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Guillermo Uruñuela Álvarez

La crítica, la sátira y el sarcasmo hacen esta profesión apasionante. Estudiante de periodismo, cuento lo que veo y como lo veo. Por el momento no escribo para nadie, sólo para mis lectores. En mi vida siempre he tenido una pluma en la mano y un balón en los pies, pero si tiene que caer alguno, que ...


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  • 15
    Marzo
    2012

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    La reforma nacional

    El nuevo Gobierno encabezado por Rajoy se ha encontrado el país sumido en una severa crisis que no sólo afecta al territorio nacional. Ha tomado el relevo socialista con las peores cifras de las últimas décadas; con casi 5 millones y medio de parados, con una economía totalmente estancada y con unos parámetros del déficit público que superan con creces los estimados por Bruselas. La lectura llana de este último punto se traduce en miles de millones de Euros que, en cuestión de meses, el Gobierno tiene que recuperar.

    Durante la campaña electoral el secretario general del PP afirmó que su intención era no tocar los impuestos pero en política sabemos que la “publicidad electoral” no siempre se ajusta a la realidad, más bien casi nunca. Esto no es algo que se le pueda achacar a Rajoy en particular ni a su partido en general, ya que gane quien gane no cumplirá con su programa porque es demasiado bonito para ser real. Tampoco el ciudadano conocía la severa reforma a la que iba a ser sometido, pero ante una situación extremadamente negativa hay que tomar medidas extremadamente duras. El problema es el de siempre; el peor parado, y nunca mejor dicho, será el escalafón más humilde de nuestra sociedad porque siempre es más sencillo atacar al débil antes que al poderoso. El principal objetivo al que se debería meter mano es sin duda al entramado político, del que chupan del bote miles de analfabetos incompetentes. Da vergüenza pertenecer a un país que se despierta todos los días con 8 páginas dedicadas a la corrupción de sus dirigentes.

    Ahora el Gobierno deberá hacerse responsable de sus decisiones y enmarcarlas en un cuadro de paz social. No es sencillo enfrentarse a un pueblo levantado en armas sabiendo que las medidas que tomes no van a sentar  bien a casi nadie, pero no queda otra. Como defendía Cristóbal  Montoro y Luis de Guindos,  este Gobierno no se puede quedar de brazos cruzados como sus antecesores. De hecho, el ministro de Hacienda ha tenido un gesto solidario con la oposición al declarar que no hay que señalar a nadie y que sólo hay que mirar hacia al futuro para salir del pozo en el que nos encontramos.

    Por su parte la izquierda política y sindical no cesa de echar más leña al fuego en un claro signo de impotencia. Lo que no han sabido defender como Gobierno lo quieren enmendar con ataques directos desestabilizadores al PP. Ya sea una estrategia política encaminada a alcanzar el poder en Andalucía y a enfangar a Javier Arenas o una actitud revanchista, lo que está claro es que no están haciendo ningún favor  a España.

    Su obcecación por hacer ruido y el poco tacto a la hora de elegir la fecha para manifestarse dejan mucho que desear del lado más progresista de nuestra democracia. Esperemos que no inflen, como ya va siendo habitual, las cifras en la futura huelga del día 29 de marzo. Porque una cosa es segura, así no se puede seguir. Hay que tomar medidas y a día de hoy estas medidas pasan por hacer reformas. Ya tendremos tiempo de discutir si han sido acertadas o no. Mientras tanto nos tenemos que agarrar a un clavo ardiendo, el clavo que nos ha legado Zapatero y sus compinches y para el que es necesario una reforma laboral que se puede considerar una reforma nacional. 

     

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