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Blog Y mañana más... - FILIPPO PRIORE

FILIPPO PRIORE

Nacido en Asturias en 1972, residente en Gijón y de origen italiano, en abril del 2010 le fue diagnosticado linfoma NT de células T periférico. Sometido a dos trasplantes de médula ósea en la Unidad de Trasplante Hematopoyético del HUCA, en la actualidad continua su lucha diaria contra la enfermedad...

Sobre este blog de Salud

La vida y el día a día de una persona afectada por un Linfoma NH, su experiencia personal, sus ilusiones, sus aficiones...; todo bajo un prisma de esperanza y optimismo, pero sin escapar de la realidad de una enfermedad dura y penosa, que junto con otras de tipo hematológico como leucemias y mieloma...


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  • 17
    Enero
    2014

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    Ndy2014.4

    La felicidad aparente al dolor rehúye la vista con una sonrisa

    (Schino)
     
     
    Son las cinco en punto de este viernes diecisiete de enero cuando después de haber reposado la comida y ya con mi té preparado, comienzo a escribir el Blog. Después de una noche en la que la garganta me dio bastante guerra, este mediodía, cuando me disponía a prepararme para ir a comer con los amigos de la pandilla, me encontré con que al poner el termómetro tenía unas décimas de febrícula. Así que nada de comida fuera de casa y en lugar de eso, me quedé solo en casa comiendo un arroz que me ofreció mi tía, siempre al quite en cuanto necesito de sus servicios al frente de los fogones. Es un poco triste por mi parte, cuarentón que soy, no ir más allá de poder prepararme un plato de pasta para salvar situaciones como esta y depender por ello siempre de terceras personas . Pero lo que no se aprende joven...
     
    Volviendo a mis síntomas febriles, lo cierto es que era algo que se veía venir, teniendo en cuenta que esta misma noche Nadaya estuve con más de 37,5. Y ella a saber de dónde o de quién lo cogería. En realidad eso ahora da igual. Y es que quien no tiene una afección de garganta -que es lo que creo que yo tengo- tiene un resfriado y quien no, está incubando una gripe o pasando ya por ella. Así que en mi caso lo que me toca ahora es estar tres días tomando Azitromicina, un antibiótico que evitará que cualquier infección principalmente del sistema respiratorio que pudiera tener fuera a derivar en algo más serio y procurar aplicarme el cuento con el que siempre os vengo y no ser yo ahora quien vaya a contagiar a nadie por ahí.
     
    En ese sentido, encontrarme con la portada de hoy de La Nueva España, donde se citaba el caso de un joven gijonés, enfermo de un linfoma, fallecido por complicaciones derivadas del virus de la gripe, entenderéis que me hace por un lado ponerme más en guardia si cabe, y por otro sobre todo, entristecerme enormemente por esa persona. Al final, hay situaciones que no dejan de estar sometidas al más puro e insensible azar y no hay nada que puedas hacer por evitarlas, pero eso no hace que no dejes de sentir mucha rabia cuando lees que una persona joven como tú, afectado por tu misma enfermedad, se ve superado por una gripe cuyo contagio tal vez pudiera haberse evitado.
     
    El azar. Siempre el dichoso azar. A ese que en ocasiones recurrimos como la excusa perfecta para justificar nuestras malas decisiones. Lo leía el otro día en un libro y no deja de ser en parte cierto. Tenemos el ser humano en general una predisposición innata a culpar al azar de todo lo malo que nos ocurre. Y cuando no es al azar entonces buscamos en el entorno el motivo de nuestros pesares. Reconozco que yo también lo hago muy a menudo, pero cuando lo pienso fríamente, hasta en esta enfermedad, pienso que yo tuve mi parte de responsabilidad con decisiones erróneas que pudieron ser el desencadenante inicial. ¿Quién lo sabe? Ahora no hay vuelta atrás y lo que he de hacer es mirar al futuro y no rendirme nunca. Nunca. Es algo que se lo debo a los míos.
     
    Me llegaba ayer casualmente por un error de la persona que me lo envió, que pretendía enviarme otra noticia, la historia de un enfermo terminal de cáncer -quizás la hayáis oído-, quien una vez convencido de que su curación era imposible, decidió ahorrarle a su familia el sufrimiento de verle deteriorarse progresiva e irremediablemente, y se fue sin más a vivir debajo de una tubería, como un indigente, sin que nadie supiera más de él hasta que murió y su compañero en aquella tubería, dio cuenta de su fallecimiento. Era una persona absolutamente normal, con medios y que de hecho dejó incluso todos los gastos de su funeral y entierro dispuestos antes de fugarse. Es una historia que deja a uno con mal cuerpo, sin duda. Pero entiendo perfectamente lo que pudo llevar a esa persona a tomar una decisión tan drástica. Aun así, en mi modesta opinión, tal vez no pensó en que mucho mayor que el dolor de ver a un ser querido apagarse puede ser el sentimiento de culpabilidad que quedaría en los suyos al pensar que pudieran haber hecho algo más que hubiese evitado ese triste final.
     
    Y es que de igual modo que quien no ha pasado por una enfermedad como ésta no puede imaginarse lo duro que puede resultar, pienso que nosotros los pacientes, no podemos tampoco imaginarnos lo duro que es para nuestros seres queridos. En ese sentido pecamos muchas veces como ya he dicho de egoísmo y nos volvemos un tanto déspotas, al menos en mi caso, consciente como soy de que nunca podré pagar todo el amor, apoyo incondicional y cariño que he recibido por parte de ellos. Yo habría sido incapaz de aguantarme ciertos comportamientos.
     
    Y nada más por este post, que es viernes y a alguno o alguna os pillaré pensando ya en el modelito para triunfar esta noche. Sea cual sea, recordad que ante todo sea calentito. Un fuerte abrazo, feliz fin de semana… “y mañana más”.

     

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