en 1938. Este primer libro fue una revelación y una delicia en todos los sentidos. Una historia dulce, sutil y profunda que narra el choque entre la cultura oriental y la occidental. La autora conocía bien ambos mundos, ya que vivió en China la mayor parte de su vida, y plasmó con respeto tanto su riqueza cultural como la crueldad de sus tradiciones ancestrales. La historia deja una intensa huella de belleza y, en mi caso, una profunda aversión a cualquier costumbre que suponga el sometimiento de las mujeres a los hombres, además de un odio eterno a cualquier “cosa” que oprima los pies (empezando por los zapatos de tacón)

      “Caballo de Troya” de J.J. Benítez. Me quedo con el primero de los nueve libros que componen esta saga, por su poderosa e insuperable imaginación. En los restantes desbarró bastante por los “cerros” de Jerusalén o del espacio sideral. Tal vez sea el libro que más he envidiado por el planteamiento (periodístico y de investigación) de un viaje en el tiempo para conocer la figura de Jesús de Nazaret y plasmarla sin los filtros de todos los interesados que la manipularon después. Ese viaje se convierte en un sueño, una ficción, aunque como dice el autor, “para muchos, Caballo de Troya es una novela que toca el corazón. Está bien, que cada cual piense lo que estime oportuno. Yo sé que no es una novela...

    “El asesinato de Roger Ackroyd” de Agatha Christie (por elegir uno) Ella es la gran maestra del género negro y policiaco y lo demuestra en cada uno de sus libros, aunque la precisión varíe y algunos resulten más redondos que otros. Todos los autores que han llegado después no han podido alcanzar su nivel de estrategia psicológica, por muchas vísceras y trucos narrativos que manejen en sus historias. En “Todo lo que sé sobre novela negra”, P.D. James la definió a la perfección:

    “Es, por encima de todas las cosas, una ilusionista literaria que coloca a sus personajes de cartón boca abajo y los mueve con pragmática astucia (…) No tiene escrúpulos a la hora de escoger a los asesinos ni a las víctimas. Con Christie la única certeza es, como en la vida misma, la muerte”

     Poesía completa de José Hierro. Poeta de la generación del 50 con una larga trayectoria que pasó por la cárcel y por el reconocimiento posterior en premios como el Cervantes. Su poesía es testimonial, un poeta que sabe “amar la vida más que a su sentido”,  y su tema, el tiempo: “una de las ansiedades que he tenido siempre ha sido la de perpetuar el instante, considerar el instante que vives como algo intemporal y saborearlo antes de que pase.” Descubrí a José Hierro con un poema titulado “Luz de tarde”. Y casi todo lo que pudiera soñar o sentir ya lo escribió él antes y más bonito:

     

    “Me da pena pensar que algún día querré ver de nuevo este espacio,
    tornar a este instante. 
    Me da pena soñarme rompiendo mis alas
    contra muros que se alzan e impiden que pueda volver a encontrarme.

    Estas ramas en flor que palpitan y rompen alegres
    la apariencia tranquila del aire,
    esas olas que mojan mis pies de crujiente hermosura,
    el muchacho que guarda en su frente la luz de la tarde,
    ese blanco pañuelo caído tal vez de unas manos,
    cuando ya no esperaban que un beso de amor las rozase...

    Me da pena mirar estas cosas, querer estas cosas,
    guardar estas cosas.

    Me da pena soñarme volviendo a buscarlas, volviendo a buscarme,
    poblando otra tarde como esta de ramas que guarde en mi alma,
    aprendiendo en mí mismo que un sueño no puede volver otra vez a soñarse.”

    (De Alegría, 1947)

     

     

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