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Terminado, el libro empieza
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Blog Terminado, el libro empieza - María José Barroso Crespo

María José Barroso Crespo

He vivido siempre entre palabras como periodista, documentalista, escritora ocasional y eterna aspirante a bibliotecaria. Soy lectora apasionada, ferviente y devota de todo lo escrito ante mis ojos. Los libros son y serán mi destino.

Sobre este blog de Cultura

El escritor Carlos Fuentes da título a este blog porque esa frase es certera. Tras la labor del escritor, comienza la de cada lector que reinterpreta el libro y lo hace suyo. En este espacio quiero compartir lecturas para enriquecerlas y buscar otras perspectivas del infinito mundo de las palabras.


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  • 09
    Junio
    2017

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    Redes sociales Feria del Libro Falcó artículos periodísticos

    Pérez-Reverte, que estás en los cielos

    O le amas o le odias. O le adoras desde su pedestal o rezas para que se pudra en el más ardiente de los infiernos, sin la compañía divertida que imaginó Mark Twain. Quien lleva a gala una personalidad tan arrolladora como Arturo Pérez-Reverte sabe que las reacciones que suscite nunca serán tibias. Fomenta polémicas, sacude polvo y lodos del ruedo político, levanta alfombras que tapan la historia y parece encontrarse en su salsa detectando estúpidos al estilo Quevedo: “Todos los que parecen estúpidos lo son y, además, también lo son la mitad de los que no lo parecen”. Es difícil saber de qué lado está la balanza, si de los amantes o los detractores, pero a juzgar por la interminable cola que formó en la Feria madrileña para firmar ejemplares de su último libro “Falcó”, es evidente que cuenta con el tirón del morbo para los curiosos y con la devoción de sus lectores, muchos fieles desde su primera novela “El húsar”, allá por 1986.

    “Asusta pensar que acaso las admiraciones más sinceras que tenemos son de las personas que no nos han comprendido”, escribió Galdós. El personaje que Pérez-Reverte se ha creado en los últimos años para comparecer ante el público, especialmente en redes sociales, amenaza con superar en dimensiones y efectos imprevisibles a la santísima trinidad que formaban antes periodista-académico-novelista.

    El escritor –o su personaje- se levanta la capa o se quita el sombrero a voluntad, mientras maneja el sable de la ironía para pinchar la indiferencia y tocar la tecla que desata un coro de voces ofendidas y discordantes. “Las patentes de corso son una válvula de escape de un personaje creado expresamente para ellas. Un artificio narrativo destinado a patear ingles indiferentes o estúpidas. En la vida real respeto los semáforos, ayudo a las ancianitas a cruzar la calle y soy tierno como un oso mimosín, o casi.”  Así lo dijo en respuesta a las preguntas de los lectores de XLSemanalsin ningún rubor y con la misma franqueza que escribe tuits o artículos que indignan. La enésima polémica tuvo que ver con una conocida actriz, sus tetas y una noche de copas entre amigos. El artículo recordó que el talón de Aquiles del escritor es cierto machismo trasnochado, aunque por sus novelas desfilen mujeres poderosas como “La Reina del Sur”Un machismo como concepto enfrentado al feminismo, propio del seductor que no valora a mujeres reales porque aspira a mujeres ideales, adornadas con los mayores encantos y virtudes, elevadas sobre tacones de aguja, -cuanto más altos mejor-, para que, cuando el bastión caiga, aumente la proeza del conquistador. “Más fácil es escribir contra la soberbia que vencerla”, escribió Quevedo.

    El Pérez-Reverte que yo tenía en los cielos como maestro no era un personaje asomado a Twitter o a la televisión mediante ningún artificio; era libre de peajes comerciales, libre de su propia marca. Durante 21 años ofreció una mirada sincera tras las gafas oscuras y llevaba en su chaleco la lucidez del periodista curtido como corresponsal de guerra. Una imagen que se ha ido transformando por los pasillos de la Academia y de la ficción literaria. En sus artículos periodísticos, Pérez-Reverte imprime toda la fuerza de la que, en ocasiones, carecen los protagonistas de sus novelas. Lo afilado y acertado de su crítica es innegable, aunque esté teñida de una visión catastrofista de la condición humana. “Escribo con tanta libertad que me sorprende que me dejen”. Y ahí radica su esencia, en el compromiso del periodista que siempre será. Ningún disfraz oculta por completo la piel del que lo luce y menos cuando importa tanto lo que se muestra. “Es posible hablar con extrema dureza de lo que se ama, precisamente porque se ama, y con la autoridad moral que nos confiere ese amor” (Capitán Alatriste)

    En su haber, además, hay que anotar la creación de la mejor revista literaria en la web: Zenda. Un lujo y una esperanza de futuro para los que amamos los libros.

    Pérez-Reverte dice haber construido un personaje que, –confiemos-, no le desborde. Y, si no existiera, habría que inventarlo: para que la realidad no sea tan anodina, para que nos sacuda cuando sesteamos ante las injusticias, para que encienda una chispa en el lado oscuro donde nos escondemos a menudo. Si no existiera, la vida sería tan aburrida como para desear irse con él al infierno, al cielo, o a donde le plazca.

     

     

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