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Julio Barbero

Mi nombre es Julio Barbero Medina. Tengo 33 años de edad. Por la profesión - un programador. Mis aficiones son la informática, deportes, historia, estilo de vida saludable.

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Mi blog sobre deportes, salud, tenologiyah moderna.


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  • 05
    Julio
    2015

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    Síndrome de la fatiga crónica

    La incapacidad para ducharse, salir de la cama, bajar a la calle y para llevar a cabo cualquier acto cotidiano que requiera esfuerzo, además de un cansancio acusado en el tiempo, son algunos síntomas de la Fatiga Crónica. El principal problema de esta enfermedad es su detección, puesto que estos síntomas fácilmente se pueden confundir con episodios de depresión o estrés. Los expertos consideran que para que se confirme el diagnóstico de este síndrome el cansancio debe de ser tan severo que quien lo padece debe ver disminuida a la mitad su capacidad para participar en actividades ordinarias durante seis meses. Aunque en España no existe un registro que cuantifique el número de personas que padecen esta enfermedad, una aproximación cifra entre 15.000 y 90.000 el número de afectados, según estudios sobre epidemias aportados por expertos en esta cuestión.

    Síndrome de la fatiga crónica

    Causas y síntomas

    No se conoce con exactitud la razón por la que aparece el síndrome de fatiga crónica o afección de cansancio acusado y prolongado en el tiempo que impide a la persona que lo padece desarrollar una vida laboral, social y de relación con normalidad. Se sabe que este mal tiene mayor prevalencia entre las mujeres adultas de 30- 50 años de edad, aunque puede manifestarse en individuos de ambos sexos y en niños y adolescentes. Las investigaciones, por tanto, se dirigen sobre todo al estudio de los factores que la pueden desencadenar, como este hecho de que predomine más entre mujeres que hombres o que haya antecedentes familiares. También se sabe que hay algunos hábitos durante la vida del paciente que predisponen a padecer este mal, como tener poca actividad o realizar poco ejercicio.

    El doctor Joaquím Fernández Solá, de la Clínica Universitaria de Barcelona, afirma que el desencadenante de su aparición, en un 85 % de los casos, suele ser un episodio gripal más o menos severo o una neumonía. Este especialista asegura que se trata de virus normales que todo el mundo puede coger, pero que en algunos pacientes se comportan como virus persistentes "y dan un cuadro de mantenimiento de la afección de tal manera que pueden hacer iniciar la enfermedad".

    También hay otras causas que pueden provocar su aparición, aparte del virus, como las intoxicaciones o el contacto con tóxicos de forma intensa o mantenida, como en el caso de los insecticidas. Un estrés altísimo, una situación de mobbing o una presión física muy intensa pueden también degenerar en esta patología. Al cansancio sin causa y desmesurado se añaden otros síntomas menores, muy variables de unos enfermos a otros. Es frecuente tener algunas décimas de fiebre, sobre todo por las tardes. También se encuentran entre las quejas más habituales los dolores de cabeza, el dolor de garganta y los dolores musculares o debilidad. Otros síntomas incluyen la aparición de ganglios en el cuello, la dificultad de concentración y las alteraciones de sueño. ¿Cómo se pone fin a esta situación?

    Cristina Montené, de la Asociación Catalana de Afectados por el Síndrome de Fatiga Crónica, afirma que la persona que lo padece no recupera la energía y que la sensación de cansancio no mejora con el descanso. Montené realiza una comparación para describir esta enfermedad. "una persona juega un partido de fútbol, se ducha, descansa una o dos horas y recupera la energía; una persona con fatiga crónica no la repone, es como si se le hubiera roto la batería interior", aclara. Según esta experta, es una situación que afecta sobre todo al estado de ánimo de los enfermos.

    El principal problema es que no se trata de una enfermedad lineal, ya que los síntomas de fatiga no se manifiestan igual todos los días. Hay días en los que el paciente está mejor, por lo que se encuentra pletórico, y otros peores, en los que el cuerpo no acompaña. "Hay personas que llegan incluso descuidar su higiene, porque el mero hecho de pensar en salir de la cama les supera", subraya.

    Diagnóstico

    El diagnóstico no es difícil para un médico que conozca la enfermedad. El problema, según Fernández Solá, es que el Síndrome de la Fatiga Crónica no sólo se conoce poco sino que el colectivo médico no la considera, hay un problema generalizado de credibilidad. Por otro lado recalca que si se conoce la enfermedad no es difícil diagnosticarla, puesto que "son criterios clínicos fáciles". Montené reconoce que el facultativo sólo puede diagnosticar esta enfermedad en función de lo que le vaya contando el paciente. No obstante, incide en que en un principio no suelen acertar con el diagnóstico. Lo normal es que el médico de cabecera considere que el enfermo esté atravesando un episodio de depresión y le mande al psiquiatra, que le medicará para combartirla con antidepresivos. Sin embargo, "a los enfermos de Fatiga Crónica les sientan fatal los medicamentos", resalta.

    La experta recalca que es una enfermedad "de por vida" y aconseja que la mejor manera de 'llevarla' es aprendiendo a vivir con ella. En este punto las distintas asociaciones de Fatiga Crónica juegan un papel muy destacado porque es en ellas donde se aprende a convivir con este mal. "Primero se les enseña a pasar el duelo, es decir a superar el disgusto, y después a que se conciencien. Hay que aprender a sacarle el máximo partido a cada cosa y a vivir usando el mínimo de energía; la ley del mínimo esfuerzo pasa a ser nuestra máxima", confiesa.

    A pesar de lo dicho hasta ahora acerca de que en estos momentos no se conoce ninguna cura para esta enfermedad, además de los medicamentos para tratar algunos de los síntomas, conviene insistir en la existencia dos tipos de tratamiento que pueden ser muy útiles: un programa de ejercicios especiales y una terapia de conducta. Los objetivos básicos del tratamiento van dirigidos a reducir los grados de fatiga y dolor, así como a mejorar los niveles de afectividad y calidad de vida de estos pacientes.

    Tratamiento

    Solá insiste en aclarar que el tratamiento a esta enfermedad es sintomático, se tratan los síntomas, por lo que hay que decirle al paciente muy claramente que 'no podemos quitarle la fatiga que tiene, sólo aliviarle'. "No conocemos a nadie en la asociación que se haya curado", añade Montané.

    En el momento de iniciar un tratamiento, los enfermos son clasificados en dos grupos: quienes aceptan la enfermedad y se adaptan a ella, y quienes no la aceptan y, por lo tanto, tampoco se adaptan. Aunque en ambos grupos la enfermedad persista, se ha comprobado que los que se adaptan aprenden a convivir con los síntomas y pueden hacer más actividades y llevar una vida más normal. Los que no se adaptan siguen teniendo los síntomas y, a menudo, empeoran. Ante la imposibilidad de curar la enfermedad, los expertos intentan aliviar sus síntomas, lo que se conoce como tratamiento sintomático, que consiste en la administración de algunos medicamentos y en cambiar el estilo de vida. "Hacerlo de una forma u otra puede suponer hasta un 30% de variación en la intensidad de los síntomas y no es lo mismo un 100% de fatiga que un 70%. En este último caso, se pueden realizar más actividades y llevar una vida más normal", dicen los expertos consultados.

    Las únicas intervenciones que han demostrado tener un efecto claramente beneficioso en los enfermos de Fatiga Crónica se recogen en el Documento de Consenso sobre el Diagnóstico y Tratamiento del Síndrome de Fatiga Crónica en Catalunya.

     

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