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UnA ManCha Más Al TigrE...
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Raquel López Murias

Asturchale sin ganas de independizarme sino de volver a casa.

Sobre este blog de Deportes

Con más de treinta años la vida se ve de forma diferente. Parecía que no llegaban nunca pero al final en los veinte tampoco pintaba nada. Cosas que me pasan, lo que siento, lo que sufro, lo que me hace reír y mil y una anécdotas de una asturiana rural expatriada que sufre a gritos el bajonazo de la ...


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  • 27
    Julio
    2013

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    Café templado. Que sean dos.

     Qué capacidad tiene el ser humano de recuperación, y quizás sea necesario para seguir adelante, puede, es muy probable. Esta mañana en el bar un señor de pantalón corto, pelo canoso y sudoroso después de su probable paseo mañanero entró y pidió al camarero un cortado, un vaso de agua y un croissant. “Qué desgracia lo de Galicia, verdad”, se oyó detrás de la barra mientras empezaba a sonar la cafetera. “Sí. Templado por favor”, contestó el cliente. Y silbó, algo parecido a una canción, mientras pasaba por alto las páginas del periódico que escudriñan en los porqués de este más que trágico suceso.

    Es la terapia que nos hacemos para no volvernos locos, para tragar las imágenes de esos pies con sandalias de peregrinos, con playeros deportivos o descalzos. Esa hilera de cadáveres tapados con mantas o toallas de playa de marca que se habían comprado, probablemente, para acercarse un día a la playa. Ochenta muertos, noventa y cuatro heridos. ¡Qué horror! Horas frente al televisor intentando saber qué ha pasado en esa curva por la que a diario pasaban trenes que  llegaban a su destino. El destino injusto, que se llevó las ilusiones y las vidas de tanta gente en un convoy con final de trayecto en la ciudad del peregrino, donde muchos encuentran la paz eterna con el olor del botafumeiro. Sistema de freno, velocidades inadecuadas, despistes ¿quién lo sabe? Mensajes de texto que se quedaron sin respuesta, móviles sonando en los bolsillos de cuerpos inertes, tecnología puntera que también falla. Y entonces estalla la gratitud del gallego, encerrado en sí mismo, discreto, personas que quedarán marcadas de por vida por no haber podido  hacer todo lo que quisieran, golpes certeros para romper ventanillas y sacar vivos y muertos. Calor humano y flujo de vida que intenta paliar la muerte que a veces aparece caprichosa e injusta sin dar explicaciones. Y se acabó. Tantas cenas por celebrar, tantos huecos quedaron vacíos, tantos planes, tantas parejas, tantas familias, tanto niños que nunca llegarán a viejos, tanto dolor en unos metros, tanto olor a muerte.

    Lágrimas y más lágrimas, por qué a él, por qué a ella. ¿Quién lo sabe? Hay dos opciones volverse loco o seguir viviendo. La muerte es parte de la vida, dicen, puede ser, pero nos cuesta tanto aceptarla. Maldito tren y maldito viaje negro. Nada volverá a ser como antes, nada, seguiremos viviendo y tomando el cortado templado, y pasamos las páginas del horror en el periódico porque quizás no podemos enfrentarnos a esto si hemos tenido la suerte de que no nos ha tocado.

    ¿Quién nos enseña a vivir después de tantas muertes?, ¿quién nos mitiga el desgarro de las vidas que descarrillan antes de tiempo? ¿quién? Nada, y volvemos a nuestro día a día, a nuestras costumbres mundanas que no son más que la vida, tan sencillas como hacer una maleta, como coger un tren. En el andén esperaban tantos proyectos por hacer que se quedaron cerrados antes del billete de vuelta. Sólo podemos aferrarnos a que antes de la tecnología puntera y de los sistemas de freno, antes de que todo falle, antes está el ser humano. No hay consuelo, no hay nada que decir. Galicia se ha quedado en silencio, momentos en los que no hay ruido, porque no desgraciadamente, no existen los milagros. Sentir el corazón palpitando y darnos cuenta de que quizás la vida no es para perderla en viajes que no nos llevan a ningún lado porque sí tiene que pasar, pasará.

    Café templado, por favor. Que sean dos. 

     

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