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Terminado, el libro empieza
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Blog Terminado, el libro empieza - María José Barroso Crespo

María José Barroso Crespo

He vivido siempre entre palabras como periodista, documentalista, escritora ocasional y eterna aspirante a bibliotecaria. Soy lectora apasionada, ferviente y devota de todo lo escrito ante mis ojos. Los libros son y serán mi destino.

Sobre este blog de Cultura

El escritor Carlos Fuentes da título a este blog porque esa frase es certera. Tras la labor del escritor, comienza la de cada lector que reinterpreta el libro y lo hace suyo. En este espacio quiero compartir lecturas para enriquecerlas y buscar otras perspectivas del infinito mundo de las palabras.


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  • 01
    Septiembre
    2017

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    Cultura libros Literatura clásicos Historia de dos ciudades

    Regreso a Dickens

    “Todos los elementos, cuando están fuera de su sitio natural, desean volver a él.”  Como sabio que era, Leonardo da Vinci tenía claro que tras una temporada inestable, la naturaleza nos empuja a desear una vuelta a lo seguro. El fin del verano, el regreso a la realidad, reclama un remedio frente a las ilusiones abrasadas por las olas de calor y requiere fundamentos más sólidos que la barra del chiringuito. Un lector que regresa a los clásicos busca en lo eterno ese bálsamo que consuela frente a lo que pasa ante sus ojos; un remedio para aliviar el lenguaje efectista, las historias insustanciales y los hilos tejidos de vanidad, los héroes que se crean en un telediario y se destruyen en un tuit, el mercadeo constante de palabras y las frases que mueren poco después de ejecutar su impacto dañino.

    Hay muchos, afortunadamente. Podría haber sido cualquiera. Pero regresé a Dickens y a “Historia de dos ciudades” porque su principio te acoge, te envuelve y te sitúa en el punto exacto de un tiempo donde la vida discurre en medio de contradicciones entrelazadas. Es la expresión de cualquier época, de toda vida, no importa cuál sea: todos la podemos sentir como propia.

    “Era el mejor de los tiempos y el peor; la edad de la sabiduría y de la tontería; la época de la fe y la época de la incredulidad; la estación de la luz y de las tinieblas; era la primavera de la esperanza y el invierno de la desesperación; todo se nos ofrecía como nuestro y no teníamos absolutamente nada; íbamos todos derechos al cielo, todos nos precipitábamos en el infierno...”

    Este inicio, -uno de los más reconocidos, con todo merecimiento-, nos lleva a Londres y París. Nos traslada a dos ciudades que vivieron de distinta forma la convulsión provocada por la Revolución francesa. Nos habla de abusos y pobreza, de venganza y conciencia social y, sobre todo, de la fuerza que otorga la lealtad. Es la denuncia de un cronista que retrata la naturaleza humana desde la miseria hasta la bondad. El arte de un narrador prodigioso, sabio y rico en sentimientos.

    Regresé a Dickens porque, como todo gran escritor, embellece la crueldad mientras nos sumerge en ella, mientras la define y la censura. Su relato de las masas enfebrecidas, empujadas por la sed de venganza, como un mar viviente, como una ola imparable, no esconde que la historia se puede repetir y ahogarnos de nuevo con un grito:

    “- Patriotas y amigos, estamos dispuestos! ¡A la Bastilla!

    Con un rugido que resonó como si todo el aliento de Francia se hubiera concentrado y articulado en esa aborrecida palabra, el mar viviente se encrespó, ola sobre ola, abismo sobre abismo, e inundó la ciudad en dirección al lugar anunciado. Y entre rebatos de campanas y redobles de tambores, mugiendo y tronando el mar contra su nueva orilla, dio comienzo el asalto”

    Y regresé a Dickens buscando al propio Dickens a través de uno de sus personajes más enigmáticos: Sydney Carton. El escritor, que se define por crear retratos minuciosos y perfilados al detalle de sus protagonistas, deja a Carton moviéndose en una sutil bruma de misterio, con apenas algunos brochazos sobre su desencanto vital, y cuando asoma, ofrece pinceladas de brillantez hasta completar su hermoso cuadro con generosidad, sacrificio y lealtad. Carton, con su fascinante personalidad y sus motivaciones ocultas, -salvo el amor a Lucie Manette-, tal vez sea el personaje más actual de Dickens, el más imperfecto y real, porque se aleja de los arquetipos que son el resto de protagonistas:

    “Ya es demasiado tarde. Nunca seré mejor de lo que soy. Me hundiré cada vez más y seré peor… Soy como alguien que se hubiera muerto joven. Mi vida es algo que pudo ser y no fue.”

    Sabemos que Carton se aferra a la bebida, sabemos de su aire triste y derrotado, de su aparente indiferencia, de su fidelidad al amor y a la amistad, de su corazón “atormentado por profundas heridas”. Y quizá no necesitemos saber más. Dickens lo resucita a través de un acto de grandeza. El resto, como en todo ser humano, seguirá siendo un sublime misterio.

    “Es un hecho asombroso y digno de reflexión que todo ser humano esté constituido de tal forma que siempre haya de ser un profundo secreto y un misterio para sus semejantes”.

     

     

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