Oviedo,
Marco RODRÍGUEZ
Comparable a la Cruz de la Victoria o la Virgen de Covadonga, el Naranjo de Bulnes, una enorme mole de piedra caliza conocida por los asturianos como el Picu Urriellu, se ha convertido para los habitantes del Principado en todo un símbolo, una especie de marca registrada, un icono del que sentirse orgulloso.
Desde que en agosto de 1904 Don Pedro Pidal y Bernaldo de Quirós y Gregorio Pérez de María hicieran cumbre por primera vez, hasta la reciente apertura de una vía rozando la proeza por su belleza y dificultad de los hermanos Pou, muchas han sido las historias, no todas felices, que rodean a esta montaña.
Muchas son también las personas que pueden hablar de ella. Pero una, con letras mayúsculas, al haberla ascendido por sus cuatro caras, nada más y nada menos que 517 veces. Se trata de Bernabé Aguirre López, un parragués de Cofiño, profesional de la Guardia Civil destinado en Jaca como miembro del Grupo Especial de Rescate e Intervención en Alta Montaña. Nacido el día de San Mateo de 1957, celebró los 50 años de vida escalando el Naranjo, como siempre que se trata de recordar una fecha o unas ascensión en números redondos, por la Vía Rabadá- Navarro.
Para él, como para la mayoría de los grandes amantes del Urriellu, esta es la vía emblemática, la que tiene más historias dentro de la historia. Para su, de momento, última ascensión, la que realizó el pasado 22 de septiembre con una serie de compañeros y amigos entre los que se encontraban los renombrados César Pérez de Tudela y Pedro Ortega, escogió la cara sur del Naranjo por su vía «Directa de los Martínez».
En la expedición iban personas que jamás habían subido al coloso y era lo más aconsejable. Por trabajo, por placer, en todo tipo de condiciones y en las cuatro estaciones, coronar el Naranjo de Bulnes para Bernabé Aguirre es algo tan normal como para cualquiera de los mortales respirar.
A título anecdótico, para celebrar el centenario de la gesta pionera de Pidal y Quirós, Aguirre, junto a su compañero de la Unidad Especial Salvador Arroyo, ascendió las cuatro caras del Urriellu en un tiempo que no llegó a las nueve horas. ¿Cuándo llegará la 518 ascensión?. Ni él mismo lo sabe. «Cualquier día. Eso sí, me pararé a saludar y a tomarme un vino con mis amigos del refugio, como hago siempre», asegura. Lo curioso es que habla como si lo que ha conseguido careciera de mérito. Como cuando Miguel Indurain ganaba Tours sin parar.