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TORMENTA DE IDEAS
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Blog TORMENTA DE IDEAS - ISABEL MENÉNDEZ BENAVENTE

ISABEL MENÉNDEZ BENAVENTE

Soy esposa, madre y psicóloga. Me gusta ante todo vivir. La vida es apasionante y contarla a través de este blog, me parece todo un privilegio. Mi prioridad :mi familia;mi adicción: mi trabajo, ese con el que trato de ayudar a encontrar esa luz que muchos necesitamos, a través de las tinieblas. Me ...

Sobre este blog de Sociedad

Este blog es eso, una tormenta de ideas. Es una técnica que utilizamos en psicología, y en general cuando se trata de encontrar solución a algún problema , tomar decisiones y de alguna manera fomentar la creatividad... Se trata de que salgan todas las ideas que uno tiene, aunque puedan parecer en p...


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  • 05
    Mayo
    2015

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    Gijón Elecciones obras caos

    A LAS TRINCHERAS!

    A ver. Una sale de casa. A veces, y siempre que el médico no me vea (lo siento, Toño), me pongo los tacones para ir a trabajar. Vas con el bolso y a veces con maletín. Lo de ir en autobús ya lo he dejado, porque los autobuses pasan cada media hora por mi barrio y además si llegas corriendo siempre, como es habitual en mí, y lo coges por los pelos, implorando al conductor que pare, puedes pasarte un buen rato de pie tambaleándote sobre los tacones (no hay nadie que se levante, evidentemente, aunque vayas con una niña en el cuello, que ya ha pasado) y oliendo la axila del que tienes junto a ti, que no es jazmín precisamente. Así que me lanzo y  pretendo, ilusa de mí, ir caminando para hacer algo de ejercicio, que es lo que nos aconsejan hasta la saciedad, y ya que mi rodilla no me deja hacer running, el deporte de moda (o lo que de toda la vida fue correr), pues me conformo con dar paseos para que mi cuerpo segregue endorfinas. Es lo que nos queda a los de la tercera edad, aparte, claro está, de  quedarme a ver obras, cosa que por otra parte ocuparía todo mi tiempo, pero claro, luego una no puede pagar las facturas porque en mi profesión no hay jubilaciones. Pues eso, me lanzo y primero tengo que pegarme a la pared, porque están asfaltando parte de la carretera y los que lo hacen ocupan la poca acera que me queda... Con lo que me pego al muro y hete aquí que me engancho la chaqueta,  y lanzando todo tipo de improperios, continúo. Como también soy  tecnológica y moderna, voy oyendo música, y camino y camino, y casi al segundo me encuentro otro grupo de afanosos trabajadores hurgando en las entrañas de la tierra, con lo que tengo que pasar por la carretera, porque por allí sí que no entro, con el riesgo de que me cepille un coche. Me extraña tanta obra, pero continúo. Cuando llego a otro punto de la ciudad, alguien ha cortado la calle y yo, que no tengo precisamente una buena orientación espacial (sí, padezco de agnosia espacial), ya casi no sé por dónde ir. Porque ese es mi camino y me lo han cortado, por obras naturalmente. Y me pongo a pensar, tiempo y tiempo, por dónde demonios puedo llegar a mi trabajo. Después de mucho pensar (palabrita), doy un rodeo y sigo. No me lo puedo creer, a lo lejos diviso otras vallas que indican que existe otra obra... pero por Dios!!! ¿Qué está pasando? Me doy cuenta de que está prácticamente toda la ciudad levantada, cortada, llena de trincheras, en las que les juro que en una de estas caeré, porque me conozco y pienso que si me mandan un Whatsapp, seguro que caigo al hoyo. Dios, qué mal rollo. No puedo creerme la cantidad de obras que he visto a lo largo de mi andadura... No entiendo por qué ahora se ponen todos a la vez. Hasta que veo la luz: ¡elecciones! Ya de paso, informo que en mi camino a casa hay un bache, o más bien un boquete, que les juro que si pasas con el coche te dejas la rueda y se te paraliza el corazón y para qué contar si uno de nuestros queridos ciclistas pasan por allí, entonces sí que la armamos, porque el accidente les hace llegar al centro de la tierra mismamente. Pero es un camino poco transitado y no se ve, así que ahí nada de nada. Todo esto no lo hace este gobierno evidentemente, lo hacen todos. Aún me acuerdo de hace años que eran capaces de levantar tres veces la misma baldosa, con tal de que quedara perfecto para que el ciudadano vea que el ayuntamiento trabaja para nosotros. Así que ya saben, si quieren vivir como en una peli de guerra en nuestra ciudad, solo hay que ir ¡a las trincheras!

                                                          ¡¡SOLO NOS QUEDA METERNOS!!

     

    A LAS TRINCHERAS!

     

     

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