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Raquel López Murias

Asturchale sin ganas de independizarme sino de volver a casa.

Sobre este blog de Deportes

Con más de treinta años la vida se ve de forma diferente. Parecía que no llegaban nunca pero al final en los veinte tampoco pintaba nada. Cosas que me pasan, lo que siento, lo que sufro, lo que me hace reír y mil y una anécdotas de una asturiana rural expatriada que sufre a gritos el bajonazo de la ...


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  • 29
    Octubre
    2014

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    ¿Cuántos huecos podemos soportar?

    La vida y la muerte se miden en huecos en la mesa. Cada vez tengo más claro que solo somos realmente felices cuando somos pequeños y no nos damos cuenta del dolor terrible que se siente cuando alguien se nos va, cuando deja la cabecera vacía, o la butaca del fondo. Cada uno tiene su sitio en su casa, algunos hasta guardan el tenedor de Barca o del Real Madrid, el vaso de la Nocilla o el último plato de la vajilla de San Ignacio. Y un día sin más, llega la despedida a bocajarro y te encuentras con esos malditos silencios, esos huecos imposibles de rellenar y que siempre estarán vacios. Nadie nos enseña a aceptar a la muerte, e incluso los más creyentes prefieren quedarse entre nosotros. Nadie tiene prisa por saber qué pasará luego, porque sea lo que sea, nunca será como una mesa llena de amigos y de familia en la cocina de casa. Nos pasamos la vida despotricando del vecino, del que no nos deja sitio para aparcar, del kilo de más que no nos deja embutirnos en la talla cuarenta y luego ¿qué? Luego nada. ¿Cuántos huecos somos capaces de asumir en esta vida, cuántos adioses? No hay cupos, esto no es como la pesca del salmón, nadie ha medido ni ha puesto coto al dolor y entonces tenemos que acostumbrarnos a vivir de otra forma, a sobrevivir. En esa lucha por salir adelante cada uno va rellenando los huecos como puede, yo me tiro a los zapatos, que me llevan a pensar en cosas banales, en colores, en tacones, en todo aquello que es superficial pero que nos ayuda a evadirnos de la cruel realidad que siempre nos acecha. La muerte es el miedo, es el terror, es el vacío más inmenso. La muerte es el final. Quien haya diseñado la vida cometió el error de someternos obligatoriamente a la muerte. Tuvo que ser alguien que no sufrió por tener demasiados huecos vacíos. Benditas casas pequeñas donde se amontona la gente en Navidad y hay que darse codazos para repartir el pavo. Ni un hueco más, por favor, que aún no hemos sido capaces de rellenar el vacío del último. No más zapatos. Me sobran hace mucho tiempo. Sólo más camino para seguir dando zapatilla.

     

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