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Raquel López Murias

Asturchale sin ganas de independizarme sino de volver a casa.

Sobre este blog de Deportes

Con más de treinta años la vida se ve de forma diferente. Parecía que no llegaban nunca pero al final en los veinte tampoco pintaba nada. Cosas que me pasan, lo que siento, lo que sufro, lo que me hace reír y mil y una anécdotas de una asturiana rural expatriada que sufre a gritos el bajonazo de la ...


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  • 23
    Mayo
    2012

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    Mario Bros, el fontanero que todas queremos

     

    Aprendí a jugar al Mario Bros ya con doce o trece años y reconozco que nunca hubo un juego que me gustase tanto… Eran tiempos en los que no había internet en casa y no buscabas la solución para pasar las fases en la red, había que dedicarle tiempo. Nunca se me olvida el día que descubrí que saltando encima de una tortuga te daban vidas y vidas, si conseguías que rebotase contra la escalera y no se te escapase. ¡Flipé! La tortuga en cuestión me hizo feliz, y me dio lo menos cuarenta o cincuenta vidas, que fueron necesarias para llegar a rescatar a la princesa. Mario Bros me descubrió que los hombres de bigote y mono pueden molar la de Dios, y que las imitaciones nunca son lo mismo. Por eso cuando llegó Luigi, ese medio hermano que diseñaron para ayudarle a eliminar las plagas de tuberías, me di cuenta de que yo siempre sería fiel a Mario, al único fontanero que permití que pasase horas conmigo en soledad, y al que besé a través de la pantalla del televisor en lo que fue mi única relación virtual y sin miedo a las radiaciones. En realidad me fue mucho mejor con Mario que con los fontaneros de carne y hueso, que son incapaces de quitarme el olor a cañería del plato de ducha, quizás Luigi se esté vengando de mí, a sabiendas de que para mí siempre fue un segundón y que siempre dudé de su capacidad de eliminar plagas de tubos y sucedáneos. Mario Bros, ¡ven a limpiarme esta cañería!

     

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