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Terminado, el libro empieza
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Blog Terminado, el libro empieza - María José Barroso Crespo

María José Barroso Crespo

He vivido siempre entre palabras como periodista, documentalista, escritora ocasional y eterna aspirante a bibliotecaria. Soy lectora apasionada, ferviente y devota de todo lo escrito ante mis ojos. Los libros son y serán mi destino.

Sobre este blog de Cultura

El escritor Carlos Fuentes da título a este blog porque esa frase es certera. Tras la labor del escritor, comienza la de cada lector que reinterpreta el libro y lo hace suyo. En este espacio quiero compartir lecturas para enriquecerlas y buscar otras perspectivas del infinito mundo de las palabras.


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  • 31
    Marzo
    2017

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    Periodismo novela Siria Estado islámico guerra

    Vidas en el infierno

    “El aire no corre y el calor es asfixiante”. Es la primera imagen que nos llega de Alepo, “la puerta del infierno o quizá su centro”, y después, inevitablemente, el estallido de las bombas. Una niña sola, llorando. Y a su alrededor, todo se desmorona. En torno a ella, una guerra real que vemos a diario “encerrada en la pantalla de un televisor” y que sale a buscarnos desde la ficción gracias a la novela escrita por el corresponsal de TVE, Oscar Mijallo, “La niña a las puertas del infierno”. Como reportero en Oriente Próximo, Mijallo conoce a fondo la situación en la zona, la guerra en Siria, el poder del Daesh, la tragedia de los refugiados y todo lo que se mueve en torno a estos temas que nos suenan cotidianos, repetidos desde la distancia, pero en ellos hay vidas cuyo relato no puede quedarse en un cajón, tal como aseguraba el periodista en una reciente entrevista sobre su novela.

    En “La guerra no tiene rostro de mujer”, la Premio Nobel de Literatura, Svetlana Alexiévich, escribió que “recordar es, sobre todo, un acto creativo. Al relatar, la gente crea, redacta su vida”. En la guerra “no hay héroes ni hazañas increíbles, tan solo hay seres humanos involucrados en una tarea inhumana.”

    En la novela escrita por Mijallo vamos a conocer el relato de varias vidas representativas de lo que está ocurriendo en Siria y Turquía en una ficción muy real que se sitúa entre agosto y septiembre de 2013. Vidas entrelazadas, cuya historia se mezcla con destinos unidos, en el complejo mosaico de una guerra que “cada vez se define más en función de la religión de cada grupo.” Las distintas caras del conflicto evidencian que “esta guerra no es un enfrentamiento por el poder, es una lucha para evitar la aniquilación”.

    Conoceremos a Abbas, un joven musulmán español, bien preparado, que “necesita encontrar un culpable”,  aleccionado para entrar en las filas del Daesh; un infiltrado en la organización que se enfrenta al riesgo de ser salvajemente torturado hasta morir; paramilitares leales al régimen gubernamental de Al Asad, milicianos rebeldes y francotiradores con la falsa lógica que les justifica: “O ellos o nosotros, o sus hijos o los nuestros. No hay otra salida. Nos han obligado, por eso no somos culpables.”

    Brazos ejecutores y víctimas que sufren y luchan: el pequeño Jamal, gravemente enfermo, cuyos padres tienen que atravesar calles entre los disparos para que sea atendido, o la joven refugiada, Houda, que se entrega a una casamentera para que su familia pueda abandonar el campo, la explotación de la mujer en grado máximo. En la situación extrema de una guerra, en medio del horror, brotan los instintos más bajos, la crueldad absoluta, pero también surgen y se consolidan los mejores: la generosidad, la amistad, la ayuda humanitaria y la atención sanitaria de médicos y enfermeras que salvan vidas a toda costa.

    Entre ellos, el hilo conductor de los que dan testimonio, jugándose la vida, los periodistas desplazados con sus cámaras, sobreviviendo en una profesión que no se valora lo suficiente, como el reportero temeroso de morir que se niega a entrar en Siria, pero se ve obligado ante el temor de perder su trabajo.  

    Otro gran reportero, Jon Sistiaga, en el libro donde relata el asesinato de su compañero José Couso en Irak, “Ninguna guerra se parece a otra”,  se pregunta: ¿Por qué un reportero de guerra se enfrenta a la muerte? “La respuesta es sencilla: porque hay que estar”, explica Jon. “Porque alguien tiene que contar a los demás qué es lo que está pasando. Porque no podemos permitirnos el lujo, a estas alturas de civilización, de ceder espacios de impunidad a todos esos miserables que en las guerras satisfacen sus peores instintos”.

    Periodistas tras una historia, tras la niña que sobrevive a los bombardeos, tras la utopía de la verdad. Decía Kafka que “la literatura es siempre una expedición a la verdad” y aquí se cumple fielmente esa máxima: una novela que encierra una realidad que jamás debemos ignorar.  

     

     

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