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TORMENTA DE IDEAS
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Blog TORMENTA DE IDEAS - ISABEL MENÉNDEZ BENAVENTE

ISABEL MENÉNDEZ BENAVENTE

Soy esposa, madre y psicóloga. Me gusta ante todo vivir. La vida es apasionante y contarla a través de este blog, me parece todo un privilegio. Mi prioridad :mi familia;mi adicción: mi trabajo, ese con el que trato de ayudar a encontrar esa luz que muchos necesitamos, a través de las tinieblas. Me ...

Sobre este blog de Sociedad

Este blog es eso, una tormenta de ideas. Es una técnica que utilizamos en psicología, y en general cuando se trata de encontrar solución a algún problema , tomar decisiones y de alguna manera fomentar la creatividad... Se trata de que salgan todas las ideas que uno tiene, aunque puedan parecer en p...


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  • 01
    Junio
    2015

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    SOCIEDAD Oviedo

    REFLEXIONAR

    Reflexionar... ¡Dios! Tendríamos que tener jornada de reflexión todos los días. Llámenlo ustedes pensar, por ejemplo en algo diferente a lo habitual, en el próximo y/o prójimo; llámenlo meditar, pero lo que está claro es que hay que pararse y pensar. Los días de reflexión son absolutamente necesarios y no precisamente por cuestiones electorales. Son básicos, diría yo, si analizamos el mundo que entre todos estamos creando. Porque somos nosotros quienes hacemos historia, quienes dejaremos la herencia de lo que hemos inculcado a nuestros hijos, que son ni más ni menos que el futuro. Ya les comenté que el hartazgo de la política me lleva a opinar cada vez menos, y me afianza en esos valores que hace muchos años, 59 concretamente, me inculcaron aquellos a quienes tengo en mi alma siempre presentes. Aquellos que se fueron demasiado pronto, y a los que les debo absolutamente todo en mi vida. En el aspecto profesional (quizás eso haga que tantas veces mi empatía me haga sufrir como si yo misma lo viviera) y personal, sintiéndome orgullosa de la familia que hemos creado.  Pero evidentemente no es lo que pasa ahora. Me enseñaron desde pequeña a respetar a los mayores, a ponerme en el lugar del otro, a defender al más débil y a luchar a muerte contra lo que considero injusto. Todo esto me trajo y aún me trae muchos disgustos. Porque a veces esos contra los que te enfrentas son el poder, y no tienen reparo en desgraciarte la vida si es necesario con tal de conseguir unos propósitos que nunca son loables. Por eso hay que reflexionar. Porque tenemos hijos, pero no los educamos.  Ya no digo en modales, educación, solidaridad, etc. Eso queda para los que son padres de verdad, y lo saben porque lo repito hasta la saciedad, de esos quedan pocos. Hablo de tener hijos con todas las consecuencias, sabiendo que pueden no ser exactamente como tú quieres, que quizás no son tan cercanos, que no siguen la ruta que tú querías, pero que son maravillosamente diferentes a ti,  sabiendo como sabes que en esa ruta, ese camino, os encontrareis otra vez porque va siempre al mismo sitio. El de la honradez, la responsabilidad, pero sobre todo eso tan cursi y retrógado que se llama bondad, y que es algo imprescindible. Debemos reflexionar si con nuestra pareja no tenemos fallos que se pueden subsanar con una simple conversación, mirándose a los ojos y descubriendo lo que desea, lo que sufre o lo que ama el alma del otro; pensar si realmente en nuestro trabajo estamos dando todo lo que verdaderamente podemos dar, que puede ayudar a que esta España nuestra vaya mucho mejor. Pero es difícil pararse a pensar. Ahora solo corremos... Para poder ir de vacaciones, para comprar un buen coche, para que nuestros hijos sean más que los demás y además se note, y si es con marcas visibles aún mejor. Pero sobre todo porque nos hemos convertido en personas que solo se preocupan de sí mismas, sin ser conscientes de que hay gente alrededor que sufre por una o por otra causa. Porque hemos perdido esas amistades que perduraban a través de los años, en cuyos hombros derramabas las lágrimas que ocultas a los demás y que se correspondían con unos brazos siempre dispuestos para cuando ellos te necesitasen. Porque entre todos hemos conseguido un país al que ya casi ni respetamos... Permítanme que acabe con una canción que uno de esos amigos que afortunadamente tengo y que estarán siempre en mi vida, me acaba de mandar. Reflexionemos simplemente pensando en aquello que cantaba la inolvidable Cecilia: “¿Dónde están tus ojos? ¿Dónde están tus manos? ¿Dónde tu cabeza? Mi querida España, esta España mía, esta España nuestra". Ojalá vuelva a ser eso, nuestra.

    ¿ SERÁ NUESTRA ESTA ESPAÑA MÍA?

     REFLEXIONAR

     

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