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TORMENTA DE IDEAS
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Blog TORMENTA DE IDEAS - ISABEL MENÉNDEZ BENAVENTE

ISABEL MENÉNDEZ BENAVENTE

Soy esposa, madre y psicóloga. Me gusta ante todo vivir. La vida es apasionante y contarla a través de este blog, me parece todo un privilegio. Mi prioridad :mi familia;mi adicción: mi trabajo, ese con el que trato de ayudar a encontrar esa luz que muchos necesitamos, a través de las tinieblas. Me ...

Sobre este blog de Sociedad

Este blog es eso, una tormenta de ideas. Es una técnica que utilizamos en psicología, y en general cuando se trata de encontrar solución a algún problema , tomar decisiones y de alguna manera fomentar la creatividad... Se trata de que salgan todas las ideas que uno tiene, aunque puedan parecer en p...


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  • 29
    Diciembre
    2013

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    ABUELITA

     Ya está... Llevabas seis años esperándolo. Estabas deseándolo, porque todos sabíamos que él era tu vida y ahora ya estás con él. Pero ¿sabes?  yo hace poco que te había encontrado; había conseguido que me demostraras el amor que me tenías y que siempre necesité, porque desde que te faltó él,  te habías vuelto mucho más vulnerable, y quizás te diste cuenta de que aquella nuera tan guerrera necesitaba, precisamente de ti, que siempre fuiste igual que ella, caricias, sonrisas y cariño. Siempre supe que me querías, claro, pero tu  carácter estaba forjado por una vida de trabajo, de generosidad sin límites hacia tus hijos, de lucha por conseguir por todos y para todos un futuro mejor, y te dejaba poco tiempo para sensiblerías. Llevabas trabajando desde niña y tu trabajo era muy, muy importante, como lo es el mío para mí. Los besos los dejabas para tus nietos, que eran especiales, como él. Cuando nacieron y fueron pequeños los achuchabas como nadie y el carmín en sus carinas era la marca de tu casa. Para ellos siempre una sonrisa que te iluminaba la cara cuando aparecían. Estabas orgullosa. Incluso cuando ya no estabas tan lúcida, siempre pendiente de todos y cada uno de ellos. Tengo recuerdos de casi 40 años junto a ti, desde que me enamoré de tu hijo; pero los más maravillosos son los de estos últimos años. Nadie ha sido tan generosa para los suyos como tú. Lo eras para todos, excepto para ti misma.  Pero yo necesitaba mimos y tú no eras cariñosa porque no era tu carácter, y ahora al final, lo había conseguido. Nos cogíamos de la mano y me la acariciabas mientras estábamos sentadas una junto a la otra. Cada vez que me veías, Elo, me decías lo guapísima que estaba, que qué vestido o qué zapatos más guapos... tú que nunca, jamás, te habías fijado en nada de eso. Todo te parecía bien, me decías que trabajaba mucho y sobre todo veía siempre tu sonrisa, que te juro tengo grabada en mi memoria. Yo era feliz, ¿sabes? Me gustaba verte guapa, porque seguías siendo la abuela más guapa del mundo. Te reías cuando te lo decía, pero sobre todo estos últimos meses, estabas radiante, más viva que nunca. Los ángeles que te cuidaban hicieron que volvieras a ser un poco más tú. Quizás por eso decidiste que cuando volviera tu hijo de fuera, te irías porque ya estabas preparada.

    Y  nos dejaste  como siempre habías hecho. Sin querer molestar... Nos echabas siempre para que saliéramos y no estuviéramos contigo; te querías ir pronto cuando venías a comer para que durmiéramos la siesta; te recuerdo siempre así, sin querer  ser una carga para nadie. Por eso, no soportabas tu situación de los últimos años. Porque tú querías valerte por ti misma, porque para ti tu cuerpo era una cárcel... Porque ya no lo controlabas todo como siempre habías hecho. No sabes lo que recé para que te fueras como te has ido, porque en cada ingreso, en cada bajón tuyo, yo sabía que no podías más... ¡Porque me veía tan, tan reflejada en ti! Pensaba en lo que significaba en tu caso, depender de los demás, no ser independiente, tú que fuiste siempre un torbellino, tan parecida en muchas cosas a mí...

    Pero la rabia fue derivando en dulzura, porque ya habías aceptado que no podías ir derrapando con tu cuatro latas para llevar a los niños al cole, abrir la tienda la primera y salir la última, hacer mil cosas a la vez, sin parar un solo segundo y tenernos a todos firmes, porque hace tiempo que las palabras no fluían como antes... Creo que al final lo aceptaste y que empezaste a ver lo positivo de las charlas, de los vermuts al sol, ¿te acuerdas?, de los besos, mimos y manos entrelazadas. Quizás te diste cuenta de que siempre he querido que fueras mi mami, cuando ella se fue. Lo conseguí, y me moría por verte reír, y por decirte que tenías los ojos verdes más bonitos del mundo, esos que veían por esos otros ojos que te esperan allá arriba desde hace seis años. ¿Sabes?, ayer le dije a una persona en tu despedida que lo único que quería era llegar con tu hijo a ser como tú con él. Cogidos de la mano hasta el final. Como estarás ahora, leyendo esta carta. Y quiero darte las gracias por lo que me dejaste, por lo mejor de mi vida, por tu hijo, por tus nietos y decirte algo que me duele horriblemente no haberte dicho mucho más. Que te quiero mucho, mucho, abuelita.

     

     

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