Oviedo, Ángel FERNÁNDEZ ORTEGA
Al amparo de las destacadas montañas que configuran el cordal de Trapa, como Peña Busllar y la Peña La Muezca, se sitúan numerosas áreas de pastoreo perfectamente comunicadas por una intrincada red de pistas ganaderas. La acusada actividad campesina se manifiesta también por la restauración de muchas de las cabañas que adornan este paisaje de privilegio.
Su vasta orografía estructurada de suave relieve, disfruta de una estratégica ubicación en el corazón mismo del parque natural de Redes, constituyendo un único escaparate paisajístico sobre un entramado de montañas y valles.
Accedemos a Tanes (512 m.) núcleo rural situado en la carretera AS-17 Avilés-Pto. de Tarna y lugar más propicio para iniciar la ruta integral hacia el cenit de la excursión, situado en la braña de Espines. Desde allí nos adentramos por las caleyas del pueblo en busca de la pista que está hormigonada en muchos de sus tramos, para afrontar la «pindia» ladera de la montaña. Misiegues, e incluida su fuente, es la primera braña que se asoma al camino. Más adelante, y tras un falso llano, cruzamos el arroyo de Pontón en dirección a la collada del Puiciellu (895 m). Desde su explanada, expuesta a todos los vientos del Nalón, nos asomaremos sobre todos su horizontes, como también al contiguo valle de Miraoriu, delimitado con el de Tanes por la crestería de La Escrita. En la base de esta modesta montaña se asienta otra conocida braña denominada también Puiciellu, que posee como el resto de esta zona una buena cuadra.
Desde Puiciellu, y mirando al norte, nuestra vista se centra sobre las cuidadas brañas colgadas del valle: Espines, Braniellos, Las Fuentes, La Iglesia, Llinazagues, etcétera, todas ellas bien comunicadas por pistas. Reanudamos la marcha tomando la más elevada de las tres pistas que parten de Puiciellu. A la altura de Braniellos abordamos el desvío a la izquierda que nos llevará por el Mayau hacia Espines (1.040 m.) (4,3 km. en 1 h. y 30 min. de marcha). Esta majada, situada en un promontorio con vistas hacia ambos valles, es la mejor conservada de todas. Sus cuadras restauradas se agrupan en torno a una atalaya que domina los horizontes de la cordillera Cantábrica y valles colindantes.
La red de pistas desciende desde este cordal hacia el valle de Anzó, punto final de esta ruta, así que desde Espines prolongamos la ruta faldeando al pico La Muezca hasta presentarnos en el lomo del cordal donde se localizan las brañas de Piñuelu y Torienes. Desde estos aledaños nos asomamos hacia el valle de La Marea, que poco a poco nos va descubriendo sus encantos que tienen su punto de referencia en la sierra del Faceu. Un suave descenso nos deja al pie del Moyón (940 m.) (6,2 km. en 2 h. de marcha), histórico monolito de piedra que delimita los términos de Sobrescobio y Caso. Justamente allí, y bajo su limpia campera, hemos de tomar una pista que desde la cabecera del valle desciende de manera precipitada hasta Anzó. Atravesamos por la vetusta braña de Secuesta y enlazamos en La Llera con la ruta P. R. AS-122 que sube al cordal de Trapa por Las Rebollosas y Pumarín. En la encrucijada hemos de variar el rumbo a la izquierda siguiendo la traza de la pista que desciende paralelamente al cauce del río Anzó. El agua y el bosque se apoderan y son los protagonistas de este último tramo de la ruta que damos por finalizada en el Llagar de Anzó, (460 m.) asentamiento localizado en el km. 43,5 de la AS-17 y próximo aguas abajo del muro de contención del embalse de Tanes.