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TORMENTA DE IDEAS
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ISABEL MENÉNDEZ BENAVENTE

Soy esposa, madre y psicóloga. Me gusta ante todo vivir. La vida es apasionante y contarla a través de este blog, me parece todo un privilegio. Mi prioridad :mi familia;mi adicción: mi trabajo, ese con el que trato de ayudar a encontrar esa luz que muchos necesitamos, a través de las tinieblas. Me ...

Sobre este blog de Sociedad

Este blog es eso, una tormenta de ideas. Es una técnica que utilizamos en psicología, y en general cuando se trata de encontrar solución a algún problema , tomar decisiones y de alguna manera fomentar la creatividad... Se trata de que salgan todas las ideas que uno tiene, aunque puedan parecer en p...


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  • 20
    Marzo
    2016

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    familia Inteligencia emocional Empatía lucha.

    DICHOSA EMPATÍA

    Soy lo que soy, desde que tengo uso de razón. He querido ser siempre lo que he conseguido. Primero madre y luego psicóloga. Ahora abuela.  Y nunca he querido dejar ninguna de mis facetas, haciendo a veces lo imposible para abarcar sin desmayar todas las facetas de mi vida, porque eran eso, mi vida. Ahora soy menos madre, es una manera de hablar, ya no me necesitan, más abuela e igual psicóloga, pero con un problema añadido. Los años, esos que no perdonan. Los que me hacen estar agotada al acabar el día porque las penas ajenas me pesan cada vez más. Es curioso, siempre me ha gustado distinguir entre simpatía y empatía. Cuando doy cursos sobre inteligencia emocional hablo de los dos conceptos. La empatía es ponerse en el lugar del otro, es básica en la inteligencia emocional. Es básica para mi trabajo, ponerme en el lugar del otro, pensar como él piensa,  entenderlo, tratar de comprender qué pasa por su mente, no sólo por sus palabras sino entendiendo todo sus mensaje el verbal y el no verbal, y no desde nuestra perspectivas, sino intentando pensar como él lo hace, con sus creencias, o valores.  Y está claro que yo la tengo, no la adquirí, nací con ella, como antes lo hizo mi madre, sin ser psicóloga y a través de cuya alma y ojos yo vi la realidad de un mundo que cada vez se hace más oscuro, ella que era todo luz y esto nos transmitía. Y digo esto, porque cuando explico la empatía, diferencio entre empatía y simpatía.  Y pongo un ejemplo. La simpatía es cuando alguien está ahogándose, tirarse a por él aunque no sepas nadar, con lo que probablemente os ahogaréis los dos. Empatía es pensar que él se está ahogando que no sabe nadar y que lo más práctico es echarle una cuerda con un salvavidas y arrastrarlo a la orilla. Él se salva y tú también. Pues yo creo sinceramente que estoy confundiendo ambos conceptos. Aun no me he ahogado, que va, me queda cuerda, pero mis pulmones se llenan de agua cada vez más... se llenan de agua como mi llanto ante tanta pena, tanta familia destrozada, tantos niños utilizados como armas entre padres que nunca debieron serlo, niños que no llegan a las metas que se les ponen y se sienten deprimidos cuando aún no han empezado a vivir, estresados, ansiosos, sin infancia, sin nada.  Y resulta que en vez de hacerme cada día más dura, cada día me afecta todo más. No me digan... quizás es que pienso en lo que me hace levantarme cada mañana, en esa niña que vivirá en un mundo que no podrá ver hermoso a través de mis ojos y no quiero. No quiero eso para ella, no por Dios. Quiero que su vida sea como fue la mía, una infancia feliz, con una familia unida que se quería, con juegos y risas y riñas, y bromas y sencillez, total, absoluta. La vida se reducía a jugar, a ser feliz, a encontrar el refugio de tu madre, de sus brazos y la serenidad de tu padre, sus principios, oírle hablar de política, de cultura, sin acritud, sin miedos y la vida iba pasando sin sobresaltos, simplemente era una vida normal.  Con todo lo que necesitábamos: la protección y el amor de nuestros padres, de mis hermanas. Ellos se fueron pronto y la vida dejó de ser tan hermosa, pero yo luché para que ellos mis hijos vieran lo mismo que yo vi...luz.  Ahora, quiero, lucho por hacer lo mismo por mi nieta, pero este dolor de hoy mismo, este llanto de hoy al salir de la consulta, quizás empañe esa alegría que todo el mundo dice que me sale por los poros. Y sí que me sale... lo sé, pero ¿saben? Cada vez me cuesta más trabajo. El dolor ajeno es inmenso, y yo no sé, quizás no tenga la fuerza de coger la cuerda para que se salven y sin quererlo me esté  metiendo poco a poco en el agua... y no puedo permitírmelo, ni por ella, ni por los otros niños. Esos que nadie sabe hasta qué punto llego a sentir como míos... tengo que ser fuerte. Tengo que saber que si me tiro quizás no pueda salvarles, tengo que coger la dichosa cuerda, secarme las lágrimas y tirar con todas mis fuerzas para que lleguen a la orilla. Así les salvo a ellos, a ella y a mí misma...solo necesito dormir un poco...hoy.

     

    DICHOSA EMPATÍA

     

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