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Blog Y mañana más... - FILIPPO PRIORE

FILIPPO PRIORE

Nacido en Asturias en 1972, residente en Gijón y de origen italiano, en abril del 2010 le fue diagnosticado linfoma NT de células T periférico. Sometido a dos trasplantes de médula ósea en la Unidad de Trasplante Hematopoyético del HUCA, en la actualidad continua su lucha diaria contra la enfermedad...

Sobre este blog de Salud

La vida y el día a día de una persona afectada por un Linfoma NH, su experiencia personal, sus ilusiones, sus aficiones...; todo bajo un prisma de esperanza y optimismo, pero sin escapar de la realidad de una enfermedad dura y penosa, que junto con otras de tipo hematológico como leucemias y mieloma...


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  • 10
    Febrero
    2017

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    Oviedo salud

    Nadena0217

    Un héroe es aquel capaz de mostrar valor cuando en su interior siente miedo
    https://www.youtube.com/watch?v=3ElSSkd8W8o


    Son las once y cuarto de la mañana de este viernes diez de febrero, cuando comienzo a escribir el Blog. El día ha amanecido con nubes y claros y con una temperatura fresquita, que no deja de ser normal para estas alturas del invierno en las que estamos. Quien quiera veinte grados en invierno tendrá que mudarse a Las Canarias.

    Hoy me he levantado algo cansado, después de una noche que no ha sido del todo buena. Así que ya sabéis mi remedio para estos días en los que necesito un ‘chute’ de energía positiva: música. Y en ello estoy mientras os escribo.

    La razón por la que la noche fue un poco más ‘larga’ de lo normal es que ayer de tarde me tocó pasar por el dentista. Llevaba unas cuantas semanas con bastantes molestias en una de las muelas del juicio y finalmente, por aquello de que no fuera a más, conseguí vencer la pereza que creo que a todos nos da ir a nuestro dentista y reservé cita. Demasiado tarde: la muela estaba tan dañada que la mejor solución y prácticamente la única, era sacarla. Y así lo hicimos. Bueno, ya me entendéis: hacer, lo hizo mi dentista. Yo bastante tuve con agarrarme al sillón para que él no me levantara de la fuerza que hubo de ejercer con la tenaza, porque la muela en cuestión estaba enraizada de la peor de las formas posibles para ser extraída. El pobre hombre sudó la gota gorda, mientras los dos rezábamos para que encima la muela no se rompiera y saliera de una pieza. Lo que normalmente dura apenas unos segundos, en mi caso se prolongó durante unos cuantos minutos.

    Al final, la muela no se rompió y salió entera. Puedo por tanto afirmar sin miedo a equivocarme, que desde ayer a eso de las nueve y media (típico horario de dentista), si ya me quedaba poco juicio, ahora tengo exactamente un 25% menos. 

    Bromas aparte, lo cierto es que es en estos pequeños problemas, llamémosles de salud, normales para la mayoría de personas, cuando me doy cuenta de que hay un poso de mi enfermedad dentro de mí que no consigo eliminar y que hace que entre en ‘modo pánico’, ante cualquier situación de este tipo. Lo demuestran los pensamientos que me vinieron mientras mi dentista se peleaba con la tenaza y mi muela o los que tuve durante toda la noche, pensando si sangraría, si podría infectarse… Os juro que soñé con la maldita muela.

    Y lo cierto es que en realidad, no tendría que tener motivos para la preocupación, porque todavía la semana pasada pasé por el hospital a realizar los habituales análisis de control y todo está dentro de lo normal. Bueno, miento: ahora ha aparecido un ligero hipotiroidismo, pero que es algo muy habitual en las personas trasplantadas. Lo vigilaremos sin más. Por otra parte sigo con un ligero catarro, pero como la mayoría de las personas que me rodean. ¡Si hasta lo ha pillado mi hermano! Él que llevaba sin coger un resfriado desde hacía siglos… Pero, ¡ay amigo!: los niños son los niños. Y sus virus la madre de todos los virus. No hay quien escape de ellos.

    Hablando de mis dos pequeñas máquinas de generar virus, deciros que Selena, que dentro de quince días cumplirá nueve meses, es una niña de esas que apenas dan guerra. Llora como todos los niños: cuando tiene sueño, cuando tiene hambre, cuando hace caquita para que le cambies el pañal o cuando está malita. Eso sí, cuando llora, lo hace con una rabia y una fuerza, que creo que cuando crezca será una niña con un marcado carácter. Lo mismo luego no tiene nada que ver… Lo que es evidente que tener a una hermana mayor a su lado, la estimula de un modo extraordinario.

    Nadaya, por su parte, con sus cuatro años, no pasa un día en que no tenga una ocurrencia que no me haga reír, o a veces hasta reflexionar. Sé que os reiréis de mí, pero estoy leyendo a ratos un libro sobre psicología infantil, de verdad muy interesante, con técnicas para aprender a escuchar a los niños y lograr también que estos te escuchen a ti. Porque los que tenéis pequeños, sabéis bien de qué os hablo. Os cuento un pequeño ejemplo que esta mañana mismo, al levantarme, me ocurrió con Nadaya. 

    Después de desayunar y vestirse para ir al colegio, se encaprichó con que quería ponerse un collar, de estos típicos de juguete. La primera vez que me lo dijo, le respondí simplemente con que a la escuela no se pueden llevar collares, porque pueden romperse jugando con otros niños. Ella entonces, volvió a insistir. Intenté entonces asociar la situación a un libro que tenemos y que le encanta, donde por medio de unos niños que van al colegio, va explicando lo que se puede y no puede hacer. Y una de esas cosas que no se pueden hacer en el libro es precisamente llevar ‘joyas’. “¿Te acuerdas de ese libro que leemos y que dice que no se pueden llevar collares?”, le recordé. Ella se quedó pensando, pero aun así volvió a insistir. Probé de nuevo a cambiar de táctica y le dije: “hacemos una cosa; hoy le preguntas a la maestra y si ella te deja llevar el collar, el lunes lo llevas”. Ella volvió a quedarse pensando y asintió. Inmediatamente, sin darle tiempo a cambiar de opinión, dirigí esta a sus zapatos: “¡vaya!, ¿has visto que tienes un poco sucios los zapatos? ¿Quieres ayudarme a limpiarlos con la esponjita?”. Ella no lo pensó dos veces y se fue corriendo a por la esponja. ‘Crisis’ solucionada. Aunque no siempre es así. Y aunque estoy seguro de que le va a preguntar a su profesora y el lunes volverá a querer llevar el collar. Pero al menos esta mañana, nos hemos librado de una discusión inútil. ¿No os parece?

    Bueno, creo que por hoy ya os he soltado demasiado rollo. Supongo que lo de andar escribiendo tanto artículo para La Nueva España, hace que se me suelten los dedos con más facilidad de lo que ya era habitual en mí. Tengo en mente unos cuantos temas y lo que me falta es tiempo para ponerme con ellos. Ya sabéis que los jubilados lo que menos tenemos es tiempo. De todos modos, ahora en serio, sí que quiero con motivo del próximo Día Internacional Contra el Cáncer Infantil, que tendrá lugar la semana que viene, concretamente el 15 de febrero, escribir algo. Es lo mínimo que puedo hacer por esos miles de niños que hoy mismo, están luchando contra el cáncer, como pequeños superhéroes.

    Nada más que deciros. Un fuerte abrazo, disfrutad al máximo de este mes de febrero (recordad también que el martes que viene es San Valentín) y como no me canso de deciros en esta época, cuidaros muy mucho de los catarros; que siguen ahí, escondidos donde menos lo esperáis y traicioneros a más no poder. Feliz fin de semana y mañana más…

     

     

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