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Blog Y mañana más... - FILIPPO PRIORE

FILIPPO PRIORE

Nacido en Asturias en 1972, residente en Gijón y de origen italiano, en abril del 2010 le fue diagnosticado linfoma NT de células T periférico. Sometido a dos trasplantes de médula ósea en la Unidad de Trasplante Hematopoyético del HUCA, en la actualidad continua su lucha diaria contra la enfermedad...

Sobre este blog de Salud

La vida y el día a día de una persona afectada por un Linfoma NH, su experiencia personal, sus ilusiones, sus aficiones...; todo bajo un prisma de esperanza y optimismo, pero sin escapar de la realidad de una enfermedad dura y penosa, que junto con otras de tipo hematológico como leucemias y mieloma...


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  • 03
    Noviembre
    2014

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    Ndy2014.17

    Ante la lluvia hay quienes aguantan el chaparrón, quienes usan un paraguas y también quienes se quedan en casa viendo la lluvia desde su ventana.

    http://www.youtube.com/watch?v=CUHecG5wAFk

    Son poco más de las tres y media de la tarde de este tres de noviembre, lunes, cuando comienzo a escribir el Blog. Después de unas semanas de otoño que más bien parecían una continuación del verano (que tampoco es que fuera excepcionalmente cálido), este fin de semana y especialmente hoy, nos hemos encontrado con lo que por lógica corresponde a estas alturas del año, recién estrenado noviembre, o sea,  lluvia y fresquito. Lo malo es que el cambio ha sido tan brusco que ya veremos si nuestros cuerpos no lo acaban pagando. Precisamente el viernes pasado me vacuné de la gripe en previsión de lo que se nos venía encima y no sé si será eso o este cambio tan repentino, que ando un tanto destemplado. Pasar en dos días de casi treinta grados a poco más de quince no se tolera fácilmente. Quizás debería haber esperado un poco más.

    Antes de que nadie se eche a temblar, deciros que este post confío en que sea mucho más corto que el último. Pero tampoco lo prometo, porque cuando uno se pone a escribir sabe por dónde y cuándo va a empezar (no siempre) pero no sabe ni por dónde va a seguir, ni mucho menos por dónde ni cuándo va a acabar. Tal vez ese sea el motivo por el que nunca me haya decidido a escribir algo en serio. Me falta capacidad de planificación y organización. Y sobre todo constancia.

    Os había anticipado en ese último post mi intención de pasar en familia unos días fuera de Gijón, y así lo hicimos. Concretamente disfrutamos de unas minivacaciones en Oporto, previo paso por Santiago de Compostela y parada al volver en Zamora. Únicamente en Santiago nos cayeron cuatro gotas. Durante el resto del viaje disfrutamos de un tiempo espectacular hasta tal punto de que en Oporto tuve que recurrir de nuevo a la crema solar puesto que a las horas centrales del día, el sol era inaguantable y podías notar cómo te quemaba. No conocía Oporto y tengo que reconocer que me gustó bastante, aunque la noté un tanto caótica en lo que al tráfico se refiere (¿qué gran ciudad no lo es?) y sobre todo complicada de caminar con un bebé en su carrito con tanta cuestas arriba y abajo. Quien haya estado allí seguro que me comprende. Nunca vi cuestas similares. Subiéndolas empujando el carrito me sentía casi como un ciclista cuando escala el Angliru, yendo de lado a lado y tirando de riñones… ¡Qué barbaridad!

    Por lo que se refiere tanto a Santiago como a Zamora las conocía de mi época en la que por trabajo viajaba por Castilla y León y Galicia. Fue divertido así volver a reencontrarme con lugares en los que me movía siempre solo mientras que en esta ocasión lo hacía con Mónica y Nadaya. De hecho escogí aposta los mismos hoteles en los que me alojaba cuando estaba por allí.

    De Nadaya decir que se portó mucho mejor que el padre. La pobre seguramente hubiera preferido otro tipo de vacaciones, porque se le notaba que echaba de menos su rutina, su parque, los abuelos… y no el tanto ir de aquí para allá en coche y en su sillita. Pero aun así como digo aguantó el tirón y los cambios de hotel (y de cuna) mejor que yo. Lo más gracioso de cuando llegábamos a la recepción de un nuevo hotel era ver cómo ella se plantaba delante del mostrador y pedía a voz en grito su cuna. Tendríais que haberla visto. Lo mismo que cuando llegábamos a un restaurante lo primero que hacía era pedir su “sillita especial”. Y es que en lo que a comer se refiere como ya os dije en alguna ocasión ha salido sin duda al padre.

    Hablando de comida esta semana pasada he comenzado con la “temporada Panettone”. Y por supuesto Nadaya no se ha resistido a probarlo y como era de esperar ahora cada mañana, después de tomarse su leche, me pide un buen trozo de Panettone (“¡grande, grande!”) con el que acompañarme mientras yo desayuno.

    Justamente la semana en la que Nadaya cumplirá sus dos añitos me tocará volver por el HUCA para una revisión rutinaria, en concreto el 10 de diciembre. En principio analítica y nada más. No sé cómo ya os comenté si valorarán programar un escáner o un PET/TAC dado que se cumple un año desde el último. Por mi parte si puedo dejarlo para más adelante mejor. Pero como siempre seguiré el consejo de los médicos.

    Creo que voy a tener que dejar el post por hoy dado que mi espalda se empieza a resentir. Es algo que por más que intento corrigiendo mi postura no consigo aliviar: cada vez que me siento delante del ordenador, al poco de empezar, comienzo a sentir un dolor agudo en la zona dorsal que luego no me abandona en todo el día. Claramente estoy oxidado. Pero no quiero despedirme sin antes agradeceros una vez más a todos aquellos que seguís interesándoos por mi estado a pesar de todo el tiempo transcurrido. Nunca he dado nombres porque sé que más allá de los que os ponéis directamente en contacto conmigo por mail, teléfono o Facebook, hay otros que habéis estado siempre ahí, aunque haya sido en silencio. En cualquier caso sí quiero dedicar este pequeño post especialmente (y aunque sin embargo no tenga nada de especial en sí mismo) a la persona que más ha sufrido conmigo y a la que más he hecho sufrir con todos mis miedos, egoísmos y cambios de humor. Esa soledad e impotencia de la persona que convive con una persona enferma sólo la conoce quien pasa por ellas. Del enfermo al menos el resto de personas se interesan de vez en cuando por su estado. Pero a quien le acompaña nadie le pregunta. Y es que es muy fácil decir aquello de “en la riqueza y en la pobreza, en la salud y en la enfermedad”… lo complicado es vivirlo y dar todo lo que tienes dentro (y más) por quien juraste ese compromiso. Nadie está preparado para la enfermedad y huimos de todo lo que tenga que ver con ella. Por eso es imposible compensar el valor de tener a alguien que lejos de huir se entrega más allá de lo imaginable por ti. Pero al menos lo intentaré de la única forma que puedo: disfrutando de lo que tengo.

    Y ahora sí ya nada más. Viendo cómo la lluvia continúa cayendo copiosamente me despido. Dentro de poco se despierta Nadaya de su siesta y toca fruta y luego ya veremos qué hacemos con este tiempo. Un fuerte abrazo... "y mañana más".

     

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